Adaptaciones acuáticas y el curioso caso de Spinosaurus

En paleontología se utilizan distintas fuentes de información para inferir los hábitos de los animales en el pasado. ¿Cómo podemos saber si una especie estaba adaptada al medio acuático?

 

Todos los anfibios, mamíferos y saurópsidos (reptiles y aves) descendemos de un mismo linaje de peces sarcopterigios que conquistó el medio terrestre hace unos 300 millones de años. Sin embargo, más de 30 linajes de estos tetrápodos volvieron a conquistar el medio acuático más tarde. Entre los reptiles adaptados al medio acuático encontramos ejemplos como las tortugas, los cocodrilos, los ictiosaurios, los mosasaurios o las serpientes. También algunas aves, como los pingüinos o los albatros, y algunos mamíferos como los sirenios (dugongos y manatíes) o los cetáceos (ballenas, delfines, narvales, cachalotes…).

 ¿Cuáles son las adaptaciones de los animales acuáticos?

 Todas estas transiciones fueron acompañadas de sus respectivos cambios morfológicos y fisiológicos para adaptarse a una vida acuática. Algunas de las adaptaciones más conspicuas son el desarrollo de aletas, para poder moverse de manera más sencilla bajo el agua, o un desarrollo de la cola para impulsarse con ella. También el desplazamiento de los orificios nasales hacia regiones posteriores de la cabeza, lo que les permite coger aire sin necesidad de sacar toda la cabeza del agua.

Muchas de estas adaptaciones se pueden identificar en los linajes fósiles. Sin embargo, no siempre se encuentra material suficiente para detectarlo. Por ejemplo, los primeros restos de ictiosaurios que se encontraron no fueron suficientes para esclarecer qué tipo de animales eran. No fue hasta los descubrimientos de la paleontóloga Mary Anning, que encontró y excavó restos esqueléticos completos de estos animales durante años, cuando se pudo concluir que los ictiosaurios eran reptiles marinos. Los restos de ictiosaurio encontrados por Mary Anning no dejaban lugar a dudas: su cuerpo es fusiforme (como el de los peces), con un morro largo y dentado parecido al de los delfines, y con los huesos de sus extremidades aplanados formando aletas.

Otras veces, incluso teniendo restos esqueléticos suficientes, es difícil definir el grado de especialización al medio acuático si hay caracteres ambiguos. Muchos taxones acuáticos, como pueden ser los hipopótamos o los primeros cetáceos, comparten un plan corporal muy parecido al de las especies terrestres. Por ejemplo, Pakicetus, uno de los primeros géneros de cetáceos, muestran un esqueleto que sugiere que son animales terrestres del tamaño de un lobo. Pero se cree que caminaban por la costa y se alimentaban de peces en la orilla, y es posible que tuvieran un estilo de vida semi-acuático, pero no se ha llegado a un consenso según su morfología corporal. Por eso, es importante tener indicadores de otras fuentes distintas a la morfología esquelética, como por ejemplo evaluando el contenido estomacal, realizando estudios isotópicos o de histología ósea.

Spinosaurus en el agua
Spinosaurus en el agua. Fuente: iStock

¿Dónde habita el Spinosaurus?

La histología ósea nos permite, por ejemplo, determinar la densidad de los huesos de especies actuales y extintas. Las especies acuáticas poseen en general huesos más densos, lo que les ayuda a sumergirse y mantenerse bajo el agua con mayor facilidad. Un nuevo estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, recoge datos de densidad ósea de alrededor de 200 especies actuales y extintas (incluyendo mamíferos y saurópsidos) para comparar con los datos de dinosaurios no avianos y concluye que los espinosaurios muestran distintos grados de adaptación a la vida acuática: desde especies limícolas como una garza hasta especies que pasarían gran parte de su tiempo completamente sumergidas como un hipopótamo. No hay un análogo ecológico en la actualidad para estas especies, pero se describe a Spinosaurus como animales no muy hidrodinámicos pero con huesos muy densos (una densidad similar a la de los pingüinos, los caimanes o las focas), y se moverían de forma similar a los hipopótamos pero impulsándose con la cola.

Esto aporta un conocimiento más profundo sobre el comportamiento y la ecología de los dinosaurios no avianos, donde hasta hace unas décadas no se habían encontrado evidencias sólidas de que ningún linaje fuera acuático, algo sorprendente si tenemos en cuenta las numerosas veces que linajes de otros tetrápodos se han adaptado al medio marino. Pero, además, confirma una sospecha desde que se descubrieran en 2014 nuevos restos esqueléticos de Spinosaurus aegyptiacus, que sugerían que pudiera tener un estilo de vida anfibio. Antes del descubrimiento de estos restos, se suponía que los espinosaurios eran terópodos terrestres y bípedos, e incluso han sido así representados en la ficción, como en Parque Jurásico III. El cambio de paradigma en esta especie tan emblemática suscita mucho interés tanto en la comunidad científica como en los fans de las sagas de Parque Jurásico, y es un claro ejemplo de cómo la ciencia y el conocimiento avanza a pesar de ideas preconcebidas sostenidas durante décadas.

Referencias:

Fabbri, M. et al. 2022. Subaqueous foraging among carnivorous dinosaurs. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-022-04528-0

Ibrahim, N. et al. 2014. Semiaquatic adaptations in a giant predatory dinosaur. Science 345, 1613–1616.

Kelley, N. P. & Pyenson, N. D. 2015. Evolutionary innovation and ecology in marine tetrapods from the Triassic to the Anthropocene. Science 348, aaa3716.

 

Iris Menéndez

Iris Menéndez

Soy bióloga y paleontóloga por la Universidad Complutense de Madrid, donde también realicé mi doctorado sobre evolución de ardillas. Mi investigación se centra en la integración de datos de especies actuales y extintas para esclarecer la historia evolutiva de los mamíferos, en concreto de los roedores.

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