Un chicle de 5.700 años conserva el ADN de quien lo mascó

Se trata de una mujer morena, de piel oscura y ojos azules que había comido pato y avellanas antes de llevarse el chicle a la boca.

Chicle de abedul
Theis Jensen

Hace 5.700 años al sur de Dinamarca una chica morena, de piel oscura y ojos azules mascó un chicle hecho de resina de abedul después de haber comido pato y avellanas. Además, esta mujer, relacionada con los cazadores-recolectores de la Europa continental, seguramente sufría una periodontitis grave y mascaba el trozo de resina para aliviar el dolor que debía de tener en la boca. Los investigadores de la Universidad de Copenhague le han puesto nombre a la criatura, la mascadora del chicle milenario se llama Lola.

Lola
Tom Björklund

Estos investigadores, dirigidos por el profesor asociado Hannes Schroeder del Globe Institute de la Universidad de Copenhague, han logrado extraer un genoma humano completo, el de Lola, de un pedazo de resina masticada que tiene miles de años de antigüedad. Según los científicos, es una nueva fuente sin explotar de ADN antiguo, pues es la primera vez que se obtiene todo un genoma humano antiguo de algo que no sean huesos.

Estudiando el genoma de Lola, los científicos observaron que tenía los alelos asociados a la no persistencia de la lactasa, es decir, no se había producido la mutación que permite a la mayor parte de los seres humanos beber leche animal sin que le siente mal. Esta mutación se produjo hace unos 10.000 años como consecuencia de la introducción de la ganadería lechera en la revolución neolítica, ergo la chica debió pertenecer a un grupo de cazadores recolectores (anteriores al Neolítico).

Y, por si fuera poco, del chicle milenario también se ha obtenido ADN de bacterias no patógenas, especies comensales que se consideran parte de la microflora normal de la boca y de la zona superior del sistema respiratorio pero que pueden ser patógenas bajo determinadas circunstancias. Los investigadores han encontrado en el chicle las bacterias Porphyromonas gingivalis, Tannerella forsythia y Treponema denticola, que se asocian con formas severas de enfermedad periodontal. También diferentes especies bacterianas del grupo estreptococos, incluyendo Streptococcus pneumoniae, un importante patógeno humano responsable de la mayoría de las neumonías y que causa anualmente alrededor de 1 a 2 millones de muertes infantiles en todo el mundo y ADN que podría ser del virus de Epstein-Barr, que se sabe que causa mononucleosis infecciosa o fiebre glandular.

El hallazgo “puede ayudarnos a comprender cómo han evolucionado y se han propagado los patógenos a lo largo del tiempo, y qué es lo que los hace particularmente virulentos en un entorno determinado. Al mismo tiempo, puede ayudar a predecir cómo se comportará un patógeno en el futuro, y cómo podría ser contenido o erradicado", dijo Hannes Schroeder.

Por último, los investigadores encontraron en el chicle genes de ánade real (un tipo de pato) y de avellanas que los han llevado a pensar que fue la comida de Lola antes de llevarse el chicle a la boca.

El origen del chicle milenario

El antiquísimo chicle apareció en unas excavaciones arqueológicas que se estaban realizando en Syltholm, al este de Rødbyhavn en el sur de Dinamarca, bajo una capa de barro que ha favorecido su preservación. De hecho, este yacimiento de la Edad de Piedra es el más grande de Dinamarca y en él casi todo está rodeado de barro por lo que la conservación de restos orgánicos es muy buena.

La brea de abedul es una sustancia de color marrón-negro que se consigue al calentar la corteza de este árbol. Se piensa que los prehistóricos la usaban como pegamento.

Este no es el primer pegote de brea de abedul que se encuentra con señales de dientes por lo que se cree que fueron masticados. Como la brea se solidifica al enfriarse, se ha sugerido que se masticaba para ablandarla y poder usarla. Otros investigadores apuntan a que la brea de abedul se usaba para aliviar el dolor de dientes ya que es ligeramente antiséptica. Otras teorías sugieren que quizá esta sustancia se empleara a modo de cepillo de dientes, para quitar el hambre o solo por el simple hecho de mascar, como un chicle.

 

Referencia: Jensen, T.Z.T., Niemann, J., Iversen, K.H. et al. A 5700 year-old human genome and oral microbiome from chewed birch pitch. Nat Commun 10, 5520 (2019). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-019-13549-9

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Por eso, escribir sobre salud no me parece mal plan. También me interesa la nutrición. Disfruto viendo vídeos de YouTube con guiris preparando comida saludable y me encantan los animales.

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