Descubren cómo amamantaban las 'Australopithecus' a sus hijos

Una investigación en dientes fosilizados nos da nuevas pistas sobre cómo se criaron nuestros ancestros.

Si nos remontamos dos o tres millones de años en el tiempo, y viajamos a Sudáfrica, nos encontraremos con uno de nuestros ancestros, el Australopithecus africanus, una criatura a medio camino entre el ser humano y el mono. ¿Cómo podríamos, hoy en día, saber qué comían aquellos parientes nuestros tan lejanos?

Usando pioneros métodos de alta tecnología, investigadores del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, que trabajan como parte de un equipo internacional, han analizado la composición de cinco dientes fosilizados encontrados en la cueva Sterkfontein –en las afueras de Johannesburgo (Sudáfrica)– y han descubierto patrones de lactancia materna nunca antes conocidos en una especie humana temprana, según el estudio que han publicado en el número de julio de la revista Nature.

Los patrones de crecimiento de los dientes, que se asemejan a los anillos de los árboles, permiten a los investigadores determinar las concentraciones de bario –un elemento que se encuentra en la leche– en los  dientes a lo largo del tiempo, lo que proporciona información sobre la lactancia y la alimentación.

 

Lactancia, alimentación y crianza 

La lactancia materna es un aspecto crítico del desarrollo humano, y la duración de la lactancia exclusiva y el momento de introducción de alimentos sólidos en la dieta también son factores importantes de la salud en las poblaciones humanas y en las de otros primates. Muchos aspectos de la crianza, sin embargo, siguen siendo poco conocidos. Los investigadores han descubierto que esa especie era amamantada en exclusiva durante un año, pero que seguían mamando de vez en cuando tiempo después, especialmente en periodos de escasez de alimentos.

Más humanos que simios

“Nuestros resultados muestran que esta especie está un poco más cerca de los humanos que los otros grandes simios, que tienen comportamientos de crianza tan diferentes”, afirma una de las investigadoras del estudio, la doctora Christine Austin, profesora adjunta de Medicina Ambiental y Salud Pública en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí y miembro de su Instituto de Investigaciones Exposómicas.

“Estos hallazgos son importantes desde una perspectiva evolutiva, porque los humanos tienen una infancia larga y períodos cortos de lactancia, mientras que los monos tienen períodos de lactancia más largos que los humanos –prosigue Austin–. Todavía estamos a oscuras en lo respectivo a por qué o cuándo hicimos ese cambio y cuál es el efecto que las importantes modificaciones producidas recientemente en la lactancia materna, con la agricultura y la industrialización, podrían tener en la salud de las madres y los bebés”.

El Instituto de Investigaciones Exposómicas del Hospital Monte Sinaí investiga cómo desarrollar biomarcadores de exposición, y uno de ellos es medir sustancias químicas en los dientes. Según la doctora Austin, la dieta constituye una parte importante en el exposoma –el historial de exposición ambiental de una persona–, y es importante medir el estrés nutricional para comprender la salud general tras las exposiciones.  

“Por primera vez, hemos adquirido una nueva perspectiva sobre la forma en que nuestros antepasados ​​criaron a sus descendientes, y cómo las madres pueden haberse adaptado a la escasez de alimentos estacional con la lactancia materna”, dijo el autor principal del estudio, el doctor Renaud Joannes-Boyau, director del Grupo de Investigación en Geoarqueología y Arqueometría (GARG) de la Universidad Southern Cross, en Australia.

Imagen: Una madre y una cría de la especie Australopithecus africanus. Ilustración de José García y Renaud Joannes-Boyau.

Pedro Estrada

Pedro Estrada

Periodista y escritor. Convencido de que cualquier reportaje mejora si lo ilustras con fotos de chimpancés.

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