¿A quién pertenece la Antártida? La política del continente helado

A lo largo de las décadas, muchos países han reclamado su soberanía y sus recursos naturales han sido explotados. El 24 de mayo se celebra la 43º Reunión Consultiva del Tratado Antártico, un encuentro de cooperación entre estados sobre la soberanía del continente helado y su protección medioambiental. Este año, España tiene un papel fundamental.

Antártida
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La Antártida es una región del planeta muy singular desde muchas perspectivas (geológica, geográfica, política...). Además de ser el continente más austral del mundo, también es el continente más alto, seco, ventoso, frío y helado del mundo, y el único del planeta que no tiene población nativa. La Antártida tiene un tamaño aproximado de 14,2 millones de kilómetros cuadrados y el hielo espeso cubre aproximadamente el 98 % del terreno. Esto provoca que posea una biodiversidad muy específica, y también dificulta su colonización por parte del ser humano. 

Su descubrimiento no se puede atribuir a una sola persona. Si bien en el siglo XVIII se produjeron diversas navegaciones de reconocimiento en su entorno, fue la histórica expedición de Roald Amundsen el 14 de diciembre de 1911 la que marcó un punto de inflexión en la conquista de esta región del planeta. Desde finales del siglo XVIII hasta la década de 1930, la caza de ballenas y focas fue la principal actividad económica en las regiones antárticas. Después de que la caza diezmó las poblaciones de estos animales y la demanda de estos productos disminuyó, la caza de ballenas y focas colapsó. La exploración científica demostró que, si bien existen riquezas minerales en la Antártida, no existen las condiciones para una extracción rentable y, con el tiempo, las actividades científicas se convirtieron en la principal actividad política y económica de la Antártida. 

Afortunadamente, el conocimiento científico y el avance de la conciencia de la protección del entorno, así como el clima de cooperación internacional entre estados propició la redacción y firma (por parte de más de 50 países) del Tratado de la Antártida, que entró en vigor en 1961. 

Juan Manuel Faramiñán es catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Jaén y miembro del Tribunal Permanente de Arbitraje (PCA) de La Haya: “Lo importante es que hay que mantener el criterio de que la Antártida solo se utilizará con fines pacíficos; se prohíbe toda maniobra, ensayo militar, con armas atómicas y no atómicas en esta región del planeta”, cuenta Faramiñán durante una entrevista con MUY INTERESANTE. 

Soberanía de la Antártida 

Faramiñán explica que la soberanía Antártida ha sido reivindicada históricamente por muchos estados: “Ahora estas exigencias se han ‘congelado’ porque se ha establecido un criterio de cooperación gracias al Tratado de la Antártida”. 

Los primeros estados que reivindicaron la Antártida son los estados cercanos como Chile y Argentina durante los años cuarenta. De hecho, antes de la firma del tratado, tuvieron lugar diferentes propuestas para delimitar su soberanía, como nos detalla Faramiñán: “Está la Teoría de los Sectores, que diseña un triángulo imaginario que tiene como epicentro el Polo Sur.

Hay otra propuesta elaborada por Pinochet de la Barra, la Teoría de los Cuadrantes, basada en criterios de carácter geográfico: el cuadrante sudamericáno, el pacífico, el australiano, y el africano. Por su parte, Francia y Noruega hablan de la teoría del descubrimiento o de la ocupación simbólica”. 

Para evitar la discusión sobre quién tiene que tener la soberanía de estas tierras, se estableció este sistema de cooperación internacional constituido por la firma del tratado. “Se establece además un estatus consultivo –de ahí las reuniones celebradas cada dos años– y todos los estados miembros afirman están de acuerdo en hablar del interés de la humanidad y de la libertad de investigación científica en el continente, garantizando los usos pacíficos del mismo”, explica el experto. En esencia, el Tratado de la Antártida constituye una herramienta jurídica que establece una coexistencia pacífica entre los estados. 

Si bien la Antártida es el único continente del mundo –como apuntábamos al arranque del artículo– que no posee población nativa, hay muchas bases de diferentes países, algunas de ellas permanentes y otras, temporales. “De entre las bases establecidas, en principio, los fines militares se niegan por parte de los países”, cuenta Faramiñán. 

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Las preocupaciones del continente antártico en 2021 

Una vez delimitado el objetivo del tratado, y establecido el compromiso de los estados miembros de su cumplimiento, cabe detenerse en el objetivo de las reuniones consultivas que tienen lugar cada dos años, y cuya edición número 43 acaba de celebrarse de manera telemática en París.  

La principal preocupación de estos encuentros ya no es tanto la discusión sobre la soberanía de la Antártida como su conservación y la protección de su biodiversidad, así como la delimitación de normas para la realización de actividades como la investigación científica o el turismo. 

“Además del deterioro del continente producido por el cambio climático, preocupa también mucho el problema del plancton”, explica Juan Manuel Faramiñán. “El plancton es alimento de las ballenas y en las últimas décadas se está produciendo una recolección en exceso, lo que implica un problema de subsistencia para estos cetáceos”. 

43º Reunión Consultiva del Tratado Antártico: el papel de España 

La 43º Reunión Consultiva del Tratado Antártico coincide con el 60 aniversario de la entrada en vigor del tratado, y de los 30 años de la firma del Protocolo de Protección del Medio Ambiente firmado en Madrid en 1991 –protocolo se integra en el Tratado Antártico y se conoce como protocolo de Madrid–. En cada uno de estos encuentros bianuales, se establecen dos grupos de trabajo: uno para asuntos institucionales y jurídicos; y otro científico y de turismo. Como se cita en la página oficial de la Moncloa, “este segundo Grupo de Trabajo está co-presidido por Sonia Ramos, de la Secretaría Técnica del Comité Polar Español del Ministerio de Ciencia e Innovación”, siendo la primera vez que España adquiere tal nivel de representación en estas reuniones consultivas. 
 

Investigación científica en la Antártida 

La Antártida es una reserva natural y su soberanía es compartida por toda la humanidad, que se compromete a su protección y a sus usos pacíficos. Además, como hemos mencionado, se permite la libertad de investigación científica. De hecho, la Antártida es una zona privilegiada para reliazar determinadas iniciativas científicas. 

Por ejemplo, la Antena Antártica de Impulso Transitivo (ANITA), instrumento que sobrevuela la Antártida a 40 kilómetros de altura en forma de globo, es capaz de detectar neutrinos de ultra alta energía, que se captan por vía ‘indirecta’ gracias al hielo. Debido a las características únicas de la Antártida, que posee una total ausencia de interferencias de otros tipos, las partículas cósmicas interactúan con el hielo, y es este rebote el que permite su detección. 

Otro ejemplo es Homeward Bound, un proyecto australiano destinado a darle visibilidad a las mujeres científicas en el contexto del cambio climático asociado a la degradación del ecosistema de la Antártida. 

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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