“A mí me funciona”: efecto placebo en acción

Algunas pseudoterapias se aprovechan de determinados rituales y productos para potenciar el efecto placebo, proclamando una eficacia terapéutica que no tienen.

 

Pseudoterapias como la homeopatía, las flores de Bach, la acupuntura o el reiki nunca han probado su eficacia mediante análisis clínicos de calidad. De hecho, en algunos casos se ha podido probar su ineficacia, ya sea experimentalmente, o por imposibilidad física, química o biológica.

Pastillas
La homeopatía es ineficaz, sin embargo, mucha gente piensa que “le funciona”

“A mí me funciona”

Muchas personas aseguran que alguna de estas u otras pseudoterapias les da resultado. El argumento “a mí me funciona” carece de validez científica, aunque lo asegure mucha gente —se suele decir que el plural de “anécdota” es “anécdotas”, y no “pruebas científicas”—. Existen muchas formas en las que una sustancia o una técnica realmente ineficaz pueda parecer eficaz para algunas personas.

En primer lugar, ciertas patologías remiten de forma espontánea; en otros casos, puede que la persona, además de la pseudoterapia, esté recibiendo un tratamiento realmente eficaz. En cualquier caso, lo más habitual es que suceda una falsa atribución de causa donde solo hay una coincidencia.

Sin embargo, tanto si se atribuye esta falsa relación causa-efecto como si no, el efecto placebo juega un papel relevante en la percepción subjetiva del “a mí me funciona”.

Las flores de Bach
Las flores de Bach solo son eficaces por el efecto placebo

El efecto placebo “me funciona”

El efecto placebo es la mejoría de los síntomas de una patología, que no es atribuible a ningún tratamiento realmente eficaz, sino a una serie de interacciones, rituales, símbolos o actos que el paciente percibe subjetivamente como positivos. En el efecto placebo es muy habitual que esté involucrada la administración de una sustancia carente de actividad farmacológica o de relevancia clínica, aunque no siempre.

Esta parafernalia de refuerzos y rituales genera en el paciente un efecto de sugestión, mediada por complejos mecanismos neurobiológicos que implican determinados neurotransmisores y la activación de áreas específicas del cerebro y de la amígdala.

Como respuesta fisiológica, el paciente se beneficia de un alivio de los síntomas, que será distinto según la persona, su sugestibilidad, el tipo de sintomatología y la forma y complejidad del placebo administrado.

Sin embargo, aunque la investigación científica ha revelado que existen vías neurobiológicas específicas y objetivas y una correlación entre estas y el efecto de alivio, las pruebas científicas muestran que los beneficios terapéuticos asociados con el efecto placebo no llegan a alterar la fisiopatología de las enfermedades.

El efecto placebo, en resumen, es el resultado observado en forma de alivio de síntomas producido por productos o acciones que, en realidad, carecen de eficacia clínica real.

Científica haciendo un ensayo
El efecto placebo hay que tenerlo siempre en cuenta en los ensayos clínicos

Distinguir lo que “me funciona” de lo realmente eficaz

Dado que el efecto placebo existe, cuando se desarrolla un nuevo fármaco y se trata de comprobar su eficacia, es necesario “limpiar” los resultados de cualquier interferencia que pueda generar dicho efecto placebo.

Las pruebas clínicas se organizan en torno a dos grupos de personas, uno que recibe el nuevo fármaco, es el grupo experimental, y otro que no lo recibe, es el grupo control. Si el fármaco nuevo busca tratar alguna patología para la que ya existe tratamiento comprobado, al grupo de control se le aplica ese tratamiento; pero, si se trata de un tratamiento nuevo, el grupo control recibe un producto idéntico al del grupo experimental —en tamaño, forma, administración o incluso sabor— pero que carece del principio activo y, por tanto, es ineficaz para solucionar el problema. A esa sustancia, con su parafernalia asociada, es a lo que se denomina placebo.

Como parte del protocolo, ni el paciente ni la persona que administra el tratamiento deben saber quienes reciben el placebo o el tratamiento experimental, puesto que conocer este dato, sobre todo por parte del administrador, puede provocar un comportamiento personal diferente a unos y otros y alterar los resultados. Este protocolo se denomina doble ciego —ciego el paciente, y ciego el investigador—.

De esta forma, todos los pacientes son susceptibles al efecto placebo, y solo cuando se observen mejoras significativas en el grupo experimental respecto al grupo control, se puede afirmar con fiabilidad suficiente que el tratamiento es eficaz y cuantificar su eficacia.

Dando unas gotas al bebé
Los bebés también tienen efecto placebo

“A mi bebé y a mi mascota les funciona”

Incluso en el trabajo con bebés o con animales es importante tener en cuenta el efecto placebo. En los bebés está muy claro: el clásico “sana, sana” que la mamá le dice e a su hijo que se acaba de caer mientras le pasa la mano por la rodilla y el llanto cesa, no es más que un ritual de placebo.

En animales no es tan fácil de observar, pero también sucede. Ratas, palomas, cuervos, caballos o perros son extraordinariamente perceptivos, capaces de crear sus propios rituales y asociar esos rituales con intenciones.

Si se le proporciona una sustancia extraña de un sabor específico o se les inyecta algo por vía intravenosa a un grupo de ratas, ellas perciben que están recibiendo un trato particular, diferente al habitual, un ritual que ha cambiado, y desarrollar una respuesta de placebo. Esta respuesta, indican los estudios, responde a un condicionamiento pavloviano, por lo que cualquier animal susceptible de sufrir ese tipo de condicionamiento podría, en principio, responder con efecto placebo.

Algunos defensores de las pseudoterapias aseguran su eficacia en el tratamiento de las plantas, organismos sin sistema nervioso, que no pueden tener efecto placebo alguno. Efectivamente, puede ocurrir que las plantas mejoren, lo que no tienen en cuenta es el efecto sugestivo en la persona que las cuida. Al saber qué planta recibe el tratamiento experimental y cuál no, es posible que el cuidador inconscientemente trate de forma distinta cada ejemplar. Y una planta mejor cuidada suele tener más probabilidades de superar una patología.

Por ese motivo, todo ensayo, aunque sea con plantas o con cultivos celulares, siempre debe realizarse con un grupo control y siguiendo el protocolo de doble ciego para que el efecto placebo no enturbie los resultados de la investigación.

Referencias:

Herrnstein, R. J. 1962. Placebo Effect in the Rat. Science, 138(3541), 677-678. DOI: 10.1126/science.138.3541.677

Kaptchuk, T. J. et al. 2015. Placebo Effects in Medicine. New England Journal of Medicine, 373(1), 8-9. DOI: 10.1056/NEJMp1504023

Meissner, K. et al. 2018. Are Blue Pills Better Than Green? How Treatment Features Modulate Placebo Effects. En International Review of Neurobiology (Vol. 139, pp. 357-378). Elsevier. DOI: 10.1016/bs.irn.2018.07.014

Shang, A. et al. 2005. Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy. The Lancet, 366(9487), 726-732. DOI: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(05)67177-2

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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