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¿Hemos sido diseñados?

Desde los años 90, el pomposamente llamado "Diseño Inteligente" defiende que hay evidencias científicas que prueban la existencia de un Creador.



La táctica de politizar la ciencia para anularla

Libros de creadores de opinión política neoconservadores como Tom Bethell -Guía políticamente incorrecta a la ciencia- y Ann Coulter -Godless: the church of liberalism- han dedicado muchas páginas a difundir la idea de que la evolución no es ciencia real, sino una de las piezas claves del sistema de creencias de la izquierda. Al politizar de este modo las teorías científicas consiguen quitarles fuerza, pues saben que en la sociedad los científicos son el grupo de profesionales que goza de mayor credibilidad. El Discovery Institute está empeñado en desligar el Diseño Inteligente del Creacionismo. Niega cualquier asociación con el Dios cristiano, pero sus miembros son fundamentalistas cristianos. Ante la pregunta de quién fue el diseñador, se encogen de hombros y dicen que científicamente no pueden decir nada; vale tanto un dios como los extraterrestres. Pero no es así. Saben que aludir a éstos conlleva una dificultad inherente, pues ¿cómo surgieron los extraterrestres?


¿Fuimos fabricados en cadena por alienígenas?

Resolver la tremenda papeleta de quién diseñó al diseñador implica tirar de la teología en un intento de vestir con ropaje científico la Suma Teológica de Tomás de Aquino; en particular su primera y segunda vías para demostrar la existencia de Dios: la necesidad de una primera causa y un primer motor. El único argumento que esgrimen en favor de la existencia de un diseñador inteligente es el de la improbabilidad. Es un razonamiento antiguo -ya la usó Cicerón- y la versión moderna corresponde al apologético cristiano del siglo XVIII William Paley en el libro Natural Theology y su analogía del relojero: si encontramos un reloj de bolsillo en un brezal pensaremos que se le ha caído a alguien y no que ha aparecido ahí por el concurso de las fuerzas naturales. Los esfuerzos de científicos como el bioquímico Michael Behe o el matemático y teólogo William Dembski, director del Center for Science and Theology que se encuentra en el seminario que la Convención de los Baptistas del Sur tiene en Louisville (Kentucky), se reducen a darle una pátina de ciencia al argumento de Paley. Es la Teoría del Dedo de Dios: como no lo pueden explicar por efecto de la evolución, entonces se necesita un creador. Así confunden lo inexplicado con lo inexplicable. El 18 de octubre de 2004 el consejo escolar del área de Dover, Pensilvania, decidió incluir el DI y el libro Of Pandas and People en el currículum de biología. Con el apoyo de los profesores de ciencias, 11 padres acudieron a los tribunales para anular esta decisión. La ciudad de Harrisburg, famosa en 1979 por el más importante accidente nuclear del mundo occidental, volvió a las portadas de los periódicos en un nuevo juicio del mono. El ambiente era copia de lo ocurrido en Dayton 80 años antes: la hija de una de las demandantes le dijo al volver de clase: "Mamá, la evolución es una mentira. ¿Qué clase de cristiana eres?". Durante seis semanas el juez de distrito John E. Jones III -republicano, cristiano practicante y nombrado directamente por George W. Bush- escuchó los alegatos y testigos de los demandantes y de la defensa, que corrió a cargo del Thomas More Law Center, fundado por los católicos Tom Monaghan y Richard Thompson, "la espada y el escudo para la gente de fe". El argumento de los demandantes era que el DI es creacionismo disfrazado. Para la defensa, es una ciencia en su infancia tras la que no hay ninguna agenda religiosa; algo llamativo teniendo en cuenta que en el Documento Cuña, la base ideológica del Discovery Institute, declara que hay que reemplazar la ciencia actual por otra "consonante con convicciones cristianas y teístas".


El diseño inteligente muestra su verdadero rostro
El momento clave del juicio fue la declaración del buque insignia del DI, Michael Behe. Tras afirmar que hay una abrumadora evidencia de diseño en la naturaleza, puso como ejemplo el sistema inmune, "cuyo origen los científicos han sido incapaces de explicar". Entonces se levantó el abogado de los demandantes, Eric Rothschild, y puso ante Behe 58 artículos publicados en revistas del prestigio de Science, Nature, Proceedings of NAS... sobre la evolución del sistema inmune al tiempo que preguntaba: "¿Cree que estos artículos no son lo suficientemente buenos?" Behe se defendió: "Ninguno explica el problema de manera rigurosa". Y añadió: "Aunque no los he leído todos". Lo más llamativo de los tres días de declaración de Behe es que tuvo que admitir que, si se aplicaba su definición de ciencia para englobar el DI, la astrología también lo sería. Steven Gey, experto en asuntos iglesia-estado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Florida, comentó: "Al final del día la defensa perdió claramente el caso porque al negar las definiciones habituales de ciencia, todo el mundo supo qué estaba pasando". Tras 40 días y 40 noches de juicio -como hizo notar uno de los abogados y a lo que el juez contestó, "es casualidad, no diseño"?, el caso quedó visto para sentencia. Se hizo pública el 20 de diciembre en un documento de 139 páginas: el juez Jones determinó que había quedado demostrado que el DI es creacionismo disfrazado, es religión que se quiere hacer pasar por ciencia.

La guerra cultural sigue y ahora busca apoyos en la Iglesia Católica, cuya postura oscila entre la del feroz antievolucionista Schöbron y lo que Schuster creyó ver en la reunión de Castelgandolfo: una evolución biológica válida, pero puesta en marcha por Dios.

Un guiño a la Falacia Cosmogónica

Esto choca a sus defensores. Hace un tiempo Stephen Meyer llamó al filósofo Michael W. Tkacz, director del Instituto de Filosofía Cristiana y Ciencias Naturales de la jesuita Universidad Gonzaga, Washington, para preguntarle por qué los seguidores de Tomás de Aquino no habían estado presentes en una congreso internacional sobre DI. "Después de todo estamos en el mismo bando, ¿o no?". Meyer, que se declara tomista, estaba sorprendido por su franca animosidad contra DI. "La Teoría del Diseño Inteligente -explica Tkacz- está basada en la Falacia Cosmogónica. Esta insistencia en que la Creación debe significar que Dios ha producido periódicamente nuevas y distintas formas de vida es confundir el acto de creación con la manera o modo de desarrollarse los seres naturales en el universo" .

Según el analista de asuntos vaticanos John L. Allen, el debate sobre la evolución es la punta del iceberg de algo más profundo. "Lo que está acechando es el triunfo postrenacentista de la ciencia laica sobre la filosofía y la teología como el marco de referencia para construir la realidad". El propio Benedicto XVI le ha dado la razón en la homilía de Ratisbona de septiembre pasado: "Desde la Ilustración, al menos una parte de la ciencia se ha dedicado a buscar una explicación al mundo en la que Dios sería innecesario".


La lucha por recuperar la preponderancia cultural

El Discovery Institute protestante y el Centre d?Etude et de Prospectives sur la Science católico europeo pretenden recuperar esa hegemonía perdida con una actitud totalmente diferente a la del Dalai Lama, que en su último libro, The Universe in a Single Atom, dice: "Entender la naturaleza de la realidad se consigue mediante la investigación crítica: si el análisis científico demuestra de manera concluyente que ciertas afirmaciones del Budismo son falsas, debemos aceptar los hallazgos de la ciencia y abandonar esas afirmaciones".



Por Miguel Ángel Sabadell

PARA SABER MÁS

El creacionismo ¡vaya timo! Ernesto Carmena. Ediciones Laetoli, Pamplona, 2006.
Trilobites, testigos de la evolución. Richard Fortey. Editorial Laetoli. Pamplona, 2006.

En Internet
paleofreak.blogalia.com. Weblog en castellano con comentarios sobre evolución.
www.talkorigins.org. Colección de artículos y ensayos en inglés sobre evolución y creacionismo.





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