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Desde la Antártida: en Punta Arenas

El vuelo hasta Punta Arenas es espectacular si el cielo no está cubierto de un manto de nubes. "Pude ver retazos de montañas nevadas, que disminuyeron gradualmente de tamaño hasta convertirse en planicies que daban al Estrecho de Magallanes", nos cuenta Ángela.

Autor: Elena Sanz
Unas 28 horas y 12.125 kilómetros después de salir de Miami llegamos a Punta Arenas, Chile. Hicimos escala en el aeropuerto de Santiago de Chile, donde nos recibió Jimmy Videla, el funcionario de la empresa AGUNSA , que se encarga en Chile de la logística Antártica para Estados Unidos. Nos llevó a su oficina en el aeropuerto, donde se despliega con evidente orgullo esa conexión chilena con el Programa Antártico estadounidense. Jimmy es la "mamá gallina" de todos los científicos y personal de apoyo estadounidense, que llegan a Santiago con cara de desorientados. Aquí, junto al pingüino de felpa, encontramos un sitio acogedor, con un buen café.

El vuelo hasta Punta Arenas puede ser dramáticamente espectacular si miras por la ventanilla izquierda y si el cielo no está cubierto de un manto de nubes o niebla. Pude ver retazos de magníficas montañas nevadas, que fueron disminuyendo de tamaño gradualmente hasta convertirse en planicies que daban al Estrecho de Magallanes, de aguas grises y calmas; en la distancia se adivina el reguero de islas e islotes que en el mapa parecen las semillas de una fruta desgranada. ¡Simbólica geografía!.

La plaza principal de Punta Arenas tiene una decidida arquitectura francesa de comienzos de siglo 20, como sucede en tantas ciudades latinoamericanas.

Mañana vamos a por la ropa polar. El clima en Punta Arenas es algo frío e impredecible. Tan pronto sale el sol, como graniza o llueve.

Ángela Posada-Swafford

Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

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