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¿Qué relación tienen los cereales del desayuno con las modernas técnicas de marketing?

Las diferentes técnicas de marketing que usamos en el siglo XXI y que pensamos que pueden ser muy novedosas en realidad tienen varios siglos de vida.

¿Qué relación tienen los cereales del desayuno con las modernas técnicas de marketing? (Miguel Angel Sabadell)
Los cereales del desayuno dieron el pistoletazo de salida al marketing moderno. Para comprender esta historia debemos remontarnos a 1881, cuando Henry Parsons Crowell convenció al pueblo norteamericano para que consumiera lo que antes sólo comían los caballos y las personas más pobres de Escocia y Alemania: copos de avena. Para ello diseñó lo que podíamos bautizar como la primera campaña publicitaria moderna. En ella todos los detalles estaban cuidadosamente planeados y ejecutados.
Para empezar, escogió como imagen de su producto la de un sonriente cuáquero, pues en Estados Unidos los cuáqueros se habían ganado -merecidamente- la fama de ser gente sencilla y honesta, y se podía confiar en ellos. Bautizó a su producto con el nombre de Quaker Oats Company (Compañía de Avena Cuáquera). Por otra parte, la publicidad estaba focalizada en su valor nutritivo con frases como “las naciones que comen cereales soportan mejor la fatiga física que las que comen carne”.
Compañía de Avena Cuáquera

La famosa caja de cartón

Crowell también introdujo los, en la actualidad, habituales regalos promocionales y los cupones para cambiar por más regalos o por descuentos. También utilizó los testimonios de personajes famosos alabando las excelencias de los copos de avena y a científicos apoyando su producto como sano y nutritivo. Incluso creó un Tren Cuáquero, que se dedicaba a distribuir muestras de prueba por todo el Oeste americano. Pero su mayor contribución al moderno merchandising fue, sin duda alguna, el embalaje.
Al revés de como se hacía entonces, empaquetó en fábrica sus copos de avena en las por todos conocidas clásica cajas de cartón. Esta innovación encantó a las amas de casa porque, primero, aseguraba la pureza y calidad del producto, y segundo, obtenían siempre la misma cantidad de comida por un precio fijo. También entusiasmó a los comerciantes porque eran fáciles de transportar, almacenar y exhibir en las estanterías. De esta forma, Crowell, un hombre de Ohio que empezó su negocio comprando una empresa molinera en quiebra por 25 000 dólares, abrió las puertas a una nueva forma de vender productos. Sin embargo, no fue el único innovador del marketing. Otro fue un pobre mecánico en un taller de Boston llamado Isaac M. Singer.
Marketing

La máquina de coser que se pagaba a plazos

Justo encima del sencillo apartamento donde vivía residía un hombre llamado Phelps que se dedicaba construir máquinas de coser. Singer se interesó en ellas porque vio que allí había mucho dinero y comenzó a trabajar en un modo de mejorar las que ya había en el mercado. 
Se asoció con dos amigos, que le prestaron 40 dólares para que pudiera llevar su trabajo a buen puerto. Claro que una cosa es tener un invento y otra muy distinta es hacerse millonario con él. En 1851 Singer se asoció con un abogado que le había defendido dos años antes, Edward C. Clark. Él fue quien introdujo unas estrategias de ventas que no han abandonado el mundo de los negocios desde entonces.
Singer

Clark pensó que sería una buena idea lanzar la revista Singer Gazette, que se distribuiría gratuitamente a los compradores de la máquina, donde se publicarían nuevos usos y productos de sus máquinas de coser. De igual forma, Clark introdujo el pago a plazos: las Singer se vendían dando una entrada de 5 dólares y después unos cómodos plazos mensuales con intereses. 
También fue Clark quien inventó lo de recoger las máquinas de coser viejas y ofrecer un descuento por ello al comprar una Singer. Por si no fuera poco, se ganó las bendiciones de las iglesias americanas ofreciendo Singers a bajo precio para sus grupos, y convenció a los maridos que las máquinas de coser darían más tiempo libre a sus esposas. Con estas técnicas de ventas en 1861 Singer vendía más máquinas de coser que ningún otro y seis años después Singer Corporation se convertía en la primera empresa multinacional de la historia.

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