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Manchas, fulguraciones y estallidos: estamos viviendo el ciclo 25 de actividad solar

Desde hace dos años nuestro Sol se encuentra en el ciclo 25 de actividad solar, una época en la que nuestra estrella sufre algo similar a un "sarpullido" primaveral, pero que dura once años.

Manchas, fulguraciones y estallidos: estamos viviendo el ciclo 25 de actividad solar (Miguel Angel Sabadell)
El Sol nos calienta y da la vida. De esto no tenemos la menor duda, pero a pesar de ser él a quien debemos nuestra existencia y de quien dependemos para seguir viviendo, solemos despreocuparnos de lo que le sucede. Este comportamiento obedece a un profundo y arraigado esquema mental que arrastramos desde hace mucho tiempo: lo que no cuesta nada, ya sea en esfuerzo o en dinero, no nos preocupa.
Quizá porque la luz solar es gratis no sabemos, y a lo mejor nos sorprenda saber, que en el sol se producen fenómenos violentos y poco tranquilizadores, tales como explosiones o tormentas. Claro, que las tormentas no son como las tormentas que conocemos: es algo imposible de que ocurra en un lugar donde la superficie se encuentra a unos 6000º C. Explosiones, fulguraciones, llamaradas,... a todos esos fenómenos que suceden cuando el sol se pone nervioso recibe el nombre genérico de actividad solar. Y del mismo modo que sucede con las tormentas de verano, que únicamente las vemos en verano, la actividad frenética que se desata en la superficie solar aparece, más o menos, cada once años.
Fulguración solar

Fulguración solar

El ciclo 25 de actividad solar

Pues bien, ahora nos encontramos inmersos dentro del ciclo 25, que empezó en 2020, tendrá su máximo de actividad en 2025 y se espera que finalice en 2030. En diciembre de 2019 el Panel de Predicción del Ciclo Solar 25 predijo que sería similar al anterior en consistencia con lo que se había estado mencionando en la literatura científica; esto es que el ciclo solar 25 va a ser más débil que el promedio. Pero la naturaleza no tiene por qué ajustarse a nuestras predicciones y las observaciones realizadas de 2020 a 2022 superan con creces los valores previstos.
El último periodo de verdadero arrebato solar tuvo lugar en el bienio 1989-1990. Realmente fue un imponente pues ostenta la más que honrosa segunda posición en la clasificación de intensidades de la actividad solar desde el siglo XVIII, cuando comenzamos a observar el sol de manera regular. La más fuerte sucedió allá por 1957.
Ahora bien, ¿cómo los astrónomos saben que sucede una tormenta en el Sol? El signo más evidente de que algo trama nuestra luminaria es que sobre su superficie aparecen unas pecas, unas manchas oscuras que reciben el nombre de manchas solares. Son oscuras porque están a una menor temperatura que el resto de la superficie. Pero no imaginemos que las manchas están a 0 ºC, o 20 ºC; están a unos 4500 ºC. Como el resto de la superficie está a 6000 ºC, las vemos oscuras.

Manchas solares

Aunque observadas desde tiempos de Galileo, la aportación más importante que se ha hecho al estudio de las manchas solares fue obra de un oscuro farmacéutico del siglo XIX llamado Samuel Heinrich Schwabe. Por aquella época se pensaba que existía un planeta orbitando alrededor del Sol por dentro de la órbita de Mercurio y que recibía el nombre de Vulcano. El motivo era porque existía una discrepancia entre las observaciones y la teoría en la órbita del citado planeta, y se pensó que era motivado por la existencia de otro planeta más interior que parturbaba su órbita, al igual que pasaría pocos años más tarde con el descubrimiento de Neptuno. Al final, esa discrepancia fue explicada un siglo más tarde por la relatividad general de Einstein.
Como no hay mal que por bien no venga, la fútil búsqueda de Schwabe le llevó a encontrarse con las manchas solares, que estudió desde 1826 a 1850. De este modo fue el primero en darse cuenta de que aparecían de manera cíclica. Hasta entonces los astrónomos creían que lo hacían de manera aleatoria. Por desgracia, nadie le hizo caso.
Mancha solar

Mancha solar

Entre los pocos que sí se tomaron en serio su descubrimiento estaba alguien que no prevenía del mundo de la astronomía sino de las ciencias naturales: el explorador y naturalista Alexander von Humboldt. En Kosmos, una obra en cinco volúmenes que escribió con más de 70 años, mencionó el descubrimiento de Schwabe. El prestigio de este explorador de Rusia por orden del zar Nicolás I, buen amigo del rey de Francia y diplomático del rey de Prusia, hizo que se prestara atención al pobre farmacéutico.
Las manchas solares son un subproducto de la rotación diferencial del Sol. Esto quiere decir que nuestra estrella no lo hace como un cuerpo rígido, como la Tierra, sino que las distintas partes del Sol giran a diferentes velocidades. Así, un día en el ecuador dura 25,4 días, peor en los polos es 11 días más. Estas distintas velocidades hace que las líneas del campo magnético en el interior se retuercen hasta que acaban atravesando la fotosfera y vuelve a descender formando un lazo: las manchas solares son los remolinos oscuros que se forman en la base de cada lazo.
Referencias:
Cohen, R. (2010) Chasing the Sun, Random House

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