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Brahe contra Kepler: la guerra entre dos astrónomos

Tycho Brahe y Johannes Kepler fueron los dos astrónomos más grandes de la época anterior al telescopio. Uno era un observador nato; el otro, un teórico. Diametralmente opuestos en aspecto y carácter, en algo coincidían: ambos eran arrogantes.

Brahe contra Kepler: la guerra entre dos astrónomos (Miguel Angel Sabadell)
El 21 de agosto de 1560 un eclipse parcial de Sol pudo verse desde Dinamarca. Allí un joven de 13 años lo observaba emocionado, no sólo por el fabuloso espectáculo, sino porque sabía que los astrónomos habían sido capaces de predecir el día en que ocurriría gracias a unas tablas calculadas por el griego Claudio Tolomeo dieciséis siglos atrás. Fascinado por la precisión de estos cálculos, el joven danés decidió convertirse en astrónomo. Su nombre era Tycho Brahe y se convertiría en el más importante y más grande observador astronómico de la época anterior a la invención del telescopio.
Brahe estaba obsesionado con la exactitud e hizo meta de su vida obtener las mediciones más precisas que se pudiera de las posiciones de las estrellas y de los planetas en el cielo. Eso exigía gastarse fuertes sumas de dinero en instrumentos y Brahe tenía ese dinero. Su padre adoptivo había muerto de una pulmonía por salvar de morir ahogado a Federico II. El rey, agradecido, concedió a Tycho una sabrosa beca. Brahe la invirtió en construir su particular ciudad de las estrellas, Uraniburg, en Sund, una isla a medio camino entre Elsinor, el castillo frecuentado por Hamlet, y Copenhague.
Brahe contra Kepler: la guerra entre dos astrónomos

Brahe contra Kepler: la guerra entre dos astrónomos

La isla de la astronomía

Este imponente observatorio alojaba los mejores instrumentos astronómicos que Brahe había encontrado por Europa y otros construidos por él, además de un laboratorio químico, una imprenta con su propia fábrica de papel, un sistema de comunicaciones internas, habitaciones para investigadores visitantes y una cárcel privada. Para que no faltara de nada, tenía sus cotos privados de caza, sesenta estanques con peces, amplios jardines y un bosque con 300 especies diferentes de árboles.
Pero la estrella rutilante de este palacio de la astronomía era un globo celeste de bronce de metro y medio de diámetro donde Tycho y sus colaboradores iban colocando una a una las estrellas del cielo, una vez que determinaban su posición con una exactitud jamás igualada. En su incesante búsqueda de la precisión, Tycho Brahe y sus ayudantes registraron noche tras noche durante 20 años las posiciones de las estrellas y el curso de los planetas por el cielo. De hecho, sus mediciones fueron las más perfectas jamás realizadas a ojo desnudo, e incluso mejores que las hechas años después de la invención del telescopio. Fueron estas mismas mediciones las que permitieron a un hombre huraño llamado Johannes Kepler asestar el golpe definitivo al modelo geocéntrico del universo. Irónicamente, el gran Tycho Brahe aborrecía la idea de que el sol fuera el centro del universo.

El enfermizo Kepler

Habitualmente se suele decir que la teoría heliocéntrica de Copérnico triunfó porque explicaba de modo más sencillo que la vieja teoría geocéntrica el movimiento de los planetas por el cielo. Falso. Si uno quería predecir la posición futura de un planeta en el cielo usando la teoría de Copérnico lo tenía muy difícil. Para hacerlo había que inventarse un montón de cosas que la hacían casi tan complicada, si no más, que la teoría geocéntrica. De hecho, y mientras en las universidades de Europa se discutían con ardor sus ideas, nuevas mediciones llegadas desde Dinamarca, exquisitamente precisas, ponían en serios aprietos al modelo de Copérnico. Pero todo este estado de cosas iba a cambiar: en febrero de 1600 Brahe tomó como ayudante a un brillante matemático, Johannes Kepler.
Brahe contra Kepler

Brahe contra Kepler

Kepler nació en 1571 en Weil der Stadt, Württemburg, Alemania, y sufrió una juventud miserable. A su padre, Heinrich, lo describe como un hombre vicioso, inflexible, pendenciero y destinado a acabar mal. Soldado de fortuna, mercader y tabernero, por razones que desconocemos estuvo a punto de ser ahorcado en 1577. A su madre Katherine la dura pluma de Kepler le tiene destinados unos epítetos parecidos: herbolaria, murmuradora, pendenciera y de mal carácter.
Enfermizo hasta la náusea, durante sus años de niñez y juventud Kepler lo padeció prácticamente todo: malas digestiones, forúnculos, miopía, doble visión, manos deformadas a consecuencia de una viruela que casi le lleva a la tumba, un extravagante y largo surtido de enfermedades de la piel como la sarna y, según describe el astrónomo, «heridas podridas crónicas en los pies».

Tycho y Johannes

En 1600 dos grandes mentes unían sus fuerzas: Brahe, el experimental, y Kepler, el teórico. Ninguna otra persona sobre la Tierra hubiera podido hacer lo que el ingenio de ambos consiguió: Brahe, unas mediciones astronómicas de los planetas casi perfectas; Kepler, sacarle todo el jugo a ese trabajo.
Ambos astrónomos eran diametralmente opuestos. Brahe era un vividor y lucía una barriga de inmensas proporciones producto del buen comer y mejor beber. Pendenciero, tenía una nariz metálica, pues había perdido el hueso nasal en un duelo de juventud. Por el contrario, Kepler era huraño, neurótico y lleno de odio hacia sí mismo. Pero en algo coincidían: ambos eran arrogantes y siempre estaban riñendo, sobre todo cuando Kepler le pedía más datos observacionales y Brahe se los negaba. No sin motivo; Brahe era consciente de la inteligencia de Kepler y temía que su genialidad lo eclipsara. También sabía que si mantenía este estado de cosas, Kepler acabaría marchándose a otro sitio. Entonces urdió un plan maquiavélico: le dejaría elegir las observaciones que necesitase de un único planeta, Marte.
Eclipse parcial

Eclipse parcial

El reto de Marte

¿Por qué? Tycho sabía que Marte presentaba una dificultad casi insuperable. Al estar cerca de la Tierra, su posición en el cielo había sido determinada con gran exactitud y, debido a ello, tanto la teoría geocéntrica como la heliocéntrica eran incapaces de dar cuenta de su órbita. Kepler, por supuesto, no sabía nada de esto. Durante la cena, Kepler, henchido de orgullo, profetizó que lo resolvería en ocho días.
Ocho años más tarde todavía trabajaba en el problema.
Tycho Brahe murió el 24 de octubre de 1601 tras un atracón de carne y cerveza durante un banquete. Se dice que murió porque no se levantó durante todo el banquete para aliviar su vejiga -algo que no hizo por ser de mala educación- y al final reventó. Las fuentes de la época señalan que sufría de una hipertrofia prostática (un aumento de la próstata) o de algún otro desorden del sistema urinario seguido por una uremia (urea en la sangre).
No llegó a conocer el gran triunfo de Kepler cuando descubrió que la órbita de Marte era una elipse centrada en el Sol.

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