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El peligro de los remedios ''naturales''

Una de las creencias más extendidas es pensar que las hierbas y otros productos ''naturales'' son inocuos y no tienen efectos secundarios. Sin embargo, no hay creencia más errónea.

En 2002 el Ministerio de Sanidad, tras una investigación efectuada por la Agencia Nacional del Medicamento, retiraba del mercado 118 productos que se vendían en los herbolarios como suplementos alimenticios o complementos de la dieta pero que en realidad eran comercializados «sin autorización sanitaria de ningún tipo y con pretendidas finalidades sanitarias».
El problema no era nuevo. Tanto en Estados Unidos como en Europa existe un mercado parafarmacéutico que crece y se multiplica al calorcillo de la etiqueta “natural”. En Estados Unidos el lobby de estos productos es verdaderamente poderoso. En 1994 una ley federal declaraba que estaban exentos de casi todas las regulaciones federales que se aplican a los suplementos alimenticios. Y no sólo eso, sino que no están sujetos a ningún requerimiento aunque se haya informado de algún efecto negativo en la salud. La situación es tan sangrante que al contrario de los medicamentos y los aditivos alimenticios, estos “suplementos” no tienen por qué pasar por los controles previos de la FDA —la agencia del medicamento estadounidense— ni tampoco tienen por qué demostrar en publicaciones científicas que son seguros antes de lanzarlos al mercado. Y una vez en venta, la carga de la prueba de su peligrosidad cae del lado de la FDA.

No te fíes del etiquetado

Por si esto no fuera poco, el propio etiquetado de los “suplementos” es engañoso cuando no falaz. Varro E. Tyler, que fuera antiguo decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Purdue y una autoridad mundial en farmacognosis (la ciencia de las medicinas de fuentes naturales) explicaba que los consumidores de productos de herbolario tienen menos del 50% de posibilidades de recibir un producto que se encuentre correctamente etiquetado. Por ejemplo, un suplemento que se vendía en las parafarmacias españolas, Bio Menat, que se anunciaba como «jarabe de extractos vegetales», además de que en su composición declarada había dos plantas que son consideradas como medicamento contenía una serie de hormonas prohibidas, estimulantes, ansiolíticos, anestésicos locales y productos con efecto dopante, como la efedrina. En 2018 un estudio de la FDA encontró en más de 700 suplementos dietéticos analizados y vendidos como productos de herbolario, antidepresivos no aprobados y esteroides así como medicamentos como el sildenafil o la sibutramina.

Ausencia de control

El problema con estos productos de herbolario es que, como el control es nulo, no se puede asegurar que la hierba mencionada en la etiqueta esté realmente en el producto o se encuentre en las cantidades apropiadas. En muchas situaciones es muy difícil, cuando no prácticamente imposible, determinar la identidad de la planta porque se usan nombres de origen oscuro o provenientes del folclore. En esencia una hierba se puede nombrar de cuatro formas: por su nombre común, mediante una transliteración, por su nombre farmacéutico y por el nombre científico. El ginseng, por ejemplo, también recibe el nombre de ren-shen, radix ginseng y Panas ginseng. Los problemas crecen si al adquirir un “suplemento con ginseng” nos preguntamos qué hemos comprado, porque bajo ese nombre se encuentran tres plantas diferentes: el Panas ginseng (ginseng oriental), Panas quinquefolius (ginseng americano) y Eleutherococcus senticosus (ginseng siberiano).
En ocasiones hasta las mismas afirmaciones sobre el producto de herbolario pueden ser peligrosas. Por ejemplo, la corteza de sauce blanco se vende en productos de los que se afirma que son buenos para los niños porque no es aspirina. Sin embargo esa corteza contiene salicina, que en el cuerpo humano se convierte en ácido salicílico, el mismo ingrediente activo presente en la aspirina.

Lo natural no es inocuo

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Remedios naturales

La fe en los remedios “naturales” tiene dos corolarios. Primero, que las hierbas no causan daño, sólo curan; segundo, que todas las hierbas son superiores que los medicamentos extraídos de ellas, y en general a todos los medicamentos. Sin embargo, el hecho de que la mayoría de las drogas tengan un origen vegetal (¿de dónde si no sale la cocaína, la marihuana...?) es prueba más que suficiente de que las plantas no son inocuas. Ya en 1993 la revista médica The Lancet publicaba un estudio sobre los remedios herbales en Hong Kong. Los resultados son toda una revelación. De las 150 especies más usadas, 10 son tóxicas. Los casos más graves de intoxicación estaban relacionados con el caowu, la raíz del Aconitum kusnezoffii, y la chuanwa, la raíz principal del Aconitum carmichaeli, que su utilizan para combatir la artritis, reumatismo, fracturas y contusiones. Estas plantas contienen distintas cantidades de alcaloides altamente tóxicos como la aconitina.
Los síntomas incluyen desde desórdenes neurológicos como la parestesia o la debilidad muscular, pasando por problemas cardiovasculares (hipotensión, arritmias) y gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea). También se daban casos de envenenamiento por anticolinérgicos debidos a la yangjinhua o la naoyanghua (las flores de Datura metel L y Flos rhododendri mollis respectivamente), utilizados para tratar el asma, la bronquitis crónica, el dolor por accidente, epigástrico y de dientes. En niños el efecto era más marcado. De hecho, entre un 28 al 51% de los niños chinos de Hong Kong habían ingerido chuenlin guiados por sus madres. Esta hierba contiene el alcaloide berberina, que puede desplazar a la bilirrubina aumentando el riesgo de daño cerebral. Y la Stephania tetrandra y la Magnolia officinalis de las dietas de adelgazamiento están asociadas a un progreso más rápido de la nefritis intersticial fibrosante.

Peligro de envenenamiento

Cuando se revisa la literatura científica se descubre que el 10% de todas las especies de plantas han sido usadas de algún modo u otro por la “medicina tradicional”, pero sólo un 1% han probado su valor terapéutico. Además una revisión de 2222 plantas dio como resultado que tenían una cierta acción antimicrobiana, pero 1362 de ellas eran tóxicas para el ser humano.
A todo esto hay que sumarle que al consumir hierbas como medicamentos no hay forma de saber qué cantidad de principio activo se está consumiendo, pues varía de un cultivo a otro, de una hierba a otra. Además de que pueden contener otra sustancias que causen efectos no deseados. Así, en Long Island una madre dio a su hijo de 18 meses una cucharadita de un aceite de eucalipto porque el dependiente de dijo que era bueno para la fiebre. El niño casi muere y sufre de un daño neurológico permanente.
La moraleja de toda esta historia es bien simple: hay hierbas que son medicamentos; y no se debe jugar con los medicamentos.
Referencias:
Ronis M.J., Pedersen K.B., Watt J. (2018) "Adverse Effects of Nutraceuticals and Dietary Supplements". Annual Review of Pharmacology and Toxicology. 58 (1): 583–601. doi:10.1146/annurev-pharmtox-010617-052844
Singh, S. y Ernst, E. (2008) Trick or treatment: The Undeniable Facts about Alternative Medicine, ‎ W. W. Norton

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