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Anomalías cósmicas

El universo nunca deja de sorprendernos y muy a menudo nos muestra objetos cósmicos que, aparentemente, no deberían existir.

A 9.600 millones de años-luz, nos encontramos con CLG J02182-05102. Es el poco sugerente nombre que los astrónomos han dado a un cúmulo que contiene unas 60 galaxias en la constelación de Cetus, la Ballena. Por comparación, el nuestro, el Grupo Local, es mucho más joven y contiene algo más de 40 galaxias. Lo que convierte a este cúmulo en una anomalía es que parece más joven en apariencia y tamaño de lo que realmente es: está dominado por galaxias masivas y 'adultas', típicas de los cúmulos modernos. Y eso es lo raro, porque vemos CLG J02182-05102 tal como era hace unos 4.000 millones de años después del Big Bang, esto es, cuando el universo tenía el 30% de su edad actual. Y esto es lo que desconcierta a los astrónomos: por entonces las galaxias eran muy raras, y ahora aparece este cúmulo donde no sólo ya se han formado completamente sino que han evolucionado hacia lo que vemos en los cúmulos modernos. Como dijo el investigador principal del equipo que descubrió esta sorprendente anomalía, Casey Papovich, “es como si excavando en la antigua Roma encontráramos piezas pertenecientes a la época actual”.

La extraña galaxia

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Objeto de Hoag

Bajando al reino de las galaxias existe una colorida anomalía llamada el Objeto de Hoag, nombrado así en honor a Arthur Allen Hoag, que la descubrió en 1950. Lo primero que pensó este astrónomo norteamericano es que había descubierto una nebulosa planetaria, pero pronto salió de su error: era un objeto extragaláctico. Ahora bien, y como le pasa a cualquiera que vea la imagen de este objeto, Hoag se preguntó: ¿Es un galaxia o dos? El exterior es un anillo dominado por brillantes estrellas azules, mientras que la “bola” central contiene estrellas más rojas y, probablemente, mucho más antiguas. Y entre las dos estructuras no hay, aparentemente, nada. ¿Cómo se formó? Hoag pensó que que quizá era un extraño efecto cosmológico llamado 'anillo de Einstein': es el efecto que aparece al pasar la luz de un objeto lejano -normalmente un cuásar- cerca de una galaxia más cercana. Ésta distorsiona la luz del cuásar formando un halo a su alrededor. Pero estudios espectroscópicos posteriores descartaron esta idea porque la bola central y el anillo tienen exactamente el mismo corrimiento al rojo, lo que significa que ambos se encuentran a la misma distancia de nosotros. Desde entonces se ha descubierto que no es una anomalía única, pues se han descubierto otras que reciben el nombre de galaxias anulares. Nadie sabe cómo se formaron pero se piensa que aparecen por una colisión entre dos galaxias.

Nebulosas raras

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Ojo del Gato

La nebulosas también ocultan sus secretos. Si no, ahí tenemos la nebulosa planetaria del Ojo del Gato, en la constelación del Dragón, que lleva intrigando a los científicos durante un siglo. Su intrincada estructura fue fotografiada con bastante precisión por el telescopio espacial Hubble, y comparando estas fotos con otras más antiguas se ha podido calcular su ritmo de expansión, lo que ha obligado a los teóricos a rehacer sus modelos porque, sorprendentemente, las capas interiores avanzan a mayor velocidad que las más lejanas. Extrapolando hacia atrás los astrónomos creen que la nebulosa se formó hace 1 200 años cuando una estrella 2 o 3 veces más masiva que el Sol perdió sus capas exteriores. Pero lo que pasó, que presente lo que parecen unos 'casquetes' y que se observen chorros de materia es lo que la convierten en una nebulosa planetaria anómala.

Tremendas explosiones

Pero puestos a buscar explosiones anómalas, tenemos los Gamma Ray Burst o estallidos de rayos gamma (GRB), las peores deflagraciones que suceden en el universo desde la Gran Explosión. Un ejemplo es lo que descubrieron el 23 de enero de 1999 los observatorios espaciales de rayos X y rayos gamma en un lugar del cielo situado en la constelación del Boyero.
A la Tierra llegaron dos oleadas de radiación 25 y 40 segundos después de comenzar la explosión. Después, durante los siguientes 50 segundos, llegaron otros pulsos más débiles. Al final se hizo la calma. Calculada la energía liberada, el resultado es impresionante: si hubiera sucedido a tan sólo 2 000 años-luz de nosotros en el cielo hubiera aparecido una estrella dos veces más brillante que nuestro propio Sol. Aunque los GRB se conocen desde la década de 1940 esta explosión de 1999 es importante porque fue fue la primera vez en la historia que se fotografiaba un evento de este tipo. Eso permitió identificar el lugar donde se produjo: una debilísima galaxia situada a 9.000 millones de años-luz.
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Explosiones cósmicas

No hay un consenso sobre quién o quiénes pueden ocasionar tales deflagraciones. Muchos astrónomos piensan que se trata de objetos en colapso, un proceso parecido a las explosiones de supernova -pero cientos de veces más intenso- que marcan el final de la vida de una estrella: las hipernovas. Nadie sabe cómo y por qué suceden, pero se supone que se producen cuando las estrellas de mayor masa de la galaxia colapsan para formar un agujero negro que rota a gran velocidad, en un proceso que dura de 10 a 20 segundos. Otra hipótesis es la de la colisión entre dos cadáveres estelares, las estrellas de neutrones. Pero nadie sabe nada realmente: es explicar un misterio con otro misterio. Lo único cierto es que, en promedio, una vez al día, en algún punto del cielo y durante un espacio de tiempo que va desde la fracción de segundo a los pocos minutos, el universo nos regala con una explosión así en alguna galaxia lejana. ¿Que hace que "algo" brille tanto como 200 000 vías lácteas juntas?

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