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Los neandertales convivieron con elefantes, uros y jabalíes gigantes en el sur de la península ibérica

Doñana fue un refugio excelente para la fauna y los humanos durante la Edad de Hielo.

Una de las escenas que el gran público tiende a imaginar cuando se habla de la prehistoria es la de los humanos de entonces conviviendo con animales gigantes. La caza del mamut o la huida de potentes felinos depredadores es un tema recurrente entre las recreaciones que tienen al ser humano prehistórico como protagonista. Sin embargo, es difícil poder recrear cómo era realmente la relación entre humanos y grandes depredadores o herbívoros. Más allá de los utensilios de piedra y la información que brindan los fósiles, los paleontólogos tienen que interpretar el puzle del pasado sin tener todas las piezas disponibles. Una de estas piezas se encuentra en el suroeste de España. El hallazgo de una serie de huellas de neandertales en el mismo lugar donde habitó una fauna de enormes proporciones ofrece nuevos datos acerca del ambiente que se vivía en este enclave durante la última Edad de Hielo.

Un paraíso entre el hielo

Hace 106 000 años convivían en el suroeste de la península ibérica neandertales, elefantes, lobos, jabalíes, hienas, uros, leones y leopardos europeos. La glaciación de Würm fue el último período glacial que sumió a Europa en una etapa de temperaturas bajas popularmente conocida como la Edad de Hielo. La fauna y los humanos de entonces buscaban refugiarse del frío en aquellos lugares que el clima era más benévolo. Uno de los que mejores condiciones ofrecía era la costa de la actual Huelva. La playa de Matalascañas es hoy un destino codiciado por el turismo en Andalucía. Junto al Parque Nacional de Doñana, esta costa también resultaba un lugar agradable hace más de 100 000 años.
La dinámica costera actual ha dejado a la luz una superficie rocosa que se ha convertido en un tesoro para la paleontología. En el acantilado del Asperillo se han detectado miles de huellas fosilizadas pertenecientes a mamíferos y aves que compartían un ambiente de lagunas estacionales entre dunas que limitan con la costa, muy parecido a lo que hoy sigue siendo Doñana, pero con un clima más húmedo que el actual. Esta circunstancia permitía que la vegetación abundara, lo cual posibilitó que grandes animales herbívoros prosperaran en la zona sin acusar la falta de recursos que por entonces sufría el territorio europeo de más al norte. Y, allí donde prosperan grandes herbívoros, es habitual que se acumulen depredadores en busca de presas.

Elefantes de 13 toneladas

Las huellas permiten identificar las especies que caminaron por esta zona, entre las que destacan grandes mamíferos como el ciervo, un jabalí de 300 kilos, el uro (antepasado gigante del toro) y el elefante europeo (Palaeoloxodon antiquus). Conocido por sus largos y rectos colmillos, P. antiquus se cuenta entre los elefantes más poderosos que jamás haya existido. Su robustez es claramente visible en los fósiles de sus enormes cabezas y sus patas más largas de lo normal en esta familia de mamíferos. Los paleontólogos estiman que P. antiquus podía alcanzar una altura de entre 3 y 4 metros y pesar hasta 13 toneladas en el caso de los machos.
En Matalascañas hay un predominio de huellas de P. antiquus recién nacidos acompañados por huellas adultas, seguramente sus madres. Es por ello que los investigadores han tomado este enclave como un hábitat de maternidad para estos elefantes prehistóricos, un hallazgo único en el registro fósil.

Neandertales a la caza

Pero las huellas fosilizadas de estos enormes animales nos cuentan todavía más historias. Entre las pisadas de las crías de elefantes y sus madres aparecen las marcas que dejaron los humanos que andaban al acecho de sus presas. Fernando Muñiz, de la Universidad de Sevilla, ha participado en varios estudios sobre estas huellas fosilizadas e indica que:
“Son el rastro claro de tres pasos de un adulto neandertal y un conjunto de huellas aisladas en la misma superficie donde aparecen los rastros de elefantes, algunos neonatos. Esta relación es muy importante”.
Tres pasos marcados en huellas fósiles de un neandertal adulto. Matalascañas (Huelva). José María Galán. Neto et al. 2021.

Huellas neandertalesTres pasos marcados en huellas fósiles de un neandertal adulto. Matalascañas (Huelva). José María Galán. Neto et al. 2021.

El equipo de investigación encargado de analizar estos fósiles publicó sus resultados en la revista “Scientific Reports”, donde plantean la hipótesis de que los neandertales visitaron la zona para cazar elefantes debilitados o aprovechar algún ejemplar muerto que sería consumido en una dieta carroñera.
Los neandertales eran, ante todo, carnívoros. Así lo demuestran los diversos análisis que se han realizado sobre sus fósiles y por ello sabemos que la base de su dieta la formaban grandes mamíferos como el uro y la cabra, que cazaban desde Europa Occidental hasta Asia central. La costa de Matalascaña se erigió como un lugar estupendo para los neandertales y su modo de vida. Además de un mejor clima, tenían a disposición crías de elefantes y madres que podían salir con complicaciones o incluso morir durante el parto. Presas fáciles de las que obtener gran cantidad de proteínas y otros recursos como piel y marfil.
La relación entre las huellas de neandertales y las de la fauna del momento suponen un hallazgo clave para comprender cómo era la vida en aquella singular colonia costera de hace más de 100 000 años. Es por ello que Matalascaña se ha convertido en un lugar único para estudiar las interacciones ecológicas durante la última Edad de Hielo.
Referencias:
Limón, R. 2021. Así vivían los neandertales costeros y la megafauna en Doñana, su último refugio europeo. elpais.com.
Neto, C. et al. 2021. First tracks of newborn straight-tusked elephants (Palaeoloxodon antiquus). Scientific Reports 11, 17311. DOI: 10.1038/s41598-021-96754-1.

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