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Una lengua para gobernarlos a todos |
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La creación artificial de un idioma común es un instrumento para someter lingüísticamente a los ciudadanos.
Una lengua para encontrarlos. Una lengua para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. No habrían cambiado mucho las cosas en la Tierra Media si Tolkien hubiera usado el idioma en lugar del anillo como objeto de poder. Porque afi rmar que es un vehículo de comunicación es quedarse corto. Siempre se constituyó como una fuerza a la hora de formar los estados-nación modernos. Miremos a Francia, donde tras la Revolución se impuso el habla de París –con esa erre tan característica– sobre el bretón o el occitano. Una “lengua nacional” homogeneiza en nombre de la identidad y legitima la imposición sobre otras variantes minoritarias. Por eso resulta especialmente gracioso que a muchos se les llene la boca con el mantra de “no politizar la lengua”.
Es el Estado y no la comunidad quien necesita un vehículo lingüístico común. Tenemos un buen ejemplo de pueblo multilingüe en los habitantes de la cuenca del Vaupés, en el noroeste del Amazonas. 10.000 personas usan los ríos como nosotros las carreteras, que unen una red de aldeas por donde se mueve gente con pautas culturales muy similares, pero con ¡20 lenguas ininteligibles entre sí! Suceden cosas tan peculiares como que en cada aldea, en presencia de varones, se habla el idioma local, que es el prioritario para los nacidos allí, mientras que las madres tienen como lengua primera la que aprendieron en su poblado. La emplean cuando visitan a sus parientes, pero no en presencia de sus maridos.
Con el lenguaje estamos asistiendo al nacimiento de un mito curioso. A finales de los 80, en California se empezó a imponer la norma de tener cuidado a la hora de hablar, no fuera que ofendieses a tu interlocutor. Algo de cajón, salvo cuando se convierte en un fundamentalismo. Poco después, esta idea mutó y se añadió una vuelta de tuerca. Así, el empeño que existe detrás de ese cansino “todos y todas” no es compensar que el castellano sea una lengua muy sexuada, sino intentar rebajar el machismo de los hispanohablantes. Resulta obvio que tu forma de hablar refleja tu mentalidad, ¿pero quién ha demostrado que modificando el lenguaje se cambie la forma de pensar?
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