Tim Berners-Lee: "La red no debe tener dueño"

¿Puede un despistado cambiar el curso de la historia? A Tim Berners-Lee la preocupación por encontrar un sustituto de la memoria le llevó a crear un sistema de información al que bautizó con el nombre de World Wide Web (gran telaraña mundial) y que hoy se reconoce como el más vasto y democrático medio de comunicación existente.

El cerebro humano almacena sus recuerdos de manera aleatoria. Hay quien piensa en una persona a la que hace años que no ve en el momento en que huele un perfume por la calle. Y quien, de repente, recuerda que se dejó el gas encendido cuando le piden fuego. Reflexionando sobre este imprevisible funcionamiento del cerebro, Berners-Lee, un físico inglés dedicado a la informática, pensó crear un sistema de software que emulase esa estructura de caprichosos saltos mentales. "Me pareció que sería muy útil mantener esa forma aleatoria de asociaciones entre conceptos que cualquiera hace en la vida real; en teoría, el cerebro de la mayoría de las personas las realiza muy bien, pero ése no era mi caso". Así, el despiste de Berners-Lee, quien reconoce que olvida con facilidad los nombres y las caras, le llevó a intentar producir un modelo de software que supliese su deficiente memoria.

El primer acercamiento de Berners-Lee a estas ideas se produjo en 1980, cuando tenía sólo 23 años, y creó un programa llamado Enquire (Pregunta). Sin embargo, poco podía imaginar que su invento iba a convertirse en un símbolo de la sociedad de la información, caracterizado por una combinación de letras y signos de puntuación de esta forma: http://www. Las tres w, correspondientes a las siglas de World Wide Web en las direcciones de Internet, junto con http, que significa HiperText Transfer Protocol, se han hecho omnipresentes en cualquier medio. Están en los anuncios, en los periódicos y revistas, en impresos oficiales y hasta se intercambian entre amigos como si fuesen cromos. Y la culpa es de Berners-Lee, este virtuoso de las teclas del ordenador, instrumento que sólo abandona para ponerse ante otras teclas, las del piano, con el cual deleita a sus amigos.

 

Contacto con la informática

Los tempranos escarceos informáticos del joven Tim, cuyos padres se conocieron (¿una premonición?) fabricando uno de los primeros ordenadores comerciales existentes, se dirigieron a construir un sistema interconectado a imitación del neuronal. Sus antecedentes se habían ya fijado; en 1945 se empezó a pensar en crear programas que permitieran un rápido acceso a la información, realizando enlaces (links) entre diversos contenidos y recorridos, o sea, saltos a través de la información. El término hipertexto, que significa enlazar de manera automática varios documentos cuyos contenidos están relacionados, había sido acuñado en 1965. De hecho, los sistemas gráficos para operar con el ordenador (Macintosh, Windows...) se basan en aplicar los principios hipertextuales y también la organización de contenidos en un CD-ROM. En su versión más moderna, el hipertexto procura que, con un simple clic del ratón del ordenador sobre una palabra determinada, se pueda saltar a otra página que amplíe contenidos o trate temas relacionados con ella.
Pero del hipertexto no se había extraído aún todo el jugo, porque sólo se podían establecer enlaces entre archivos residentes en una única base de datos. Era como si el cerebro sólo pudiera relacionar entre sí una parte de sus recuerdos, pero no consiguiera acceder a las otras. El propio Berners-Lee, que había realizado así sus primeros programas, se dio cuenta de estas limitaciones: "Estar constreñido en las fronteras de una base de datos, de una única fuente de información, era demasiado aburrido, no tenía suficiente interés". En su opinión, para enriquecer la información no había que intentar centralizarla, sino dispersarla, para unir puntos diversos cuyos contenidos se complementaran.

La oportunidad de poner en práctica sus ideas le llegó cuando estaba trabajando como asesor informático en el CERN (Centre Européen de Recherche Nucleaire), el gran laboratorio internacional de física de partículas con sede en Ginebra. Este centro de investigación está dividido en varias sedes, a lo largo de la frontera franco-suiza y, como la investigación sobre los elementos básicos de la materia progresa por el trabajo simultáneo de científicos de todo el mundo, el CERN tiene colaboradores desperdigados por los cinco continentes. "Pensé que sería mucho más fácil si toda la gente que siempre me estaba preguntando cosas pudiera sencillamente leerlas en mi base de datos; y también que para mí sería mejor saber lo que ellos hacían, leyendo su información en su base de datos".

La idea se convirtió en una propuesta al CERN para enlazar a todos sus departamentos y colaboradores por medio del hipertexto. El informe de Berners-Lee ya apuntaba algunas de las que se- rían las dos características clave de la futura World Wide Web: un sistema hipermedia (hipertexto en diversos medios de comunicación) donde la información podría tomar forma de texto, gráfico o vídeo y cuyos enlaces tuvieran un alcance global. A partir de ahí, Berners-Lee programó todos los elementos que dan forma a la Web: su lenguaje informático, el sistema técnico de comunicación y la organización de las direcciones identificativas.

¿Internet te hizo rico?

A Berners-Lee le están preguntando todo el día por qué no se ha hecho rico con Internet. El fulminante éxito de la World Wide Web, que se comenzó a intuir en 1993 con la aparición de los primeros navegadores (nombre metafórico que se da a los programas con los que pueden verse las páginas web) y culminó durante 1995 con la llegada del Netscape Navigator, no parece haberle tocado demasiado. Le ha permitido, eso sí, trabajar en Estados Unidos, en el mítico Massachussets Institute of Technology (MIT). Pero poco más. No tiene un gran coche, arrastra un viejo Volkswagen Rabbit desde hace 13 años, no preside ninguna nueva empresa de éxito, a pesar de los centenares de este formato que han aparecido ultimamente, y su despacho es pequeño.
¿No se dio cuenta, entonces, el padre de la criatura de hasta dónde iba a llegar su invento? Evidentemente resultaba difícil de prever, pero es que, además, ganar dinero con la Web hubiera significado para Berners-Lee sacrificar su espíritu e hipotecar su desarrollo, ya que la empresa propietaria de la tecnología sólo habría estado dispuesta a compartirla previo pago. "Si yo hubiera creado una empresa llamada Web Incorporated, la World Wide Web se habría convertido simplemente en otro sistema con propietario, no habría conseguido universalizarse como ahora."
Sin mencionar nombres, pero apuntando a alguna compañía de software, Berners-Lee pone un ejemplo: "Si la Web fuera propiedad de una empresa, todo el mundo tendría que esperar a que el departamento de investigación de ella produjera la siguiente versión de su navegador, y esto no sería bueno. Para que algo como la Web exista y se expanda, tiene que basarse en estándares públicos y gratuitos. La red no debe tener dueño".

Con esta filosofía, Berners-Lee se ha convertido en un filántropo de la era digital, que cree en las ventajas de la cooperación mundial a través de la tecnología. Quizá en ello tenga que ver su fe religiosa en la Iglesia Unitaria Universal, a cuyo culto acude cada domingo con su mujer estadounidense y sus dos hijos, y en la que se practica la idea de que "el trabajo en conjunto es necesario para conseguir la armonía y el conocimiento".
Descartada su carrera en el campo empresarial, Berners-Lee se ha conformado con ser el director del World Wide Web Consortium, que no es poco. Se trata de un organismo internacional que funciona como una especie de foro parlamentario de todos los que desarrollan tecnología web. En él se intentan consensuar especificaciones comunes para los nuevos productos que van surgiendo en este medio. Así, se pretende mantener la universalidad, piedra angular de la Web y causa principal de su vigencia y dinamismo.

Y es que el crecimiento de Internet es impresionante. "Yo mido el tiempo en años Web y cada uno dura sólo 2,6 meses", dice Berners-Lee que todavía tiene sólo 41 años reales aunque, si se sigue su particular calendario y teniendo en cuenta que inventó la Web en 1990, ahora tendría 34 años reales más 32,3 digitales. No pasa un solo día sin que se presente alguna novedad técnica en el gran universo de la red, alguna mejora que permite rizar el rizo dentro de los hipermedia y crear páginas Web que van acercando progresivamente este entorno a una mezcla de revista de diseño, spot publicitario y dibujos animados. Una fusión de los medios de comunicación actualmente más rompedores y llamativos.

 

Millones de usuarios

Nadie puede negar que la Web a la que hoy se asoman más de 50 millones de personas en todo el mundo (un millón de ellas lo hacen desde España) tiene poco que ver con la que inventó un físico preocupado por mejorar la comunicación entre científicos. ¿Le gusta ahora su criatura a Berners-Lee? ¿Cree que se ha vendido descaradamente a los aspectos más comerciales? ¿Sabe a dónde va la red? "Esperaba que fuera más interactiva", se lamenta. "Se ha conseguido que sea fácil acceder a las páginas web, manejarlas y leerlas; pero si quieres crear contenidos tienes que conocer y dominar un lenguaje informático demasiado complicado". Si este desinteresado arquitecto del edificio digital consigue llevar adelante su filosofía, hay algo seguro: la Web será fácil y será para todos.

José Ángel Martos


Esta entrevista fue publicada en octubre de 1997, en el número 197 de MUY Interesante.

Etiquetas: informáticainternet

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