Marvin Minsky: "Las máquinas podrán hacer todo lo que hagan las personas, porque las personas sólo son máquinas"


Lanza manotazos al aire mientras habla, y se indigna cuando le cuestionan una idea de la que está tan seguro como de que se llama Marvin Minsky. Ha llegado 45 minutos antes de la hora convenida porque su esposa quiere algo de tiempo libre para ver El Escorial, pero él se alarga en cada respuesta, no parece que le importe el reloj. Ella se queda contemplado tras una columna y de vez en cuando se apoya en el bastón para cambiar de postura, como si hubiera elegido el papel de vieja compañera que sigue a su marido allá donde va y continúa disfrutando de sus digresiones sobre inteligencia artificial, inteligencia humana, cibernética, ciencia-ficción, neurología, robots... Parecen una pareja de maduros turistas, aunque su vitalidad corresponde más a la de un par de jovenzuelos. Acaban de participar en un congreso de neurociencia patrocinado por la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Tecnológico de Canarias, apenas han tenido tiempo para tomar tierra de su vuelo procedente de Estados Unidos y ya están confirmando sus reservas para viajar a Italia esta misma tarde, no sin antes haber paseado por las inmisericordes cuestas de San Lorenzo de El Escorial.


-¿Qué edad tienen?
-Bueno, nuestra edad es algo que cambia a cada momento. No merece la pena reseñarla. Cuando era un joven investigador y empecé a estudiar, mis maestros tenían 50 años. Entonces pensaba: ¿Cómo es posible vivir medio siglo y seguir teniendo ideas claras? Bueno, ahora sé cómo....

-Sí, desde luego, y algunas de sus ideas son muy controvertidas...
-Me da igual. No pretendo convencer a nadie, me gusta ser polémico. No siempre las mejores ideas científicas son las más comunes.

-Por ejemplo, usted es crítico al evaluar el estado actual de la inteligencia artificial.
-Sí, porque lo único que tenemos hoy en día son máquinas hábiles, pero no inteligentes. No son capaces de aprender de un millón de formas distintas, como hace el ser humano.

-Los seres humanos aprendemos de los errores. ¿Las máquinas también?
-Sí, claro, una máquina debe aprender de sus fallos. Para hacer que una máquina progrese no sirve de mucho decirle que algo es correcto. Si lo ha hecho, es que sabe cómo hacerlo. Pero si ella hace algo mal y tú se lo dices, entonces ella cambia. La mayoría de las veces los errores son mejores para aprender que los aciertos.

-Hay gente que piensa que, aunque consigamos que una máquina haga lo mismo que un hombre, eso no puede ser considerado inteligencia. ¿Qué diferencia habrá entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana?
-No veo que haya ninguna diferencia. Las máquinas todavía no son muy buenas en el terreno de la solución de problemas, pero creo que los seres humanos hacemos cosas increíbles -simplemente por la manera en que trabaja nuestro cerebro. Y podremos simular con ordenadores todo lo que conocemos sobre su funcionamiento. Así que no habrá diferencia alguna.

-¿Podremos conseguir una simulación perfecta, sin ninguna falla?
-Por qué no. Si se encuentra alguna diferencia, lo único que hay que hacer es crear programas más potentes.

-Incluso tener la consciencia de ser inteligente...
-Creo que la consciencia es algo simple, la inteligencia es más complicada. Podemos hacer ordenadores muy tontos pero muy conscientes. Si tener consciencia de los actos significa recordar lo que se ha hecho, eso es fácil de lograr. Pero la inteligencia está compuesta de centenares de otros factores. Aun así, hay gente que opina equivocadamente que la consciencia es el ladrillo fundamental de la inteligencia.

-Uno de los que piensan así es el famoso físico Roger Penrose.
-Sí. Creo que él no tiene ni idea de lo que es la consciencia. Desde luego, tiene mucha verborrea, pero no hace sugerencias útiles.

-¿Qué ocurre con las emociones? ¿Tienen algo que ver con la inteligencia?
-Sucede lo mismo que con la consciencia: que son demasiado simples. Las emociones no son más que una forma concreta de resolver problemas. Por ejemplo, cuando uno elige estar enfadado es para resolver un problema muy deprisa y dejarse llevar. No piensa en el coste, no le importa si se hiere a otras personas. Es una reacción muy primitiva. Un ratón puede tener emociones más fuertes que una persona, pero no es inteligente. Incluir emociones en una máquina no resolvería nada. Seguro que a usted le pasa como a todo el mundo, que cree que las emociones son un gran misterio. Pero no, el pensamiento es el verdadero misterio, las emociones son una tontería.

-Podemos decir lo mismo, entonces, sobre la creatividad...
-Sí. Es fácil fabricar una máquina que sea capaz de crear todas las soluciones posibles a un problema. Lo difícil es que ella no haga cosas inútiles, que sólo escoja la solución adecuada. La selección es lo importante, no la creación.

-Por poner la inteligencia en un altar tan alto y creer que todo se reduce a un problema de programación, algunos le acusan de ser demasiado reduccionista...
-Bueno, eso puede que para ellos sea un insulto. Para mí, ser reduccionista es bueno. Me insultarían si pensasen que soy un supersticioso o un fanático... La ciencia es comprender y enseñar cómo se pueden hacer cosas complejas con soluciones simples. La gente que piensa que yo no puedo hacer eso es porque cree que hay algo mágico que no puede ser explicado. Para mí, eso sería el insulto.

-¿Cree que las máquinas podrán hacer algún día ciencia por sí solas?
-Sí, creo que las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas.

-¿Y qué investigarán las máquinas entonces?
-Serán muy inteligentes y no podemos ni siquiera imaginar qué descubrimientos harán.


-¿Qué es exactamente usted, un filósofo, un científico, un artista?
-Soy una especie de psicólogo teórico. Pero este título no es el ideal para que la gente piense que haces algo verdaderamente vanguardista.

-Cuando era un niño leía mucha ciencia-ficción...
-Sí, y también ciencia.

-¿Y cree que su trabajo tiene algo que ver con la ciencia-ficción?
-Creo que los escritores de ciencia-ficción fueron los mejores pensadores sobre el futuro. Creo que la ficción ordinaria está muerta, siempre me parece lo mismo. Pero la ciencia-ficción trata de un mundo que está en constante cambio.

-¿Entonces, los científicos de hoy tienen que aprender algo de los escritores?
-Sí, muchos buenos científicos han aprendido mucho de la literatura. Pero, ojo, hay buena ciencia-ficción y mala ciencia-ficción.

-¿Es ficción pensar que en el futuro las máquinas inteligentes serán tan cotidianas como ahora lo son los ordenadores personales?
-No, no lo es. Y le diré más: las utilizaremos para mejorar nuestros cerebros. Hoy somos seres limitados, tenemos un solo cerebro con una velocidad determinada y con una memoria concreta. En el futuro, habrá tiendas para recargar de memoria nuestro cerebro, igual que ahora hacemos con los PC. Habrá una máquina que analice la inteligencia de cada uno y le dé el producto adecuado.

-Y ese día habremos alcanzado la inmortalidad...
-Sí. Creo que algunos podrán elegir renovar su inteligencia eternamente y ser inmortales y otros preferirán morir.

-¿Y usted que hará?
-A mí me gustaría ser inmortal, por qué no. Tengo mucho trabajo que hacer y estoy demasiado ocupado para morir. Sólo los que no tienen nada que hacer en la vida quieren morir.

-¿No será peligroso que las máquinas controlen el mundo, que dependamos de ellas para conocer más, para ser inmortales?
-No. Es más peligroso no ser inmortal. La alternativa es que todo el mundo muera. Y lo raro es que la gente se conforme con ello. No entiendo a la gente. Todos parecen estar felices porque van a morir, sólo se conforman con decir: "Espero que no sea hoy".

-Pero el mundo estará controlado por la máquina...
-¿Y qué? ¿Ahora por quién cree que está controlado?

-¿Por el ser humano?
-No existe el ser humano. Estamos controlados por gente, por individuos concretos. Eso sí que me da miedo: que Hitler pueda conseguir el control, no una máquina.

-¿Habrá máquinas listas y tontas, igual que ahora hay humanos listos y tontos?
-Sí, seguro que habrá una población de máquinas. Algunas de ellas evolucionarán por accidente hacia formas mejores que otras.

-Se empezará, entonces, una historia de las máquinas...
-Podrá haber máquinas que sólo se preocupen de su historia y otras que sólo se preocupen de hacer cosas nuevas. No podemos imaginar qué pasará, pero si se fabricara una única máquina gigantesca, terminaría colapsándose y no sentiría interés por hacer las cosas simples, así que tendría que crear máquinas más pequeñas y comenzar a reproducirse. Entonces empezaría la historia de las máquinas.

-¿Cree que hay inteligencia extraterrestre?
-Es muy probable, pero aún no podemos saberlo. Imagínese: hace doscientos años, no teníamos radio y los humanos alejados antes no se podían ni comunicar. En sólo cien años la ciencia ha evolucionado increíblemente. Quizás dentro de otros cien seamos capaces de crear ordenadores más potentes que nuestro cerebro y de reemplazarnos a nosotros mismos por niños más inteligentes que nosotros. La probabilidad de que ahora nos podamos comunicar con seres extraterrestres es pequeña, pero quién sabe lo que puede pasar en el futuro.

-¿Cuál es, según usted, la manifestación más estúpida de la inteligencia humana?
-El deporte. ¿Cómo es posible que haya máquinas tan maravillosas como el cerebro, con miles de millones de neuronas capaces de producir miles de sinapsis cada una, desperdiciadas en la función inútil de tirar pelotas dentro de un aro?

-¿Y la más inteligente?
-Bueno, es difícil, pero creo que dedicarse a hacer teorías sobre la ciencia y tratar de construir máquinas y descubrir cosas nuevas. Eso tiene el mejor futuro.

-¿Y la música...? ¿Sigue usted componiendo?
-A veces, pero sólo cuando no se me ocurre otra cosa mejor que hacer. En cuanto me viene a la mente alguna idea buena, la música me parece vacía.


Y Marvin Minsky se va directamente al piano que adorna el hall del hotel. No debe de tener nada mejor en que pensar, porque se pone a tocar una melodía de tintes melancólicos. Vaciando  de ideas la mente, espera a que llegue su mujer, con la que quiere disfrutar de un rápido paseo por las cuestas de San Lorenzo de El Escorial.
Jorge Alcalde

Esta entrevista fue publicada en octubre de1996, en el número 185 de MUY Interesante

 


Etiquetas: Inteligencia Artificialinformática

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