Luc Steels: "Los japoneses temen menos que nosotros a la tecnología"

A este profesor belga le interesaba el lenguaje, la forma en que nos comunicamos. Poco debía imaginar que ello acabaría llevándole a trabajar no sólo con humanos sino también con autómatas. Y es que su investigación, centrada en los orígenes del lenguaje, fue encontrando un acomodo cada vez mayor en el universo de la inteligencia artificial. Su trabajo, dotar de cerebro a quienes no lo tienen, le ha permitido participar en un sueño que parecía pasado de moda: crear robots con aspecto humano o animal. Luc Steels, que dirige el Laboratorio de Informática de Sony en París, ha participado en las investigaciones que han permitido a la compañía japonesa irrumpir en el mercado con su perrito robot Aibo, al que los nipones convirtieron en su juguete preferido en tan sólo una semana. El metálico can y otros congéneres en preparación se apoyan en un delicado trabajo de investigación teórica en inteligencia artificial que, en buena parte, se realiza en Europa y en el que Steels juega un rol de primer orden.

-¿Por qué el perrito Aibo se ha convertido en un fenómeno arrasador?
-Creo que es un buen ejemplo del alto nivel que se ha alcanzado en inteligencia artificial, y eso explica, en parte, la excitación que ha despertado. Aun así, Aibo está limitado por su procesador. Podría tener más capacidades, pero es una cuestión de coste de su tecnología. Lo mismo puede ocurrirnos en nuestro próximo proyecto: el robot humanoide.

-¿Un humanoide?
-Es un área de investigación muy esperanzadora en estos momentos, que data de hace unos pocos años y que ha despegado sobre todo en Japón. Estoy trabajando mucho en el humanoide que Sony prepara. Medirá algo menos de medio metro, se mantendrá de pie, caminará, bailará y jugará al fútbol. Va a ser impresionante. Mi grupo y yo estamos dedicándonos a su lenguaje de comunicación, ya que queremos que sea capaz de entender cuatro lenguas.

-Pero la robótica que intenta emular a los humanos parecía en desuso.
-Bueno, hay muchas disciplinas que se hacen populares, no satisfacen las expectativas -porque a veces no se puede avanzar tan rápidamente como se espera- y vuelven a quedar olvidadas. Pero mientras esto ocurre en la industria y entre el gran público, el hecho es que los investigadores continúan trabajando. La inteligencia artificial es un área muy complicada porque hay varias piezas del puzzle científico que necesitan ser integradas, y se precisa tiempo para ello.

-¿Y cuáles son las principales piezas a reunir?
-Hay dificultades diversas que van desde la tecnología de baterías -necesitamos buenas fuentes de energía para que el robot tenga suficiente autonomía -hasta los motores, minicámaras y toda la tecnología de vídeo. Mucho de todo ello es ingeniería mecánica y electrónica, pero también se necesita inteligencia artificial (IA). Creo que la IA ha progresado mucho en los últimos diez o veinte años, en aspectos como los algoritmos de visión, los esquemas de comportamiento y la arquitectura de los cerebros artificiales. No creo que mi ciencia hubiera hecho nada equivocado para caer en el olvido, simplemente es que había perdido la atención pública. Pero está volviendo.

-Ahora mismo, la mayoría de los robots que nos rodean no tienen aspecto de serlo.
-Es cierto. Muchísimos robots no son humanoides. Están muy especializados en funciones concretas, como los que están en nuestro coche, capaces de detectar diversos aspectos de su estado de funcionamiento; o en una tubería, que es inspeccionada por un robot; o los que ayudan a los cirujanos en su tarea. El gran público no tiende a pensar en ninguno de ellos como robots, sino como máquinas sofisticadas; pero ahí detrás está el trabajo de la inteligencia artificial.

-¿Para cuándo su humanoide en el mercado?
-Dentro de un año y medio o dos.

-¿Y para qué servirá?
-No tiene ningún propósito serio, es una máquina de entretenimiento. Este tipo de autómatas no pretenden ser útiles, sino divertir. Los robots van a ser un nuevo medio de comunicación destinado al ocio, de la misma forma que los ordenadores también se utilizan para jugar. Y puede estar seguro de que no sólo jugarán los niños sino también los adultos.

-¿Son los nuevos juguetes?
-Es una nueva forma de entretenimiento muy interactiva. Puedo imaginar que a los robots les serán dadas múltiples personalidades en función de sus dueños. Los robots útiles para los hogares también llegarán pero, sin duda, eso será más adelante. Ahora no es la prioridad. Por otro lado, este tipo de robots pequeños son menos complicados, necesitan menos baterías.

-¿Por qué participa en este proyecto?
-Llevo trabajando en IA veinte años y ésta es una buena ocasión de trabajar en un robot que saldrá al mercado. Es una continuación natural de mi trabajo. Un efecto positivo de su comercialización es que cuanto más se venda, más se abaratará el coste de sus procesadores y podremos incrementar su potencia. Pero lo que más me interesa es el lenguaje. Estoy más implicado en la parte de investigación de su arquitectura cognitiva, lo que me lleva a trabajar en la estructura principal del cerebro de estas máquinas.

-¿Y cuál es su principal reto?
-La integración de capacidades, esto es, conseguir la relación entre la visión y el lenguaje, ya que, cuando hablamos, nos movemos y hacemos gestos. Esto obliga a un trabajo de ajustada coordinación. Por cierto, los animales tienen capacidades de comunicación muy sofisticadas. Solemos creer que el hombre está en lo alto de la escala del desarrollo comunicativo, pero no estoy demasiado seguro.

-En los vídeos de sus experimentos vemos cómo los robots obedecen a la voz. ¿Su interpretación es perfecta?
-Si doy órdenes a personas, muchas veces no me comprenden y hacen cosas que yo no pretendía. Es decir, no es cuestión de pretender una perfección total, ésa es otra concepción equivocada respecto a la IA. Nosotros no somos perfectos, ni los robots podrán serlo. No se puede construir la máquina perfecta. En nuestra inteligencia, lo importante es que cuando nos caemos, sabemos levantarnos.

-¿Por qué es Japón el país que está liderando en solitario toda la evolución de la robótica?
-En parte, porque Japón es un país que no le tiene miedo a invertir en el futuro. Europa tiene en la actualidad una mentalidad muy a corto plazo. Quiere conseguir productos útiles en muy poco tiempo, y eso es imposible. Además, las compañías japonesas reúnen competencias en áreas técnicas muy diversas que después pueden integrarse en la robótica. Creo que en Europa es urgente devolver a los científicos libertad creativa, algo que, al menos en nuestro campo, se ha perdido.

-¿Existen también razones culturales para que estos proyectos surjan en Japón?
-Sí. Ellos tienen menos miedo de la tecnología. En Europa, nuestra primera reacción es pensar en la amenaza que supone para la humanidad.

José Ángel Martos

 

Esta entrevista fue publicada en octubre de 2001, en el número 245 de MUY Interesante.

Etiquetas: Inteligencia Artificialrobotsrobóticatecnología

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