Lawrence Lessing: "La era digital necesita un nuevo tipo de copyright"


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Abogado y profesor de Derecho en la Universidad californiana de Stanford, Lawrence Lessig es un teórico del copyright alternativo, un tema de actualidad a causa de las batallas legales originadas por la masificación de las copias digitales y la distribución de música y otros contenidos por internet. Lessig asegura que hay que liberar la cultura de los excesos del modelo actual y de un concepto sobre la protección de contenidos que no encaja con la sociedad digital. Es una visión que no implica ninguna apología de la piratería y que Lessig argumenta detalladamente en obras como Por una cultura libre, su último libro hasta la fecha.

-¿Puede resumir sus críticas al modelo actual de copyright?
No responde a las posibilidades que abre la era digital. La distribución de contenidos ahora es mucho más barata y sencilla y lo lógico es que la tecnología se utilice para hacer llegar la cultura a la gente. Sin embargo, la industria quiere ejercer un control total sobre los contenidos. Se discute la copia privada, el derecho a compartir cosas y a crear reutilizando materiales ya existentes, como se ha hecho siempre. Y se está alargando la duración de la propiedad intelectual -en EE UU llevamos 11 extensiones en 40 años- para evitar que los materiales sean de dominio público.

-¿Cree que su defensa de un nuevo tipo de copyright es interpretada correctamente?
No. Mucha gente nos presenta como defensores de la piratería y partidarios de que los artistas no cobren derechos de autor. Esto es erróneo. No queremos abolir el copyright ni dejar a los artistas sin cobrar. Cuando Bill Gates dijo que éramos unos comunistas que queríamos destruir la propiedad privada lanzó una idiotez malintencionada. La era digital necesita un nuevo tipo de copyright. Y nosotros debemos explicar mejor cómo debe ser.

-En sus libros relata ejemplos chocantes. La Sociedad Americana de Compositores pidiendo a las Girls Scouts que paguen por las canciones que las niñas cantan en sus campamentos; la interminable batalla legal de una escritora para publicar una novela sobre los esclavos de Lo que el viento se llevó...
Son casos que reflejan los extremos a los que estamos llegando, y hay otro que es muy ilustrativo. Es el de un estudiante universitario que desarrolló un sistema para indexar y buscar archivos. No había música ni nada parecido. Las autoridades se fijaron en él y le reclamaron 15 millones de dólares por no respetar el copyright. Al final le preguntaron que cuánto dinero tenía, dijo que 12.000 dólares y le pusieron una multa por ese importe. Y aceptó pagar los 12.000 dólares porque defenderse en los tribunales le habría costado mucho más.

-¿Qué opina sobre las actuales tecnologías P2P de intercambio de ficheros?
La tecnología me parece fantástica, y apoyo el derecho de los innovadores a seguir creando herramientas como éstas. Lo que no apoyo son las violaciones del copyright que se hagan con su uso.

-En el pasado la industria ya intentó rechazar nuevas tecnologías y terminó por aceptarlas, por ejemplo el grabador de vídeo. ¿Pasará lo mismo ahora?
Es probable, pero el problema es que no tenemos tiempo. Disponemos de cinco años. Si no lo logramos, las nuevas tecnologías de control que se están preparando y una legislación cada vez más restrictiva ejercerán un poder como nunca se ha visto sobre la cultura.

-La piratería y el copyright aparecen siempre mezclados en el mismo saco. ¿Debe ser así?
No. La industria insiste en relacionarlos porque eso la beneficia y reconozco que nosotros no hemos sabido explicarnos. Estamos contra la piratería. Es ilícito e inmoral ganar dinero vendiendo algo que han hecho otros. Dicho esto, añado que la industria muchas veces utiliza la etiqueta "piratería" de forma inadecuada.

-Constantemente aparecen cifras de descargas de música en internet que se relacionan con menos ventas de discos...
Según datos de la asociación de las discográficas norteamericanas, las ventas de CD han caído de 882 millones a 803 millones de unidades -un 8,9%-, mientras que las descargas anuales de internet llegan a 2.100 millones de CD. Si cada descarga fuese una venta perdida, la industria habría sufrido una caída en ventas del 100%, no de un 8,9%. Las descargas no son necesariamente negativas, ya que ayudan a difundir la música. Y, además, ahí está el éxito de los sistemas de venta online de canciones de pago, como el iTunes de Apple, algo que debería tranquilizar a muchos.

-¿Cuales serían sus leyes básicas sobre propiedad intelectual?
Para simplificar, digamos que menos años de copyright, para que los contenidos pasen a ser de dominio público en un plazo razonable; podemos pensar en 14 años, más 14 prorrogables. Además, derecho a la copia privada y derecho de los usuarios para reutilizar contenidos sin fines comerciales: hay que poder enseñar a los niños a mezclar imágenes y sonidos en las escuelas sin que esto les convierta en delincuentes. Y hay que garantizar el acceso de los artistas a materiales genéricos que utilizan para crear nuevos contenidos.

-En muchos países europeos, entre ellos España, se cobra un canon en los soportes vírgenes por las posibles copias privadas y, paralelamente, la industria despliega sistemas anticopia. ¿Qué opina al respecto?
No tiene sentido. Es curioso, porque Europa legisla más que Estados Unidos y a veces cae en contradicciones flagrantes como ésta: cobrar un canon para permitir la copia y colocar luego sistemas anticopia. Esto es tener lo peor de los dos mundos.

-Algunas entidades europeas dicen que los usuarios no tienen derecho a la copia privada, mientras que las organizaciones de usuarios lo defienden. Y ha habido sentencias muy contradictorias en Francia y otros países...
La confusión y la incertidumbre existen en todas partes. Piense que en EE UU tenemos leyes que avalan la copia privada analógica, pero no hay ninguna ley sobre la copia digital. Y cada uno puede interpretar este vacío como quiera. Esto demuestra la falta de adecuación legal que se está produciendo. Yo soy partidario de la copia privada. El que graba un programa de televisión en su casa no es un pirata. Y del mismo modo tenemos derecho a hacer una copia de un disco para poder escucharlo en el coche.

-Usted es el creador de las licencias Creative Commons, que plantean un nuevo tipo de propiedad intelectual. ¿Cómo se están aplicando?
Se utilizan mucho en productos culturales -canciones, libros, películas, programas informáticos?-, y básicamente permiten la libre reutilización, distribución y copia del material cuando no hay fines comerciales, apoyan el uso creativo y social de los contenidos y salvaguardan los derechos de autor. Músicos de primera fila como David Byrne, Beasty Boys y Gilberto Gil, ministro de Cultura de Brasil, son algunos de los artistas que las apoyan. Y están las Creative Commons Deve loping Nations License en las que, si el autor quiere, determi nados productos disfrutan del copyright típico en los países ricos, pero pueden ser copiados y distribuidos libremente en los países pobres.

-En el tema de patentes hay países que también están pidiendo un cambio de escenario...
La pregunta que debemos hacernos es si el sistema actual ayuda o dificulta la innovación y el desarrollo. Yo creo que algunos aspectos del actual modelo de patentes son una traba y que hay que cambiarlos. Ahí está el tema de las medicinas contra el sida. Hay una presión muy grande de países como Brasil, Sudáfrica y otros para tener medicinas más baratas. Y quienes tienen el monopolio de los medicamentos no saben qué hacer, ya que si venden más barato a los países pobres, inmediatamente los países ricos se quejaran del precio que les aplican a ellos. Una posible solución es liberar el conocimiento.

-Detrás de todos estos planteamientos aparece una nueva forma de gestionar la información y el conocimiento. ¿Qué etiqueta le pone usted?
La cultura ha de ser libre y para desarrollarse necesita una estructura favorable y nunca restrictiva. Yo utilizo la palabra commons, que no sé cómo se puede traducir en castellano. No es comunismo. Es algo social, comunitario, aunque respetando el trabajo del creador, del investigador o de las empresas. Una cosa no excluye a la otra.

-Se busca un nuevo modelo, pero hay una colisión con la industria y con algunas leyes...
La hay. La gente debe darse cuenta de que es un problema importante. Hay que exigir a los políticos que legislen en favor de la sociedad. También es bueno que la gente use las tecnologías y vea lo que puede hace y lo que la ley le impide. Es el mejor sistema para darse cuenta de que muchas limitaciones actuales no tienen sentido y son reaccionarias

Àlex Barnet

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