Esther Dyson: "Los europeos usarán más Internet a través del teléfono móvil"

Esther Dyson está muerta de frío. La mañana madrileña es de las que no terminan de entrar en calor y el fino chal rosa que se ha traído a España no sirve de mucho. Tirita un poco mientras conecta su ordenador portátil a la línea telefónica y el flash de las docenas de mensajes que se descargan de repente ilumina la cara de la mujer más poderosa de Internet. Todos los días se levanta de madrugada para nadar, llueva o truene. Para colmo, ama Rusia y pasa largas temporadas en aquel país. ¿Cómo es posible que tenga tanto frío en Madrid? Es porque allí, según confiesa, va todo el día vestida con tejanos y cazadora, pero hoy ha tenido que ponerse el traje de hacer negocios.


-En las últimas semanas, los lectores de prensa económica de medio mundo desayunan cada mañana con los titulares de alguna gran fusión en el sector de la información. Ecos como los de la unión entre Time Warner y America On Line todavía resuenan. ¿En este panorama megaempresarial, tiene Internet algún hueco para las compañías modestas, para el pequeño empresario?
-Por supuesto que sí. Es cierto que los periódicos sólo se hacen eco de las fusiones entre gigantes, pero el auténtico tejido de Internet es la actividad pequeña. La Red pone a disposición de cualquiera una herramienta de trabajo y una oportunidad de negocio. Una compañía pequeña puede acceder a la misma información que Time Warner. Por ejemplo, la empresa que yo dirijo tiene 7 empleados.
Pongamos que, en lugar de hablar de Internet, estuviéramos hablando de comida. Evidentemente existen restaurantes y tiendas de comida, incluso hay un puñado de empresas multinacionales que se reparten un buen trozo del pastel del mercado alimenticio. Pero la inmensa mayoría de las ollas en las que se cuece y de las mesas en las que se come están en casas privadas. Hay millones de personas que cada día compran, cocinan, procesan e ingieren comida y no salen en las encuestas. Internet es igual, hay mucha gente creando contenidos, enviando mensajes de correo electrónico; novias que contactan con novios, padres que charlan con sus hijos... Ésta es la verdadera Internet.

-Pero parece que todo el mundo piensa en Internet para hacer negocios...
-No. ¿Cuánta gente piensa que el teléfono sólo sirve para hacer negocios? Es cierto que, a través de él, uno puede ganar dinero, pero no está sólo para eso. El propósito de Internet es hacer lo que tú quieras hacer. No es más que una herramienta... No es algo para gastar, no es un producto ni un medio de venta, es un utensilio.

-En cualquier caso, ¿es más fácil hacer negocios con esa herramienta que sin ella?
-Depende del negocio. No creo que Internet sea necesariamente el mejor medio de hacer negocios. De hecho, la Red no tiene por qué ser mejor o peor que el mundo real en nada. Me gusta más pensar que Internet forma parte del modo actual de hacer negocios, pero no es más que eso: una parte. Hoy viajo para ver en persona a un cliente, pero mañana puedo utilizar la Red para estudiar los precios de un producto... Ambas técnicas son productivas en el negocio de hoy, como lo es también utilizar el teléfono, leer documentos escritos...

-Llevamos ya unos cuantos meses del año 2000; parece que no ha pasado nada grave y que el famoso caos informático que se predecía ha quedado en agua de borrajas...¿Ha merecido la pena invertir tanto dinero en él?
-El efecto 2000 era un peligro real. Afortunadamente, hubo mucha gente que se dedicó a trabajar duramente para resolverlo y lo logró. Ha sido como ponerse una gran vacuna. Si usted se vacuna contra la gripe, no la tendrá; si todo el mundo lo hace, nadie padecerá la enfermedad: pero el mal seguirá siendo una amenaza real. Con el efecto 2000 ha pasado lo mismo, por fortuna. Personalmente, he conocido a un montón de gente que ha pasado años trabajando muy duro para solucionar los problemas derivados del cambio de dígitos y he de decir que ha sido un buen trabajo, todo un ejemplo de cómo diferentes intereses, diferentes personas e, incluso, diferentes Estados pueden ponerse de acuerdo para solucionar un problema común. De no haberse invertido tanto dinero y tanto esfuerzo, ahora estaríamos hablando de un auténtico desastre.

-Usted dice estar en este negocio no sólo por dinero sino por curiosidad intelectual.
-Sin duda. Internet es como un gran laboratorio. ¡Hay tantos experimentos que hacer! Suelo comparar mi relación con la Red como la de quien se sienta ante una gran bandeja donde te sirven cientos de aperitivos que tú puedes ir probando. Por ejemplo, yo hago muchos negocios en Rusia, algunos prósperos y otros no tanto, pero los mantengo porque me permiten seguir creando foros de discusión sobre innumerables temas muy distintos a los de mi entorno americano.

-Y, según parece, usted incluso es capaz de disfrutar haciendo negocios así.
-Es muy divertido.Cada vez que entro en la Red siento la emoción del día que me regalaron mi primera bicicleta. De repente tuve el poder de ir adonde quisiera cuando quisiera... No tenía que pedir a mis padres que me llevaran allí o esperar el autobús. Creo que Internet nos ha devuelto a los ciudadanos el poder de elegir.

-¿Y todo el mundo tiene acceso a esa bicicleta?
-No, existen dos grandes limitaciones. La primera es el dinero. Por muy barata que sea, la Red siempre será cara para alguien. Es un problema real, pero fácil de resolver, ya que las tecnologías cada vez son menos costosas. El segundo problema es más complicado: se trata de la educación, no todo el mundo tiene las mismas oportunidades de acceder al conocimiento digital. Pero con el tiempo habrá una mayor adecuación de los contenidos de Internet a cualquier tipo de persona. Habrá más vídeo, por lo que no será necesario leer, se podrá prescindir de los ordenadores, será más fácil navegar, existirán contenidos de calidad en todas las lenguas...
En resumen, Internet no es una herramienta igualitaria, no todo el mundo puede acceder de igual modo a ella, pero será cada vez más sencilla y, en comparación con otras tecnologías, será extremadamente barata.

-¿Cree que los Gobiernos tienen algún papel que jugar en Internet, o basta con que la dejen circular en paz?
-La verdad es que los Gobiernos tienen muy poco que hacer en Internet. O, al menos debería ser así. Deberían contentarse con realizar simplemente las acciones que tienen reservadas para otros ámbitos de la sociedad: fomentar la educación, procurar el uso legal de la Red, proteger a los ciudadanos contra sus peligros potenciales, ... No creo que se necesiten leyes especiales para Internet.
Una de las razones por las que EEUU ha tenido una mayor expansión en el comercio electrónico es que la gente no espera a que le den permiso para hacer algo. Basta con proponerse "voy a iniciar un negocio on line; voy a hacer algo útil y voy a vender mi producto por mí mismo, sin intermediarios". No hace falta nada más. Yo no tengo licencia de ningún tipo para hacer mi negocio. En Europa, sin embargo, la tradición te obliga a pedir permiso para abrir tu tenderete electrónico. Por eso, Internet siempre está en la mente de los políticos europeos que se empeñan en diseñar políticas sobre el negocio electrónico.
A muchos esto nos parece un poco absurdo. No puedes fragmentar Internet con legislaciones nacionales porque en la Red no hay fronteras.
Pongamos por ejemplo uno de los métodos de pago más universales. Si yo tengo un problema en Brasil, EE UU o en España con mi tarjeta VISA, no voy a llamar a la policía o al Gobierno de ese país, llamaré a la central de la entidad que me ha otorgado la tarjeta y les haré llegar mi queja.

-Hay más diferencias entre América y Europa. Por ejemplo, en EE UU las infraestructuras de telecomunicaciones son más baratas...
-Sí, es una diferencia muy importante, pero también puede ser resuelta. En Estados Unidos Internet es un fenómeno relacionado sobre todo con el ordenador personal. Creo que en Europa va a ser más un fenómeno relacionado con la comunicación sin cables. Las telecomunicaciones inalámbricas aún son caras, pero resultan relativamente más baratas en el Viejo Continente.

-¿Y eso va a imponer un cambio en la mentalidad del empresario digital?
-Debería hacerlo. En EE UU, cuando algún empresario te quiere mostrar lo que hace saca su ordenador portátil de la funda, lo abre, lo enchufa, teclea la dirección, espera a que el módem se conecte... Este proceso es un trabajo que lleva al menos un cuarto de hora de espera antes que pueda empezar a hablar sobre el producto que quiere venderte.
El otro día, sin embargo, conocí a un directivo español que me quería enseñar algunos logros de su empresa: cogió el teléfono móvil, lo encendió y allí desplegó toda la información que necesitaba. Internet será mucho más accesible en Europa a través del teléfono móvil. No me extraña que todo el mundo quiera apuntarse al carro. ¿Cuántos teléfonos móviles se vendieron en España la pasada Navidad?

-¿Cree que esta mentalidad inalámbrica también se podrá exportar a Estados Unidos?
-Estoy segura de que sí. Y Europa irá a la cabeza de todas las iniciativas que se tomen en ese sentido. Creo además que este tipo de aplicaciones es mucho más popular, la gente se siente más cómoda utilizando el móvil que utilizando el PC.

-Estas palabras van a caer como llovidas del cielo para todos los que tengan acciones en alguna gran compañía de comunicación inalámbrica... ¿Por cierto, el gran boom bursátil de las empresas de telecomunicaciones tiene algún límite?
-Es evidente que a las empresas basadas en Internet les espera un gran futuro, pero creo que algunas presentan un valor demasiado alto en Bolsa. En cierto sentido los inversores están experimentando. Y cuando experimentas corres el riesgo de aprender por la vía del error: aprender dónde no se debe invertir.
Personalmente prefiero ayudar a las empresas antes de que salgan al mercado de valores. Es cuando realmente necesitan la ayuda.

-Y a este espectáculo megaempresarial donde se habla de billones como de churros el usuario asiste atónito. ¿Cómo va a cambiar de verdad su vida?
-Pues no mucho. Simplemente hará las cosas un poco más rápidamente y accederá a algo más de información. Pero cuando se pase la fiebre Internet habrá entrado en nuestras vidas con toda naturalidad: dejaremos de decir con orgullo: "he mandado un mensaje electrónico a fulanito". Nos bastará con contar que "hemos contactado con él". ¡Qué importa si ha sido por Internet o por teléfono!

-¿Y cuando el usuario se convierta en consumidor...? Da la sensación de que el comercio electrónico va a revolucionar nuestras vidas, cuando en el fondo seguirá siendo simplemente una relación entre un vendedor y un consumidor con un producto de por medio que tiene un determinado precio.
-Sí, pero las cosas ya nunca serán como ahora. El principal cambio es que vas a tener de un solo vistazo mucha más información de la que antes podrías soñar. Podrás comparar precios, ofertas y servicios... Y esto dota de un gran poder al individuo frente a las empresas y frente a las instituciones. Pero, ¡ojo!, el individuo puede ser un consumidor o un productor. Internet dará más poder a ambos. La idea comunista clásica de dotar a los individuos de los medios de producción, pero controlados por los soviets ha girado 180 grados. Ahora, el ideal de Internet es dar al ciudadano los medios de producción y su control. De repente, el pequeño vendedor de calcetines puede comunicarse con sus clientes potenciales al mismo nivel que El Corte Inglés, e incluso mejor.

-¿Internet reproduce el mundo real con sus luces y sus sombras?
-Sin duda, con sus oportunidades y sus obstáculos

-Por ejemplo: ¿Internet es machista?
-En Internet es un poco más fácil no ser machista porque no es necesario trabajar con una apariencia física. La gente tiene nombres masculinos y femeninos, por supuesto, pero no tiene cuerpos y caras masculinas o femeninas. En el mundo real todo es química y muchas veces trabajamos bajo los efectos de las reacciones químicas. En Internet no.

-¿Y es más facil también ser respetuoso con todas las culturas, por ejemplo, con las no sajonas?
-Quizás ése sea uno de los mayores pecados de los americanos en Internet. El resto del mundo se esfuerza por hablar inglés y rastrear los contenidos americanos que hay en la Red. Pero los americanos en Internet no dejan de mirarse el ombligo. No buscan información en otras lenguas ni contenidos de otras culturas. En esto también los europeos juegan con ventaja.

-Estoy mirando su diminuto ordenador portátil... ¿Esta fiebre por fabricar objetos cada vez más pequeños tiene sentido?
-El límite técnico para la miniaturización de los aparatos es todavía inimaginable. Pero existe otra frontera: la de la práctica. Todos necesitamos algo a lo que agarrarnos, un teclado que sea suficientemente grande como para que mis dedos lo usen, un monitor que puedan ver mis ojos. En el futuro quizás se fabriquen pantallas que quepan en unas gafas y teclados con la textura y el tamaño de un trozo de tela del bolsillo de tu pantalón. Pero los usuarios somos seres humanos con unas dimensiones determinadas que no se pueden forzar.
Es imprescindible que se fabrique todo tipo de aparatos: los más diminutos para quienes quieran usarlos, pero también herramientas grandes y universales, más fáciles de usar, con menos barreras para las personas discapacitadas. En Internet no queremos un único mensaje, una única lengua, un único contenido. En tecnología no queremos un único modelo de máquina.
Jorge Alcalde

 

Esta entrevista fue publicada en marzo de 2000, en el número 226 de MUY Interesante.

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