Andy Grove: "El reto para el futuro sigue siendo la rapidez"


-A sus 59 años, y siendo millonario, ¿no se le ocurre nada mejor que planificar series de chips que, irremediablemente, se quedarán anticuados en pocos meses?
-En interés de la empresa y en el de mi vida privada, tengo pensado abandonar este trabajo dentro de un par de años, aunque, la verdad sea dicha, no soy capaz de imaginar ninguna otra tarea tan interesante como ésta.

-De joven usted quería ser periodista y publicó algunos artículos, pero luego emigró a Estados Unidos y se fugó a la ciencia.
-Eran los primeros años cincuenta, la época sombría del estalinismo. Algunos miembros de mi familia y yo mismo caímos en desgracia sin entender verdaderamente la razón. Para un joven de 14 años, eso es un golpe muy duro y yo reaccioné así.

-¿No sería porque las cifras y las máquinas le resultaban a usted menos impredecibles que las coyunturas políticas?
-Sí. Pero la ironía de la historia es que, cuando ya me había decidido por algo, me topé con el siguiente escollo, las matemáticas, que no eran precisamente mi fuerte. Así que me puse a estudiar química, porque tiene menos que ver con los números. Ahora mi interés principal se orienta hacia el punto de unión de la tecnología y de los mercados.

-A veces, la cosa se tuerce, como pasó con el Pentium, que al principio estaba afectado por un error a la hora de dividir. La revista americana Business Week tituló su artículo sobre el tema:  "La lección para Andrew Grove".
-Ésa es una de las historias que más me gustaría olvidar.

-¿Cuáles son las lecciones que han llevado a Andy Grove y a Intel a la cabeza de la industria y las que les han permitido mantenerse en esa posición?
-Suelo emprender cosas y, cuando percibo reacciones, modifico mi proceder. Y todo lo hago paso a paso: éste sería mi patrón básico de comportamiento.

?"Sólo quien es un paranoico sobrevive", es una frase suya. Su colega Craig Barrett, cuando dijo "Somos paranoicos competitivos",  confirmó que, en cierto modo, ese lema se ha convertido en reglamento de empresa en Intel.
-Se trata de algo más que de una mera manía persecutoria. Cuanto más éxito tiene uno, mayor es el número de personas que desean hacerse con una parte de lo que ha originado ese éxito. Ésa es la razón de que construyamos fábricas antes de tener una idea precisa del tipo de chips que produciremos en ellas. Nunca hemos llegado a una situación en la que pudiéramos, simplemente, apoltronarnos.


-¿De dónde proviene en este momento el principal peligro para ustedes?
-Actualmente, la mayor amenaza es también nuestra mejor oportunidad: Internet. Es lo que va a determinar el futuro de la comunicación, y sus posibilidades son gigantescas. Pero si no actuamos con prudencia, ese desarrollo se puede volver contra nosotros.

-¿Navega usted en la red de Internet?
-Sí, una o dos horas por semana. Cuando leo los periódicos suelo arrancar las direcciones de Internet y, cuando estoy en línea, pincho en la siguiente referencia cruzada, y así sucesivamente, hasta que al final me siento completamente perdido y frustrado.

-Su colega Larry Ellison, jefe de la empresa Oracle, que fabrica bancos de datos, asegura que las memorias de datos en la red irán sustituyendo al PC convencional. En su lugar aparecerá el terminal tonto. ¿Malos tiempos para los chips de Intel?
-La red influirá decisivamente en el proceso de datos. Sin embargo, no puedo entender de qué manera uno de esos terminales tontos sustituirá al PC. Los aparatos que Larry tiene en mente -tendrían que ser más sencillos aún que los PCs que ya nadie compró en las últimas Navidades. Creo que Larry está tan ciego de odio contra Microsoft que ha acabado por engañarse a sí mismo.

-Con Microsoft de Bill Gates le une a usted, desde hace 17 años, una alianza informal que ha desembocado en la creación de un sistema standard, el Wintel PC, es decir, programas de Windows más chips de Intel. ¿Cómo se entiende usted personalmente con mister Microsoft, un hombre que, por edad, podría ser su hijo?
-Nunca he considerado nuestra relación desde ese punto de vista. Nos entendemos bien. Existen entre ambas compañías más cosas en común que disparidades: ambas son agresivas, competitivas, rápidas. Nosotros somos un poco más viejos y más suaves. En esto se manifiesta la diferencia de diez años en la edad media de los equipos directivos de ambas empresas.

-¿Será ésta la razón por la que no es fácil acusarles de prácticas monopolistas? Esta acusación se lanza con frecuencia contra Microsoft.
-Nunca hemos dejado de tener competencia, nunca. Pero ninguno de los seis procesos judiciales emprendidos contra nosotros ha prosperado. En ese punto somos extraordinariamente precavidos, algo que se consigue con la edad. A nuestros directivos de ventas les instruimos muy escrupulosamente acerca de los métodos, limpios y sucios, de competencia.

-¿Está usted acusando a Microsoft de usar métodos poco limpios?
-En modo alguno tiene por qué entenderse como una crítica.

-A usted le llaman en el gremio el Húngaro Loco. Hace poco, Gordon Moore, cofundador de Intel, bromeaba diciendo: "Sin Andy, seríamos una empresa mucho más simpática y agradable".
-Yo soy alguien que ejerce mucha presión, pero también me gusta que tiren de mí. Si no somos nosotros quienes nos presionamos, será otro el que lo haga. En un principio era el tiempo, luego vino el tiempo del PC, un tiempo más rápido; ahora llega a nosotros el tiempo de Internet, que es bastante más rápido. El reto sigue siendo el de tener que ser todavía más rápidos. A esa forma de ver las cosas le debo mi desastrosa reputación.


-Bill Gates integra en su vida cotidiana tecnologías como el correo electrónico. ¿Cuál es su actitud a ese respecto?
-Para mí lo más útil es ProShare, el sistema de videoconferencia a través de PC, con el que puedo darlas desde mi casa o desde mi oficina, mientras mi público se encuentra en Europa o en Asia. El correo electrónico, Internet y un programa de tratamiento de textos son herramientas importantes para mí.

-¿Le gustaría leer el periódico en un monitor?
-No. Eso me resulta tan difícil de imaginar como los libros electrónicos. Por muy bueno que sea el aparato, no permite reclinarse en una butaca con una taza de café en la mano. Al contrario de lo que se ha entendido hasta ahora, estamos ante un medio completamente nuevo que no es un sucedáneo de los convencionales. Pondré un ejemplo: el DVD (Digital Video Disk), que está ya en marcha, permite una densidad de datos y una velocidad de transmisión completamente nuevas y hace posibles experiencias audiovisuales que eclipsan a cualquier consola de videojuegos. Si se asocia con Internet, con dos horas y media de cine multimedia se pueden configurar todo tipo de fascinantes aplicaciones. En un futuro próximo, puede que el módem esté tan desarrollado que sea posible conectar directamente el PC al cable de televisión.

-La tecnología de la información está cambiando la economía mundial. Las compañías de Silicon Valley abren sucursales en India o en China. ¿Qué papel desempeñarán esos países?
-Allí están surgiendo gigantescos mercados de consumidores. En lo que se refiere al consumo de PCs, China se ha situado en el sexto puesto del mundo, y eso sólo es el comienzo. China se va perfilando como un exportador dedicado a la producción de componentes electrónicos y se convertirá en un competidor de Estados Unidos.

-¿Cree que, en el futuro, los trabajadores emigrantes llegarán a través de la red informática?
-Ya han llegado, y no hay nada que objetar. Un libro o una revista pueden componerse en un país con bajos costes salariales y enviarse por la red hasta donde se impriman. Surgirá una resistencia proteccionista, pero no creo que tenga el menor éxito. Los niveles de vida tenderán a igualarse: una buena noticia para los países en desarrollo y menos buena para las naciones industrializadas.

-¿Y para Intel?
-Nos gusta hablar de globalización de mercados, al menos mientras seamos nosotros los exportadores. Pero no sólo significa mejores oportunidades, sino  también una competencia más dura. Para que se vea que, en ese terreno, nunca se es lo bastante paranoico.

T. Borchert y G. Meissner

Esta entrevista fue publicada en julio de1996, en el número 182 de MUY Interesante

 


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