¿Todo cerebro cambia igual en el envejecimiento?

El paso del tiempo es algo inevitable y, con ello, nuestro envejecimiento. A unos con mayor y a otros con menor éxito, la vejez llega ocasionando cambios en nuestro organismo.

Como cualquier otro órgano del cuerpo, el cerebro también se hace mayor y se dan modificaciones que pueden explicar por qué también se deterioran algunas capacidades cognitivas como por ejemplo la memoria.

Sin embargo, los científicos han observado que, mientras a nivel cognitivo es frecuente hallar un declive, otras habilidades como las emocionales podrían permanecer relativamente estables. Esta observación hace que nos cuestionemos si todo el cerebro envejece por igual o hay zonas o sistemas que se mantienen jóvenes por más tiempo.

Esta cuestión han intentado resolverla Peter S. Pressman y otros colaboradores del Memory and Aging Center en la Universidad de California. En su estudio participaron un total de 258 personas de entre 60 y 100 años, sin quejas de memoria, ni problemas en sus actividades cotidianas y con una evaluación cognitiva general en rangos normales (medida con el resultado en un test llamado Mini-Mental State Evaluation, que debía ser igual o mayor de 26 puntos sobre 30). A todos los individuos se les realizaron evaluaciones neuropsicológicas, exámenes neurológicos y una resonancia magnética cerebral. Del grupo total, un subgrupo de 84 participantes fueron reevaluados en un tiempo posterior y se les realizaron de dos a tres nuevas resonancias para poder valorar los cambios en ciertas zonas del cerebro.

Las áreas escogidas se dividieron en emocionales (p.ej. la amígdala, la ínsula o la corteza orbitofrontal) y cognitivas (lóbulo parietal, área temporal lateral, temporal medial…). Los análisis estadísticos de los scanner de esos 84 pacientes mostraron que, en general, no se observaban diferencias en el ritmo en que las áreas cognitivas y emocionales se modificaban con el tiempo. Un estudio más detallado realizado área por área mostró, en cambio, que la corteza cingulada anterior permanecía relativamente más preservada, así como una mayor pérdida de volumen en una estructura llamada núcleo accumbens. La corteza cingulada anterior se ha relacionado en otros estudios con el efecto de la positividad en las personas mayores, que es la tendencia a prestar atención a estímulos positivos como expresiones faciales, palabras o imágenes alegres.

Estos datos, publicados recientemente en la revista PLoS ONE (2016) nos animan a plantearnos otros dilemas como si existe alguna posibilidad de estimular las áreas cerebrales que más se deterioran para evitar su declive, o si las áreas emocionales pueden entrenarse igual que las cognitivas, todo con la intención de mantener un buen funcionamiento mental y emocional durante el mayor tiempo posible. Quizá otros estudios vayan arrojando luz sobre estas preguntas, pero de momento, nos tocará esperar.

Marisa Fernández Sánchez, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

Etiquetas: cerebrocerebro humanoenvejecimiento

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