Tocar la guitarra te hace más atractivo

Así lo encontraron Sigal Tifferet y sus colaboradores cuando hicieron un experimento en Facebook. El estudio, publicado en Letters on Evolutionary Behavioural Science en 2012, intentaba dar soporte a la idea planteada por G. F. Miller (2000) de que existe la posibilidad de que la musicalidad del ser humano sea resultado de la selección natural a través de la selección sexual. Según los autores, la habilidad musical podría ser un índice de buenas capacidades de aprendizaje o de motricidad fina, o incluso un signo de poder adquisitivo ya que adquirir un instrumento musical y aprender a tocarlo suele tener cierto coste económico.

En el experimento, se crearon dos perfiles idénticos de Facebook en los que aparecía el mismo hombre joven sonriente. La única diferencia entre ellos era que en un caso el joven aparecía en la foto con una guitarra en la foto mientras que en la otra no. Seleccionaron los perfiles de Facebook de 100 mujeres solteras pertenecientes a grupos de estudiantes. A la mitad de ellas se les envió un mensaje desde el perfil del joven con la guitarra y a la otra mitad desde el perfil del chico sin el instrumento. El mensaje, siempre el mismo, decía algo semejante a  ‘Hola, ¿qué tal?  Me gusta tu foto’.

Los resultados mostraron que un 28% de las mujeres aceptaron la solicitud de amistad realizada por el chico que aparecía con la guitarra, frente a un 10% que aceptó al joven sin la guitarra. Así, los autores concluyen que las respuestas positivas fueron significativamente más prevalentes para las peticiones del chico sosteniendo la guitarra, lo que parece que le hizo más atractivo frente a las mujeres.  

Algunas cuestiones quedan por resolver a este respecto, por ejemplo, ¿qué pasaría si el experimento se hiciese con fotos de mujeres invitando a hombres? ¿Se mantendría el efecto?   ¿Sucederá lo mismo en contextos reales fuera de las redes sociales en internet? Y ¿cómo se refleja todo esto en el cerebro humano? Todo un mundo por descubrir.

Marisa Fernández, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

Etiquetas: cuerpo humanopsicologíaredes sociales

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