¿Ser más inteligente es procesar mejor la información?

Si nos ceñimos a su significado etimológico, la palabra ‘inteligencia’ significa ‘escoger entre’… de forma que ser inteligente bien podría definirse como saber escoger. Y no en vano se ha definido la inteligencia como la capacidad que nos permite resolver problemas y escoger la mejor solución. Sin embargo, no debemos olvidar que la cuestión de la definición sobre qué es inteligencia sigue sin estar resuelta y los expertos siguen peleándose con este escurridizo aspecto de la realidad humana.

 

Una aproximación reciente a este concepto es el del papel que juegan factores como el procesamiento de la información y la memoria de trabajo en la inteligencia. Ya en 2013, Melnick y su equipo de colaboradores encontraron que un mayor cociente intelectual (CI) se relacionaba con una mejor capacidad para discriminar la información visual relevante de la no relevante y procesarla lo más rápido posible de cara a poder tomar una decisión. En este estudio, los participantes tenían que decir si un estímulo que aparecía en una pantalla se movía hacia la derecha o la izquierda.

 

Más actual es el trabajo de Cai-Ping Dang y otros colaboradores que ha sido publicado recientemente en Personality and Individual Differences (2015). En la investigación participaron 253 estudiantes universitarios chinos que realizaron diferentes tareas para evaluar la velocidad de procesamiento de la información, la capacidad de almacenamiento de la memoria a corto plazo y su memoria de trabajo, además de medir su inteligencia fluida (menos dependiente de la educación formal) y cristalizada (más relacionada con conocimientos adquiridos).

 

Según los datos, la velocidad de procesamiento de la información es un aspecto importante del sistema ya que, junto con la capacidad de almacenamiento a corto plazo de los datos, estaría en la base de la relación entre la memoria de trabajo (capacidad de mantener y manipular la información online en la mente) y la inteligencia. De hecho, parece que la velocidad de procesamiento explicaría la relación que se ha encontrado habitualmente entre la inteligencia fluida y la memoria de trabajo.

 

Todo ello querría decir que ser capaz de almacenar muchos datos por un tiempo breve y procesar la información más rápido contribuiría de algún modo a ser más hábil a la hora de mantener y manipular distintos datos en la memoria y operar con ellos hasta tomar una decisión. Y de forma interesante, éste fenómeno sería más relevante en las tareas de inteligencia fluida, que no dependen tanto del conocimiento adquirido en la escuela o los libros como de nuestra capacidad para resolver problemas y ajustarnos a las situaciones de forma flexible.

 

Lo más interesante de todo es que aunque no dependan de la educación formal, la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y la resolución de problemas pueden entrenarse. Si con ello podemos considerarnos más inteligentes y nos permite adaptamos mejor, pues bienvenido sea.

 

Marisa Fernández, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

 

 

Etiquetas: cerebrointeligenciasalud

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