Que rías (y sonrías) más o menos depende de tus genes

¿Por qué algunas personas suelen sonreír con tanta facilidad y a otras les cuesta tanto? Un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad Northwestern (EE.UU.) y de la Universidad de Ginebra (Suiza) ha determinado que la reactividad emocional depende de nuestro ADN. El trabajo ha sido publicado en la revista American Psychological Association journal Emotion.

 

Los investigadores analizaron los alelos cortos y largos del gen 5-HTTLPR (implicado en la regulación de la serotonina y por tanto en la depresión y la ansiedad) de un grupo de 336 voluntarios. Teniendo en cuenta que los seres humanos heredamos un alelo (cada gen tiene dos alelos) de la madre y otro del padre, los científicos querían averiguar si la longitud de los alelos tenía una vinculación directa a la sensibilidad a las emociones, en este caso, positivas.

 

Así, los participantes fueron sometidos a tres experimentos distintos: en el primero, realizaron un visionado de dibujos animados para comprobar sus reacciones; en el segundo, observaron una película sutilmente divertida; por último, pidieron a las parejas que discutieran un área en desacuerdo de su matrimonio. Todos los experimentos fueron grabados de principio a fin y sus expresiones emocionales grabadas. También se tomaron muestras de saliva de todos los participantes.

 

Utilizando el Facial Action Coding System, los investigadores se centraron en las emociones genuinas o reales detectadas por este sistema. Los datos de los tres experimentos revelaron que las personas con el alelo corto del gen 5-HTTLPR mostraron mayores expresiones emocionales positivas que aquellas con el alelo largo del gen.

 

“Nuestro estudio proporciona una imagen más completa de la vida emocional de las personas con el alelo corto. Las personas con alelos cortos pueden florecer en un ambiente positivo y sufrir en uno negativo, mientras que las personas con alelos largos son menos sensibles a las condiciones ambientales”, explica Claudia M. Haase, coautora del estudio.

 

Etiquetas: genéticasalud

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