Optimistas por naturaleza

Optimistas por naturalezaCuando pensamos en el futuro, los seres humanos esperamos vivir mucho tiempo y tener más éxito que la media, y subestimamos nuestras probabilidades de enfrentarnos a una demanda de divorcio o padecer cáncer. Un equipo de investigadores de la Universidad de Nueva York acaba de identificar la zona del cerebro donde reside esta tendencia natural al optimismo. Se trata de una red de neuronas ubicadas en la corteza cingulada anterior y la amígdala. Según se expone hoy en la revista Nature, esta región es precisamente la que se perturba cuando sufrimos depresión.

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras estudiar los cerebros de dieciocho voluntarios con ayuda de resonancia magnética funcional mientras se imaginaban a sí mismos en hipotéticas situaciones como ganar un premio o acabar una relación amorosa. "Los estudios sugieren que ,mientras nuestro pasado está restringido, el futuro está abierto a interpretaciones, lo que nos permite distanciarnos de posibles acontecimientos negativos y dirigirnos hacia los positivos", explica Elizabeth Phelps, profesora de psicología y coautora de la investigación. "Entender el optimismo es crítico porque está relacionado con nuestra salud física y mental; el pesimismo, por el contrario, está ligado a la depresión", añade.

A la vista de los resultados, el neurofisiólogo australiano Marcello Costa considera que este trabajo reduce la tradicional separación entre cerebro y mente. En el contexto actual, dice Costa, las últimas investigaciones confirman el papel esencial que juegan las tendencias emocionales en nuestra "vida mental cotidiana", ya que se ha demostrado que "estados aparentemente diferentes como la autorreflexión, las esperanzas y los sueños, nuestras preferencias y los juicios sobre la honradez de los demás están asociados a las mismas regiones cerebrales: el córtex frontal y la amígdala". No obstante, recuerda el investigador, ubicar tendencias como el optimismo o el pesimismo en regiones concretas del cerebro es sólo el primer paso para entender cómo funciona realmente nuestro órgano pensante.

Nature (http://www.nature.com/)  

Etiquetas: cerebroneurociencia

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