Mariano Barbacid: "Queremos lograr que se pueda convivir con el cáncer"


Mariano Barbacid está de mudanza. Pronto trasladará sus bártulos a la nueva sede del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas que dirige desde abril de 1998. Aquella fecha resuena ya como clave en su biografía, curtida a base de triunfos fuera de España. En 1982, fue coautor del descubrimiento del primer oncogén humano, el ras, y, desde entonces, aparece en las listas de cerebros fugados más eminentes.


Aceptar el encargo de poner en pie el CNIO, posiblemente la joya de la corona de la investigación española actual, le ha servido para que la gente le reconozca por la calle y para plantearse contribuir a un cambio radical en las estructuras científicas del país. Su primer bombazo ha llegado de la mano de los biochips, estructuras informáticas para el diagnóstico del cáncer, que Barbacid quiere fabricar en España. Hasta ahora, su uso es limitado por los elevados costes de su compra en el mercado estadounidense. Es la primera aportación a la sociedad del centro que dirige.


-Pero no será la última...
-Éste es un año clave para el CNIO, porque, aunque ya hay varias actividades en marcha, ahora esperamos dar el pistoletazo de salida definitivo. En este nuevo curso se completará la obra del edificio que va a albergarnos, en lo que en Madrid se conoce como Hospital Victoria Eugenia. Se espera que esté completado en la primavera de 2001.

-Una vez en la nueva casa, se pondrán en marcha definitivamente todas las líneas de investigación del centro. ¿Podría resumirlas?
-Fundamentalmente, trabajamos en dos direcciones: una línea de investigación básica y otra de investigación aplicada. La básica se centrará sobre todo -aunque esto dependerá mucho de los recursos que podamos ser capaces de atraer hacia el centro- en los mecanismos de la transformación maligna, lo que conocemos con el nombre genérico de oncología molecular, y en la identificación de los genes que en mayor o menor medida están involucrados en la formación del cáncer.

-¿También en los llamados genes modificadores?
-Por supuesto, trabajaremos en la identificación de genes que son directamente responsables del mal. Pero también en los que llamamos genes modificadores, es decir, aquéllos que por sí solos no causan cáncer pero que nos hacen más o menos propensos a desarrollarlo.

-Éstos serían los responsables de que entre dos personas expuestas a los mismos factores de riesgo una desarrolle cáncer y otra no.
-Exacto. Nos encontramos en un campo totalmente virgen de la investigación oncológica. Hasta ahora, en humanos no se conoce ningún gen que por sí solo no sea responsable del desarrollo tumoral, pero que se vuelva pernicioso y tenga incidencia en la enfermedad cuando muta otro tipo de genes llamados oncongenes.

-¿Y en cuanto a las líneas de investigación aplicada?
-Aquí contamos con dos grandes programas. El de patología molecular es un programa fundamentalmente de diagnóstico que está en marcha ya. Pretende utilizar los biochips para poder establecer una correlación entre los patrones de expresión de los tumores y su desarrollo y comportamiento clínico a fin de identificar su posible respuesta a los fármacos. Es un área de investigación muy fructífera en Estados Unidos que queremos implantar en España con el menor retraso posible.
El segundo proyecto está dedicado a las terapias experimentales. Es decir, al descubrimiento de nuevos fármacos basados no en su actividad citotóxica, como los tradicionales, sino en dianas moleculares. En el CNIO queremos conseguir fármacos lo más selectivos posibles contra la célula tumoral.

-Ante un proyecto tan costoso como éste, la sociedad, que es quien paga, exige resultados. ¿Tiene suficiente peso en el CNIO la investigación aplicada?
-En este centro tendrán el mismo peso la investigación básica que la aplicada. De hecho, será uno de los organismos de investigación oncológica en el mundo con mayor porcentaje de investigación aplicada. Normalmente, en los centros europeos se tiende hacia la básica y en EE UU la aplicada la realiza la industria farmacéutica. En España tenemos muy poca industria, quitando el bueno pero aislado ejemplo de Farmamar, así que el CNIO viene a rellenar este vacío. El programa de búsqueda de fármacos ocupará un 25 por 100 de nuestros recursos.

-No dejan de aparecer noticias esperanzadoras sobre el cáncer. Pero lo cierto es que la enfermedad sigue ahí y, en algunas de sus manifestaciones, con una prevalencia creciente. ¿Qué sabemos de verdad de ella?
-Hace 20 años dimos comienzo a una etapa gloriosa. El primer oncogén se aisló en 1981 y se publicó al año siguiente; hoy conocemos más de 100 genes implicados en el desarrollo del cáncer. De ellos, la mitad son oncogenes y la otra mitad son genes supresores de tumores o genes mutadores. Cada día vamos conociendo más sobre la relación entre esos genes. Sabemos que no funcionan aislados, sino que están dentro de una trama de transmisión de señales.
La célula en la sociedad en la que vive, es decir, en el individuo, no es egoísta: antes de causar daño, prefiere suicidarse por apoptosis. Pero cuando los genes que regulan dicha apoptosis fallan, la célula se hace egoísta, no se quiere morir

-¿Así es como, a la larga, se desarrolla el tumor?
-Sí, aparte de lo que conocemos como la ruta mutadora, que todavía es más fácil de entender. Consiste en la presencia de unos genes de reparación que no funcionan y, por lo tanto, acumulan mutaciones que o bien activan un oncogén o desactivan un gen inhibidor de la proliferación celular. Todo esto lo conocemos con gran detalle.

-¿Con tanto detalle como para aventurar posibles estrategias para detener el proceso?
-Ése es nuestro gran reto. Pero se trata de un paso adelante muy complicado. Resulta que las diferencias entre una célula tumoral y una normal son mínimas, sobre todo en sus orígenes. No es como una infección, donde un virus o una bacteria modifican evidentemente a la célula. Aquí estamos hablando de nuestras propias proteínas que actúan un poquito más cuando inducen a la proliferación celular o un poquito menos cuando están derivadas de los genes supresores.
De modo que la célula tumoral no es un agente completamente diferenciado que podamos extirpar con facilidad. La terapia consiste en manipular sutilmente procesos que suceden en la célula normal, pero que están desregulados. Encontrar inhibidores específicos con el objetivo de que la quimioterapia sea efectiva y no afecte a las células normales es muy difícil.

-Tampoco lo es conocer exactamente qué agente produce el cáncer...
-Tenemos nuestras ideas que nos permiten determinar que hay causas externas que son evitables y otras internas que, al menos hoy, parecen inevitables. Cada vez que nuestra célula se divide tiene que copiar una cadena de 3.000 millones de unidades. Las probabilidades de error no son muy altas porque si no habríamos desaparecido como especie, pero las hay. No podemos evitar que se produzcan errores en la replicación de DNA y cuando ese error surge en un gen importante para la proliferación celular, puede haber una mutación espontánea contra la que no se puede hacer nada. Si el ser humano viviera 150 años y no hubiera otras causas de muerte, todos terminaríamos padeciendo cáncer.

-Pero no todos los cánceres nacen así, por desgracia.
-No. Existen agentes externos que pueden producir mutaciones. Por ejemplo, el primer cáncer ocupacional se descubrió entre los deshollinadores de Inglaterra y fue el cáncer de escroto. Al parecer, esos hombres se tocaban con las manos llenas de alquitrán y los carcinógenos del hollín penetraban a través de la piel.
Hoy, ese cáncer está prácticamente erradicado de los países desarrollados porque ya se conocen los agentes que lo producen. Pero, desgraciadamente, el ser humano a veces hace cosas incomprensibles.

-Sé que me va a hablar de uno de sus temas favoritos... el tabaco.
-Fumar no es otra cosa que autolesionarse. Es cierto que hay personas que son más propensas a desarrollar un tumor que otras. No todo el mundo que fuma una determinada cantidad de tabaco durante el mismo tiempo tiene las mismas probabilidades. Pero está claro que algunos tipos de cáncer como el de pulmón, son casi exclusivos de fumadores. Si hoy la gente dejara de fumar en el mundo, dentro de 20 años la disminución del cáncer en edades inferiores a 70 años sería espectacular.
El cáncer que a más gente mata, que es el de pulmón, es totalmente evitable. ¿Cómo es posible que una sociedad que se dice culta sea capaz de autolesionarse con este hábito? Esto es algo que entre los oncólogos no podemos explicar. Basta con decir que la forma más eficaz de luchar contra el cáncer es dejar de fumar. Mucho más que con cualquier fármaco que se pueda descubrir en 10 años.

-¿Tiene datos para avalar esto último?
-La campaña antitabaco en EE UU ya está dando sus frutos con una clara disminución de las muertes. La tasa de muerte por cáncer de pulmón ya no aumenta allí en hombres.

-Hay otros agentes de cuya malignidad no tenemos información suficiente, como las radiaciones electromagnéticas o los teléfonos móviles...
-Toda la información sobre el cáncer aparece publicada en revistas y lo importante es buscar en las que realmente tienen prestigio. Aunque a veces, al tratarse de temas experimentales, se pueden dar interpretaciones erróneas. Los dos agentes que nadie duda de que estén involucrados en el desarrollo del cáncer en nuestra sociedad son el tabaco y los rayos ultravioleta. En otras sociedades tienen también prevalencia los virus, como el virus de papiloma en el cáncer de cérvix y el de la hepatitis en el cáncer de hígado.
En cuanto a otros agentes como ondas electromagnéticas o teléfonos móviles, todavía hay un debate abierto y no podemos decir sí o no. A lo mejor nunca podremos decirlo. Sobre ondas electromagnéticas hay artículos a favor y en contra, pero lo cierto es que no hay una evidencia clara para decir que causan cáncer.

-Tampoco para decir que no
-El científico siempre es muy cauto a la hora de decir que no porque un resultado negativo no es informativo. Pero no hay información para lo contrario. Si tuviéramos que hacer una declaración oficial podríamos decir que no hay riesgo, pero el científico siempre tiene que estar alerta porque lo que hoy parece un no mañana se convierte en un sí.

-Esa cautela también aflora a la hora de establecer un calendario para acabar con el cáncer.
-Muy raramente habrá usted oído a un científico serio que haga una predicción sobre eso. No se pueden dar fechas, hay que seguir trabajando y las expectativas se deben limitar a decir que existe este nuevo gen o esta posibilidad terapéutica, nada mas.

-¿Pero consideran que el cáncer es una enfermedad erradicable?
-Sí en los casos en los que tenemos identificado al agente que lo causa. El cáncer como enfermedad a largo plazo podrá ser tratable pero no erradicable. Se trata de errores en nuestro propio genoma, es intrínseco al ser vivo.

-¿Con qué objetivo realista debe trabajarse entonces?
-Queremos lograr que se pueda convivir con él, que se pueda sobrevivir muchos años tras su aparición y que todos los tumores sean inocuos.

-¿Qué novedades se esperan en el terreno de la terapia?
-El principal tratamiento va a seguir siendo la cirugía: es la única vía a través de la cual se puede hablar de curación con mayúscula. Cuando el cáncer está diseminado, hay que acudir a otros tratamientos como la radioterapia y la quimioterapia. En este terreno es donde podemos esperar novedades.

-¿En qué sentido?
-La radioterapia es cada vez más precisa gracias a la informática, que permite seleccionar como objetivo sólo la célula enferma. En teoría la radioterapia podría curar sin ayuda de la cirugía. Pero su aplicación mata también al órgano sano. En quimio viene a pasar lo mismo. Los fármacos de hoy en día tiene una ventana terapéutica muy pequeña (la diferencia entre la dosis a la que no hace nada y la dosis a la que es dañina).
El reto, pues, no está en buscar compuestos más potentes, sino más selectivos. Confiamos en que al hacer inhibidores contra dianas moleculares bien definidas logremos tener éxito.

-Sinceramente, ¿ha fracasado la terapia génica?
-No exactamente. Lo que pasó es que algunas informaciones exageraron su proyección. Creo que se ha frivolizado con el poder de la terapia génica. No va a ser una panacea, pero no está en crisis. Los que hemos tenido los pies sobre la tierra ni compartíamos hace 5 años la opinión de que iba a ser milagrosa ni ahora pensamos que haya fracasado.

-Otra vía terapéutica en apuros es la de las terapias inhibidoras de la angiogénesis. Parece que no terminan de cuajar.
-Es una idea atractiva conceptualmente, que todavía está por demostrar y que nosotros vamos a estudiar aquí en el CNIO. Su eficacia está limitada porque no todos los tumores dependen de la creación de nuevos vasos sanguíneos.

-Un proyecto como el del CNIO siempre anda al socaire de las partidas presupuestarias. Y, últimamente, le han dado algún susto al respecto...
-No comentaré nada de ese tema hasta que no se debatan los presupuestos en el Parlamento. Entonces, veremos si están allí los 3.200 millones que se necesitan para este año. Sólo me queda confiar en que un proyecto que ha creado el mismo ministerio con apoyo de Presidencia del Gobierno no sea cercenado.

-Lo que está claro es que se necesita una voluntad muy clara por parte de la Administración. ¿Cuánto dinero gasta el Estado Español en cáncer?
-En concreto no lo sé. Sanidad gasta 4,7 billones de pesetas al año. Uno va para medicinas, de modo que algo le toca al cáncer. Teniendo en cuenta que esta enfermedad causa un tercio de las muertes debería estar claro qué porcentaje se dedica a ella.

-¿Cree que España está ya en condiciones de aumentar definitivamente su aportación presupuestaria a la ciencia?
-Sin duda, es una cuestión de voluntad y de cultura. Pero parece que no terminamos de creérnoslo. Sabemos que es imprescindible gastar el 1 por 100 del presupuesto de sanidad en investigación y eso todavía no se cumple. Hoy en día España está en una situación que le permite afrontar más que de sobra el reto de la investigación biomédica.

-¿Un reto muy caro?
-En absoluto. La biomedicina es bastante barata. En otros tipos de investigación ya sólo los aparatos son más caros... Lo normal es que un aparato para nuestros propósitos valga menos de 10 millones, si vale 100 ya nos parece estratosférico. Esta investigación no maneja cantidades que puedan afectar a los presupuestos del Estado ni mucho menos.

-¿Y estamos también en condiciones de crear un ambiente para que regresen los cerebros fugados?
-Bueno, tampoco hay tantos como se cree. En realidad, lo que hay son pocos buenos investigadores, lo que sucede es que los que aparecen encuentran escasas posibilidades para investigar y se van fuera. En España hemos perdido una década sin crear nuevos centros de investigación para darles cobijo.


Jorge Alcalde

 

Esta entrevista fue publicada en noviembre de 2000, en el número 234 de MUY Interesante.


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