Luz azul contra la impotencia

Trastornos cardiovasculares, diabetes, desequilibrios hormonales, desórdenes neurológicos, efectos secundarios de una medicación, el simple hecho de envejecer… Todos estos factores contribuyen a desencadenar una disfunción eréctil, problema que afecta a la mitad de la población masculina de más de sesenta años y que empieza a mostrar su feo rostro a partir de los treinta.

 

Lanzada en 1998, la Viagra –cuyo principio activo es el citrato de sildenafilo– fue acogida como el antídoto definitivo contra la impotencia, pero en realidad solo actúa como “prolongador” de una erección. Si no hay excitación física previa, nada puede hacer la famosa pastilla. 

 

Para solucionar este problema previo, un grupo de investigadores dirigido por Martin Fussenegger, profesor de Biotecnología y Bioingeniería del Departamento de Biosistemas de Basilea (Suiza), ha presentado una novedosa terapia biolumínica.

 

El equipo de Fussenegger inyectó una modificación genética en el tejido eréctil de ratones macho, que empezó a reaccionar a la luz azul del siguiente modo: una molécula precursora llamada guanosín trifosfato se convirtió en otro mensajero bioquímico, el guanosín monofosfato cíclico, que tiene el efecto de cerrar los canales de calcio en el tejido.

 

Esto relajaba las células musculares y aumentaba el flujo de la sangre en el pene; en definitiva, producía la rigidez del miembro viril. Luego, una enzima rompía lentamente el guanosín monofosfato y disminuía la erección. Precisamente, lo que hace la Viagra es bloquear esa enzima “desinfladora” una vez que se ha producido la excitación.

 

Los investigadores están convencidos de que la técnica de la luz azul también funcionará en humanos, y que las probabilidades de producir efectos secundarios son bajas.

 

Etiquetas: envejecimientohormonassalud

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