La tripofobia o miedo a los agujeros podría tener una explicación evolutiva

tripofobia

Algunas personas manifiestan auténtico pánico, náuseas y sudores fríos cuando ven un montón de espuma con burbujas, un traje de lunares, una flor de loto, un panal de abejas, un puñado de troncos apilados, un ladrillo o una tableta de chocolate aireado. Se debe a que sufren tripofobia, es decir, miedo patológico a las figuras geométricas formadas por agujeros o dibujos repetidos y próximos de orificios. Este trastorno podría tener un origen evolutivo, según sugiere un nuevo estudio que acaba de publicar la Universidad de Essex en la revista Psychological Science.

De acuerdo con Geoff Cole, experto en ciencias de la visión y coautor de la investigación, los patrones visuales que causan la tripofobia tienen mucho en común con las manchas que muestran en su piel varios animales venenosos como el pulpo de anillos azules -uno de los animales más mortíferos del mundo-, la cobra real (Ophiophagus hannah), diversas arañas o el escorpión muerte acechante (Leiurus quinquestriatus). Y en su trabajo concluye que este miedo podría, por lo tanto, tener una explicación evolutiva, ya que los patrones que provocan rechazo instintivo en ciertas personas comparten rasgos visuales con ciertos animales que nuestros antepasados tuvieron que aprender a evitar para sobrevivir.

De hecho, la fobia a los agujeros podría ser más frecuente de lo que imaginamos. En un estudio previo realizado a través de Internet, Geoff Cole y Arnold Wilkins identificaron reacciones tripofóbicas en un 16% de los sujetos que participaron.

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