La meditación reduce la actividad cerebral relacionada con el dolor

Muchos de las personas que sufren dolor dicen sentirse bastante aliviados a través de la práctica de meditación. De la misma forma, algunos meditadores dicen no sentir dolor cuando se encuentran inmersos en ese estado e incluso lo demuestran clavándose alfileres mientras meditan.

 

Pero, ¿por qué meditar puede reducir o eliminar la percepción del dolor? Y más aún, ¿cómo se explica eso a nivel cerebral? Un reciente artículo de la revista Frontiers in Psychology (2014) nos resume de forma clara los hallazgos de diversas investigaciones sobre los efectos cerebrales de esta práctica en relación a las vías de procesamiento del dolor.

 

Según escriben Hiroki Nakata y otros colaboradores japoneses, los trabajos más recientes han utilizado técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional o la magnetoencefalografía para averiguar cómo la meditación produce esa reducción del dolor, estudiando sus efectos en el cerebro, aunque hasta ahora los resultados no siempre han sido congruentes.

 

Según cuentan, tras revisar las publicaciones, su hipótesis es que la meditación reduce el dolor porque disminuye la actividad neural de diversas áreas implicadas en el procesamiento de la señal dolorosa. Concretamente se trata de la corteza cingulada anterior, la ínsula, la corteza somatosensorial secundaria y el tálamo.

 

Curiosamente, los años de práctica y el tipo de técnica de meditación son variables importantes a considerar. Según parece, el ejercicio ‘Open Monitoring’ atenuaría más actividad neural dolorosa que la práctica de la atención centrada (Focused Attention), incluyendo el sistema límbico, muy importante en las emociones. Por otra parte, cuantos más años de experiencia, más cambios a nivel cerebral.

 

Los autores proponen tres posibles mecanismos por los que la meditación podría reducir la percepción de dolor aunque se necesita investigar más para aclarar esta última cuestión. Uno de los mecanismos es que la meditación actúe como distractor, dirigiendo nuestra atención a otra información que no sea el dolor; otro, como placebo; y una tercera posibilidad sería modulando la actividad de lo que se llama ‘matriz de dolor’, que se refiere al conjunto de áreas neurales que procesan la información dolorosa. El futuro nos dirá cómo pero parece claro que meditar tiene más de un beneficio para la salud.

 

Marisa Fernández, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

 

Etiquetas: meditaciónsalud

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