La inteligencia y la personalidad se relacionan con la economía nacional

Un campo de estudio polémico y no siempre bien aceptado ha sido el dedicado a establecer el nivel de inteligencia de un país y sus diferencias con otros estados. La hipótesis de partida para este tipo de estudios es que es posible extrapolar las diferencias individuales en el cociente intelectual entre miembros de diferentes países a la población general de dichas naciones en cuestión. Así, aunque no exento de críticas, el concepto de ‘cociente de inteligencia nacional’ desarrollado por Lynn & Vanhanen se ha utilizado para estudiar las relaciones entre variables como el nivel educativo, la religiosidad o ciertos aspectos relacionados con la salud con la inteligencia de las personas que componen una nación.

Algo semejante ha sucedido con el constructo psicológico de ‘personalidad’. Aquí han proliferado los estudios sobre los ‘Big Five’ o cinco grandes rasgos, llamados así por el psicólogo Lewis Goldberg (1981), y que incluyen extroversión, amabilidad, apertura a la experiencia, responsabilidad y estabilidad emocional.

Aunque a nivel individual se han analizado las relaciones entre personalidad, cociente intelectual y producto interior bruto (como medida del éxito económico de una nación), sólo recientemente se han llevado a cabo estudios utilizando las medidas generales a nivel nacional. Así lo han hecho Maciej Stolarski y sus colaboradores, cuyos resultados han sido publicados este mismo año en la revista científica Intelligence. Tomaron medidas de los ‘Big Five’ de 51 culturas, datos de sus respectivos cocientes intelectuales generales y también de los correspondientes productos interiores brutos de cada país. Los distintos análisis estadísticos realizados mostraron que, por un lado la extroversión y la apertura a la experiencia se relacionaron positivamente con un mayor nivel de inteligencia. Además se observó que  el mejor predictor del éxito económico de un país fue su nivel de inteligencia poblacional estimado, seguido  del grado de extroversión de sus habitantes, que también explicó parte de la varianza en el producto interior bruto entre culturas. Y finalmente se vio que es necesario tener en cuenta la influencia de ciertos aspectos culturales como la historia política, los factores genéticos y los de tipo ambiental porque podrían estar modulando en cierta forma las relaciones encontradas.

Fomento de la inteligencia

Aunque siempre hay críticas a este tipo de estudios, sí parece clara la necesidad de fomentar la inteligencia en la medida de lo posible. Entendiendo la inteligencia en una forma amplia, ésta puede promoverse bien a través del acceso a la educación y la formación, o también trabajando las capacidades mentales básicas más directamente mediante programas de entrenamiento cognitivo divertidos y adaptados a cada perfil personal. También parece recomendable, a la luz de esta investigación, favorecer características personales propias del carácter extrovertido como la sociabilidad, el optimismo, la alegría y el liderazgo que llevan a las personas a emprender proyectos, trabajar en equipo y arriesgarse. La extroversión suele asociarse con un mayor desarrollo de habilidades sociales, las cuales pueden influir en la economía a través de la adquisición de unas mejores habilidades directivas y de gestión en particular.


Marisa Fernández, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

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