J. Michael Bishop: "El cáncer será, dentro de un tiempo, una enfermedad olvidada?

Ejerce su vocación inveterada, la de profesor, en la Universidad de California. Investiga sobre aquello que le dicta su deseo de jugar -últimamente le ha dado por los modelos de ratones con cáncer- y deja la labor de curar para otros colegas médicos, no sin antes surtirlos de descubrimientos como el de los oncogenes, que le valió el Premio Nobel de Medicina en 1989. Se llama Michael Bishop, y sonríe con una franqueza tal que todo el que está a su lado en esta sala de la Fundación Juan March, no puede dejar de sentirse a gusto.


-¿Qué es un oncogén?
-Un gen normal que ha sido dañado de tal forma que contribuye a la aparición de un cáncer. Por ejemplo, tenemos muchos genes que controlan la reproducción celular. Algunos de ellos funcionan como aceleradores de esa reproducción. Si resulta dañado, de manera que no se puede apagar, se convierte en un acelerador descontrolado. Ahí tenemos un oncogén. También hay genes que actúan como freno y pueden volverse defectuosos. En ambos casos contribuyen más al cáncer que al funcionamiento normal de la célula.

-¿Se nace con ellos?
-Normalmente, no. A lo largo de la vida, hay agentes que dañan nuestros genes. El tabaco es el mejor ejemplo. En el tabaco hay muchas sustancias químicas que pueden dañar a los genes y, si dan con lo que llamamos un protooncogén, lo convierten en oncogén. Muy de vez en cuando, los genes están dañados ya en el espermatozoide o en un óvulo. Entonces se trata de un cáncer familiar, y se hereda de una generación a otra. Estos últimos representan el 5 por 100 de todos los cánceres. Si se da ese caso, la persona nace con un defecto en todas sus células y lo transmite a sus descendientes.

-¿Todos los cánceres siguen ese mecanismo oncogénico?
-En estos momentos no hay ninguna razón para pensar que haya cánceres que no se basen en este tipo de problema. Los genes difieren algo entre ellos y de un cáncer a otro, de forma que quizás el grupo de oncogenes del cáncer de mama es diferente del cáncer de colon. Son como las distintas ramas de una misma familia.

-¿En qué línea de investigación trabaja usted?
-En ninguna de las directamente implicadas en la curación del cáncer. Yo estoy en la parte que viene antes: proveer las dianas para los terapeutas.

-¿Puede explicarse mejor?
-En mi laboratorio intentamos producir ratones-modelo donde el cáncer sea idéntico al cáncer humano. Entonces podremos probar terapias experimentales en el ratón y saber que están funcionando exactamente como van a funcionar en seres humanos. De esta forma, los resultados son fiables.

-¿Cuáles son sus consejos para prevenir el cáncer y cuánto falta para que lo podamos curar?
-Hay una única respuesta para ambas preguntas: más investigación. No podemos curar la mayoría de los cánceres todavía porque no entendemos su mecanismo. Y no podemos prevenir el cáncer porque no entendemos sus causas. Si quieres prevenir el cáncer de pulmón, haz que la gente deje de fumar. Si quieres prevenir el cáncer de piel, haz que la gente deje de quemar su piel, pero ¿cómo prevenir el cáncer de mama? No lo sé; necesitamos más investigación. ¿El cáncer de colon? No lo sé, necesitamos más investigación. ¿El cáncer de próstata? No lo sé, necesitamos más investigación.
En cuanto a curar el cáncer, podemos curar algunas leucemias, algunos tumores locales con cirugía, un cáncer de mama o de colon, si lo coges pronto, pero si ha metastatizado, no hay esperanza. Por ello, necesitamos más investigación, mucha más investigación.

-Uno de los pocos agentes que se ha demostrado claramente que produce cáncer es el tabaco. ¿Cómo reacciona cuando alguien se le acerca y empieza a fumar?
-Trato de alejarme discretamente. El tabaco me resulta extremadamente irritante, aunque no siento ninguna hostilidad hacia aquellos que fuman. Se merecen comprensión y ánimos para que lo dejen.

-¿Qué haría si le diagnosticaran cáncer?
-Visitar a un especialista. Con frecuencia hay esperanza. Es más, creo que la oncología se convertirá en una rama obsoleta de la medicina, porque el cáncer será, dentro de un tiempo, una enfermedad olvidada.

-En cuanto a su trayectoria profesional, usted empezó, como todo médico, ejerciendo en un hospital...
-Cierto.

-Pero lo dejó...
-Me sentía frustrado. Había muy pocas enfermedades que podía tratar eficazmente: algunas infecciones, con antibióticos,... Pero no podíamos curar las enfermedades cardíacas y no podíamos curar el cáncer. Así que decidí dedicar mi vida a intentar hacer la investigación que pudiera mejorar nuestros tratamientos. La razón de que no tuviéramos mejores tratamientos era que no entendíamos la enfermedad. Quería hacer ciencia sobre el mecanismo de la enfermedad que nos ayudara a que finalmente otra persona, no yo, diseñara mejores tratamientos.

-Su vocación inicial, de todas formas, era ser profesor.
-Sí, hasta que descubrí que, en el sistema académico americano, el profesor hace investigación, además de enseñar. Y me pregunté: ¿investigación?, ¿qué es eso? Venía de un pequeño pueblo, no sabía nada de la vida universitaria, así que probé con la investigación en la Facultad de Medicina y me enamoré de ella. Me he dedicado a ella desde entonces. Pero también me encanta enseñar. Siempre he sido profesor y todavía doy clases.

-¿Cuál fue el primer artículo que publicó?
-Fue para la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Para mí fue como volver a nacer. (Risas) Antes de publicarlo, era doctor; después, científico. Aquel artículo trataba sobre las moléculas implicadas en la reproducción del virus de la polio. El estudio de los virus me condujo a la investigación del cáncer, porque aprendí que había virus que producían cáncer en animales y existía la hipótesis de que pudiera haber virus que produjeran cáncer en humanos.

-Y estaba en el buen camino.
-Absolutamente, ya que estudiar esos virus nos condujo, a Harold Varmus y a mí, al descubrimiento de los genes cancerígenos en las células normales, los oncogenes. Esta contribución fue lo que nos valió el premio Nobel. Luego, abandoné totalmente los virus y me dediqué sólo al estudio de los genes.

-¿Sigue viendo a Harold Varmus?
-Por supuesto, lo veo continuamente. Trabajamos juntos hasta que él se trasladó para dirigir el Instituto Nacional de Salud. Yo vivo en San Francisco, ésa es mi suerte; y él vive en Washington, ésa es su desgracia.

-¿Cómo fue su relación con él cuando estaban descubriendo los oncogenes?
-¿Conoce la palabra consustancial? Es un término teológico. Ser consustancial significa ser parte integrante el uno del otro. Y así éramos nosotros.

-Ojeando los títulos de artículos que ha publicado en el último año, destaca la variedad de temas que ha tratado y con cuánta gente.
-Soy como Picasso, pruebo muchos estilos diferentes. (Risas) Como científico, tus intereses evolucionan a lo largo de tu carrera. El científico que está veinte años investigando sobre el mismo tema deja de ser original. Si te quieres mover con lo puntero, tienes que cambiar tu especialidad, tus técnicas y tus intereses. Por ejemplo, esto de trabajar con modelos de ratones es para mí algo nuevo. Llevo cinco años en ello, y creo que es importantísimo hacerlo ahora.

-Ha mencionado usted a Picasso. ¿El científico tiene algo de artista?
-Uno de los aspectos importantes de ser científico es el sentido de libertad y de juego. Tienes que vivir continuamente con la voluntad de buscar cosas nuevas. Todo gran descubrimiento científico ha nacido, en realidad, de una herejía. Si miro a la historia del arte, lo que me gusta son los grandes cambios, alguien que hizo algo que nadie había hecho antes: el cubismo, el fauvismo, Miró, ... Es ese tipo de cambios, radicales, el pensar de una forma totalmente distinta, lo que se traduce en descubrimientos científicos.

-¿Ésta es su primera visita a España?
-No, la tercera.

-¿Qué opinión le merecemos?
-(Se toma un tiempo para encontrar las palabras). Me gusta la vivacidad de los españoles, su espontaneidad. Y Madrid es una ciudad muy elegante, con una historia cultural maravillosa. Me encanta el arte, por ejemplo. Mi esposa y yo coleccionamos obras de arte, en papel, porque no podemos permitirnos cuadros al óleo. Y algunos de mis artistas favoritos son españoles, así que me gusta España, la respeto, y sólo deseo poder venir con más frecuencia.

-Se dice de usted que es un adicto a la lectura además de a la pintura.
-Leer es lo que más gusta: literatura, historia, biografía. Mi segunda afición es la música clásica. Me encanta, estaría horas escuchando. Si no oigo al menos un concierto a la semana sufro una reacción psicológica severa.
Gonzalo Peynado

 

Esta entrevista fue publicada en junio de 1999, en el número 217 de MUY Interesante.

Etiquetas: cáncersalud

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