En vacaciones, planifica lo justo

Evita sobrecargar tu agenda de planes, o acabarás con más estrés que el que tienes el resto del año.

 Vacaciones, ¿planeadas o planificadas? Aunque la pregunta parezca un tanto absurda, hay que matizar porque de cómo hagamos el plan puede depender que consigamos el propósito de las vacaciones o bien logremos que estas sean un desastre que nos acompañe el resto del año.

La diferencia entre ambas palabras estriba en que "planear" las vacaciones supone hacer una lista de deseos sobre lo que a uno le gustaría hacer, dónde ir o qué ver. Los deseos son el primer paso para la realización de una actividad. Pero debemos separar los deseos que son viables de los que son una pura fantasía.

Por otro lado, la planificación de las vacaciones supone la realización de una "hoja de ruta": qué se va a hacer, cuando se va a hacer, cómo se va a hacer, etc.

Tan importante es planear como planificar, y el quid de la cuestión residirá en la planificación. Planear, como decíamos, es hacer una lista de deseos. La planificación puede aumentar el éxito en la satisfacción de esos deseos pero, ¡cuidado!: lo que tenemos que planificar son las actividades que vayamos a hacer en vacaciones, no todas las vacaciones.

Esta planificación debe hacerse en función de aquellos deseos que sabemos que son viables y debemos ver cómo, cuándo y de qué manera los vamos a poder realizar. Sin embargo, tanto el exceso de planes como el rigor excesivo en la realización de los mismos pueden hacernos volver a caer en esa situación estresante de la que necesitamos huir a través de las vacaciones.

Las vacaciones perfectas, o ideales, no existen. Y el problema que puede llevar al fracaso de unas vacaciones es la idealización y la sobredimensionalización de las mismas.

Para no caer en esos errores debemos tener en cuenta varios aspectos: 

  • El objetivo fundamental es el descanso, sobre todo al principio, ya que comenzamos las vacaciones totalmente estresados de la vorágine del año laboral y el cuerpo y la mente deben readaptarse a este nuevo ritmo vital. En esta fase inicial se debe realizar una inclusión progresiva a aquello que se deseaba hacer en este periodo.
  • Abrirse a las nuevas experiencias. La mente humana necesita la variedad porque de lo contrario, la mente se aburre y baja considerablemente su nivel de actividad placentera. Debemos hacer cosas nuevas, diferentes, estimulantes.
  • Es primordial planear las cosas que realmente nos apetezcan. Las vacaciones son para divertirse.

 

 

Jorge Juan Collantes Núñez, miembro de Saluspot y psicólogo clínico y forense en la Clínica Discernimiento. Editado por Victoria González

 

 

Etiquetas: psicologíaverano

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