El papel de la insulina en el gusto por la comida

Hasta ahora solo se conocía su función reguladora de la glucosa en sangre y de la sensación de saciedad.

Según un estudio realizado por científicos del Centro Médico NYU Langone, en Nueva York, y que acaba de hacer público la revista Nature Communications, la insulina podría jugar un papel muy importante a la hora de elegir qué comemos. Hasta ahora solo se conocía su función reguladora de la glucosa en sangre y de la sensación de saciedad, pero la nueva investigación apunta a que esta hormona también aumenta notoriamente los niveles de dopamina, neurotransmisor vinculado a los circuitos cerebrales de la recompensa y el placer.

 

En uno de los experimentos, los ratones que ingerían alimentos cuyos azúcares reclaman insulina registraban un incremento de entre el 20% y el 55% de dopamina en su cuerpo estriado, región de cerebro donde se experimentan los efectos de esa sustancia. El subidón ocurría al margen del otro efecto ya conocido de la insulina: la reabsorción de la dopamina en otras áreas de la masa gris, lo cual indica que el animal debe dejar de comer.

 

Otro ensayo demostró que los roedores que siguen una dieta baja en calorías tienen hasta diez veces más sensibilidad a los incrementos de insulina, mientras que el cuerpo estriado de los ejemplares que tomaban comida hipercalórica apenas reaccionaban a la hormona. Por lo tanto, les costaba más sentir los efectos de la dopamina.

 

Estos hallazgos, extrapolados a los humanos, sugieren que podemos hacer elecciones conscientes de alimentos bajos en grasas o ricos en carbohidratos que aumenten los niveles de insulina. Conocer su verdadero papel en los mecanismos del placer humano puede ser de mucha ayuda para combatir la obesidad y una de sus nocivas consecuencias, la diabetes 2.

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