El bajo precio de la heroína ha reactivado su consumo

Aunque a veces se habla de la heroína como de una droga del pasado, lo cierto es que ha vuelto con fuerza, especialmente en Estados Unidos.

 

La muerte por sobredosis del actor Philip Seymour Hoffman el pasado 2 de febrero no es un hecho aislado y la policía de Nueva York prepara una campaña de prevención y espera contar con nuevos equipos y antídotos para resolver las frecuentes urgencias que se están produciendo en la ciudad.

 

Según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington basado en datos de una encuesta realizada a nivel nacional, y publicado en la revista JAMA Psychiatry, el importante rebrote del consumo de este opiáceo se basa en parte en razones económicas, acompañadas de otros factores.

 

El principal autor del estudio, Theodore J. Cicero, piensa que actualmente la mayoría de los consumidores empiezan tomando analgésicos que adquieren con receta en las farmacias, como OxyContin, Percocet o Vicodin, y se pasan a la heroína cuando ya no pueden conseguir la receta o sus hábito de consumo se dispara tanto que su economía no puede sostenerlo.

 

Los investigadores analizaron los hábitos de más de 9.000 pacientes dependientes de analgésicos narcóticos u opiáceos. De ellos, unos 2.800 tomaban heroína como droga principal. Entre las causas para decidir consumir esta sustancia se cuentan la facilidad para conseguirla y su precio asequible, sobre todo teniendo en cuenta que en Estados Unidos no hay cobertura médica gratuita.

 

En la calle, un analgésico como el OxyContin puede costar 80 dólares, mientras que una papelina de heroína se puede conseguir por 10 dólares. También influye que la heroína proporciona a sus usuarios un colocón más placentero que los opiáceos de farmacia y que se puede tomar tanto esnifada, como fumada o inyectada.

 

Otro factor que ha llevado a algunos consumidores a variar sus hábitos es que se cambiaron los componentes de las píldoras de algunos de estos analgésicos para que resultaran más difíciles de triturar o disolver y, por tanto, de inhalar o inyectar. Lejos de disuadir a los yonkis a dejar el consumo, eso les empujó a pasarse a otras drogas como la heroína.

 

El estudio también ha revelado un cambio en el perfil de los heroinómanos. Mientras que en los años 60 y 70, más del 80% de los consumidores eran hombres jóvenes que vivían en centros urbanos y empezaban a usar la droga a los 16 años, los yonquis actuales se inician como promedio a los 23 años y la mayoría habían empezado previamente a colocarse con medicamentos.

 

Ahora, la heroína se ha convertido en una droga recreativa entre gente acomodada de las zonas suburbanas o rurales. Más del 90% de los sujetos que han empezado a tomarla en la última década son de raza blanca. Ya no son marginales, sino personas de clase media que viven en la periferia.

Etiquetas: drogassalud

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