¿De verdad comer menos prolonga la vida?

En general, la restricción calórica mejora la salud y puede prolongar la vida, pero según un nuevo estudio esta estrategia no beneficia a todo el mundo.

En las últimas tres décadas, distintos estudios con animales parecen confirmar que comer poco resulta beneficioso para la salud, pues, entre otras cosas, se reduce el riesgo de desarrollar diabetes, cáncer o enfermedades cardiovasculares. Algunos expertos sostienen que esta práctica, denominada restricción calórica –reducir la ingesta y, por tanto, las calorías, pero sin caer en la malnutrición–, puede incluso prologar la vida. No obstante, este fenómeno ha sido objeto de debate entre los expertos.

Así, en 2012 se conocieron los resultados de un ensayo con macacos Rhesus iniciado en 1987 que rebatía este último aspecto. Los primates que durante esos 25 años habían ingerido un 30% menos de calorías presentaban en la vejez menores niveles de colesterol y azúcar que los que habían comido a placer, pero los individuos de ambos grupos vivieron lo mismo y fallecieron por las mismas causas.

Y, sin embargo, dos años después, otro experimento similar de idéntica duración con la misma especie de monos sugería todo lo contrario: los macacos que habían comido menos no solo presentaban mejor aspecto, sino que vivían más. Unos meses después, a finales de 2014, un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard firmaba un estudio en la revista Cell en el que se indicaba que este hábito estimulaba la producción de sulfuro de hidrógeno, un compuesto que contribuía a proteger algunas partes de las células de los efectos del estrés oxidativo.

Ahora, un grupo internacional de científicos ha presentado las conclusiones de una amplia investigación que parece confirmar que si bien la citada restricción calórica es beneficiosa para la salud, no necesariamente mejora la longevidad. El ensayo ha sido coordinado por los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU., y en él han participado expertos del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo y de la Universidad de Córdoba (UCO).

En un comunicado de esta misma institución, uno de los responsables del ensayo, el catedrático del Departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunología de la UCO José Manuel Villalba, señala que si bien “la restricción calórica es la intervención no genética mejor caracterizada que se puede hacer en un individuo para contribuir a mejorar tanto su salud como su esperanza de vida, los efectos en la supervivencia no son tan universales como se pensaba”. En todo ello inciden distintos factores, como el sexo o el porcentaje en la reducción de la ingesta.

En un ensayo publicado en la revista Cell Metabolism, los autores de este trabajo describen el comportamiento de unos ratones de ambos sexos –muchas veces, en este tipo de estudios se utilizan machos, aunque los patrones fisiológicos en las hembras son distintos– y con dos niveles de variación de ingesta diferente, del 20% y el 40%, junto a otros que comían a placer y que sirvieron de grupo de control. Los investigadores observaron que la restricción calórica contribuía a preservar las mitocondrias, unos orgánulos que funcionan como las centrales energéticas de la célula, y que los animales que comían menos tendían a utilizar como fuente de energía más las grasas que los carbohidratos, justo al contrario de los que comían a voluntad.

Estos expertos advierten que aunque restringir la ingesta de calorías supone un estrés para el organismo, cuando no resulta excesivo hace que se activen distintos mecanismos que a la larga acaban protegiendo a las células. Pero ello no garantiza siempre vivir más tiempo.

Imagen: Universidad de Córdoba

Etiquetas: longevidadnutriciónsalud

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