Claves de la Espondilitis Anquilosante, la enfermedad sin origen ni cura definitiva

Con motivo de la celebración del Día Nacional de la Espondilitis Anquilosante, que tiene lugar cada 20 de octubre, un especialista nos cuenta en qué consiste esta rara enfermedad reumática.

Muchas enfermedades son conocidas por sus síntomas u otras de sus características, pero no por su nombre, o tienden a confundirse con otras similares. Debido a su limitada prevalencia, apenas tienen visibilidad en la sociedad y eso lleva generalmente a consecuencias negativas, como que alguien esté afectado y no lo sepa o su diagnóstico tarde en llegar.

Es el caso de la Espondilitis Anquilosante (EA), que, aunque sea la más conocida dentro del grupo de las espondiloartropatías, permanece en el anonimato, y es que en España su prevalencia se sitúa entre el 0,1 y el 1,4 % de la población general. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a la columna vertebral y a las articulaciones sacroiliacas (las situadas debajo de la columna lumbar, que conectan el sacro con la pelvis). Hemos hablado con el doctor Manuel Romero, reumatólogo en el Complejo Hospitalario de Jaén y en la clínica "Dr. Manuel Romero Jurado", de Córdoba, para saber más de esta enfermedad.

En palabras del especialista, "también pueden verse implicadas grandes articulaciones periféricas, siendo las caderas la manifestación articular periférica más frecuente". Más frecuente en hombres que en mujeres, generalmente la edad de comienzo se sitúa en torno los 30 años.

En cuanto a sus causas, "la EA se mantiene aún como una enfermedad de origen desconocido", señala el doctor. No obstante, desde la década de los setenta se sostiene que existe una clara asociación con el antígeno HLA-B27, ya que cerca del 90% de los pacientes con EA son B27 positivos. Por ello, en el momento actual se considera una enfermedad poligénica. 

Por otro lado, Romero explica que varios estudios en animales transgénicos han demostrado la necesidad de una intervención ambiental para el desarrollo de la patología. Además, últimamente se ha sugerido que la mucosa intestinal también podría tener un papel fundamental en su aparición y es que, en la mayoría de casos, estos pacientes sufren una inflamación crónica microscópica a nivel intestinal.


¿Es sencillo su diagnóstico?

Según el reumatólogo, el diagnóstico es fundamentalmente clínico y radiológico. "No existe ninguna prueba de laboratorio que proporcione un diagnóstico seguro de la enfermedad. Una simple radiografía de pelvis que incluya articulaciones sacroiliacas nos permite valorar una EA, siendo imprescindible para realizar el diagnóstico". En ocasiones, sobre todo en fases iniciales, es complicado detectar la afectación precoz de las sacroiliacas, por lo que hay que recurrir a otras técnicas con mayor sensibilidad como la Resonancia Nuclear Magnética RNM.

El 75% de los pacientes comienza con dolor crónico lumbar con inflamación

La enfermedad cursa por brotes de duración variable, indica el especialista. Cada paciente evoluciona más o menos rápido y algunos experimentan muy pocos síntomas. Muchos de los afectados tienen una evolución relativamente benigna, que es compatible con una vida completamente normal, tanto en el plano familiar como social y laboral. Otros factores presentes durante los primeros años de la evolución de la espondilitis se han asociado a peor pronóstico, tales como la afectación de hombros, rodillas, y en especial caderas; escasa respuesta a antiinflamatorios; o grado de limitación vertebral.


Respecto a los síntomas, estos pueden ser articulares y extrarticulares. Refiriéndose a los primeros, el doctor informa de que el 75% de los pacientes comienza con dolor crónico lumbar con inflamación, que tiende a manifestarse por las noches, obligando al paciente a levantarse de la cama con frecuencia. "El dolor no se alivia con el reposo, suele tener una duración superior a tres meses y se acompaña de rigidez matutina de mayor de 30 minutos", añade.


¿Puede curarse?

En cuanto al tratamiento contra la enfermedad, el Dr. Romero lamenta que a día de hoy "no existe cura definitiva". Sin embargo, sí se dispone de varias alternativas de tratamientos y fármacos que pueden ayudar a mitigar los síntomas y, por ende, la funcionalidad y calidad de vida del paciente.

Estos van dirigidos a disminuir el dolor y la rigidez articular, prevenir la pérdida de movilidad (anquilosis) y las deformidades, y mantener la capacidad funcional. Algunos de ellos son la fisioterapia, antiinflamatorios no esteroideos, corticoides, fármacos modificadores de la enfermedad y terapias biológicas.

Etiquetas: enfermedadesenfermedades raras

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