Cada oveja con su pareja

Cada oveja con su parejaNi la colonia, ni el perfume, ni el desodorante. Cuando se trata de elegir pareja, lo que nuestras narices suelen tener en cuenta es la composición de ciertas moléculas volátiles del sistema inmune, las del llamado Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHC).

A esa conclusión ha llegado el científico francés Raphaëlle Chaix en un estudio publicado hoy en la revista Plos Genetics. El equipo de Chaix realizó una investigación con dos grupos poblacionales: yorubas del suroeste de Nigeria y mormones de Utah (Estados Unidos). Y aunque en el primer grupo no obtuvieron resultados satisfactorios, en el segundo comprobaron que las parejas marido-esposa estudiadas eran genéticamente más diversas en cuanto al MHC que las parejas de individuos asociadas al azar. No obstante, Chaix advierte que será necesario estudiar un mayor número de poblaciones para comprender mejor la diversidad y la importancia real de esos factores genéticos.

Esta no es la primera vez que se demuestra que las moléculas del MHC condicionan a los humanos a la hora de aparearse. Hace una década, Claus Wedekind y sus colegas de la Universidad de Bern pidieron a un grupo de estudiantes femeninas que oliesen camisetas sin lavar de hombres desconocidos y que las clasificaran según lo placentero que les resultaran los olores. Los resultados mostraron que las mujeres encontraban más agradable el olor de hombres con MHCs diferentes al suyo.

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