Ramón Cacabelos: "Es más importante investigar el Alzheimer que el sida"

Cinco de cada 100 personas de 60 años padecen Alzheimer. La prevalencia de la enfermedad aumenta a un 10 por 100 a los 65 años y entre un 10 y un 15 por 100 a los 75. A los 90 años, prácticamente la mitad de la población tiene algún tipo de demencia. El doctor Ramón Cacabelos, director del centro de investigación biomédica EuroEspes, sabe lo que significan estos datos.


-Sinceramente, creo que nos encontramos ante un tema de prioridad internacional. Hoy es más importante investigar el Alzheimer que el sida. Las tres grandes causas de mortalidad en el mundo son la "cabeza", el cáncer y el corazón. Y dentro de las enfermedades que podríamos catalogar como "de la cabeza", las más importantes son la patología cerebrovascular y la demencia. Pero es que, para colmo, la demencia senil es la enfermedad líder en el apartado de costes sociosanitarios. En EEUU los 6 millones de personas afectadas suponen unos costes directos de 9.200 millones de dólares. En costes indirectos (horas de trabajo perdidas, muerte prematura, dedicación de las familias...), la cifra sube a 94.000 millones de dólares. En España, los 400.000 enfermos cuestan más de millón y medio de euros que de aquí a diez años se irán a los 4 o 5 millones. Según el Plan Español Antidemencia que hemos puesto en marcha en 1995 desde la Asociación Española de Neurogerontología y Neurogeriatría, el coste medio por paciente y año va de 6.000 a 18.000 euros.


-¿Qué otra enfermedad hay que le cueste tanto a la sociedad? Además, de generación en generación se está adelantando la aparición de los primeros síntomas, ¿no?
-Casi todas las enfermedades del sistema nervioso son poligénicas, es decir, dependen de muchos genes, porque la naturaleza no es tan estúpida como para dejar nuestra memoria y nuestra inteligencia al arbitrio de un solo gen. Lo malo es que estas enfermedades complejas que tienen que ver con las actividades superiores del sistema nervioso central tienden a anticiparse generación tras generación. Mientras que en el bisabuelo la enfermedad se había manifestado a los 80 años, en el biznieto aparece a los 65 o 70. Calculamos que en cada generación se produce un decalaje en el tiempo de entre 3 y 5 años. Por eso es un factor fundamental crear suficientes políticas de prevención. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la enfermedad se puede manifestar a los 60, pero nos está destruyendo ya desde hace 30 o 40 años.

-De sus palabras parece desprenderse que se nos acaba el tiempo...
-Hay que ser optimista. Mire, la medicina lleva 50 años luchando intensivamente contra el cáncer. Ahora es la primera vez en la historia que existe un predictor genético para el riesgo de padecer cáncer de mama y de ovario. Los neurólogos, en sólo una década, hemos llegado a entender los principios moleculares del Alzheimer y hoy sabemos que esa degeneración del sistema nervioso que se manifiesta en la vejez ha empezado a producirse mucho antes. Eso es alentador: lo que los oncólogos hicieron en 30 años, nosotros lo estamos consiguiendo en 15 y con una patología mucho más compleja. Un cáncer es una anomalía de una célula pero la demencia supone la muerte de la célula más especializada del organismo humano, de la que dependen la felicidad, dignidad, pensamiento, memoria, humor, inteligencia y capacidad de existir del hombre.

-Es una enfermedad donde el factor humano es más evidente que en ninguna otra...
-Claro. Por eso, además del tratamiento farmacológico, hay que utilizar técnicas de estimulación somatosensorial y psicosensorial. Esta tarea le corresponde a los psicoterapeutas y a las familias, bien en sus casas o en el centro médico asistencial.

-Y, por supuesto, apoyo social...
-Ése es nuestro gran reto: conseguir un soporte sociosanitario eficaz. Pero ¡ojo! Eso no quiere decir empezar a construir residencias para ancianos sin ton ni son. La mejor estrategia debe empezar con la ayuda domiciliaria. Si ésta no es suficiente, el paciente debería asistir a un centro de día, que no sólo debe ser centro custodial sino también terapéutico, para que no se convierta en una guardería de personas mayores. Sólo en última instancia debe recurrirse a las residencias de ancianos.

-Creía que usted no era muy amigo de las residencias...
-Es que los centros para el tratamiento del Alzheimer no deben entenderse como residencias al uso. Tienen que ser instituciones superespecializadas en el manejo de una enfermedad tan compleja como ésta. Por desgracia, hoy por hoy, las residencias no son más que depósitos de gente mayor. Detrás de este asunto reside un grave problema cultural, institucional y profesional. El Alzheimer no puede ser abordado unívocamente, la demencia es el paradigma de lo multidisciplinal en medicina. Pero todavía hay muchos que no asumen esta idea.

-¿Qué quiere decir?
-A veces veo actitudes monopolísticas dentro del sector médico que no me gustan. Cuando yo llegué a España después de trabajar en Japón, hace 10 años, nadie hablaba de Alzheimer. Hoy este país es un hervidero de expertos en demencia. ¿Dónde estaban los programas con los que se educaron esos expertos, la casuística que vieron y sus publicaciones científicas?

-¿Los médicos no están bien preparados?
-No es eso lo que quiero decir. Sólo recuerdo que los médicos dependen de lo que les aportan los investigadores y no pueden darles la espalda. Sin embargo, algunos se dedican a opinar con demasiada ligereza sobre el tema de la demencia y sus opiniones dejan en el camino muchas familias y pacientes desorientados.

-¿Cuál sería la solución?
-Que cuando haya un progreso científico nos sentemos en la misma mesa el político, el gestor, el jurista, el asesor técnico, el empresario, el sindicalista, el médico y el investigador para buscarle una utilidad sociosanitaria, industrial o tecnológica al hallazgo. Eso debería hacerse todos los días con el Alzheimer.

-¿Qué pinta un jurista y un político en la lucha contra la demencia?
-Deben ayudarnos a diseñar la sociedad de la próxima década. Hay que poner soluciones legales para el tema de las discapacidades, y económicas para que los ancianos tengan una vejez digna. Tenemos que parar los pies a las aves de rapiña que, aprovechando que hay viejos, se ponen a montar residencias que terminan siendo basureros humanos; y desterrar a los médicos oportunistas que se suben al carro sin haber acreditado competencia alguna para el tratamiento integral del mal.

-O sea, que es casi una cuestión de Estado.
-El Estado tiene mucho que decir. Le pondré un ejemplo: en el último estudio del Plan Español Antidemencia se dice que el 98 por 100 de los pacientes que permanecen en su casa no tienen discapacidad legal. ¡Cómo puede entenderse que un enfermo de estos no es un discapacitado! La razón roza la inmoralidad. Un jubilado al que le sobreviene la demencia cobra una pensión de entre 36.000 y 60.000 pesetas. Pero si declaras al enfermo incapacitado antes de jubilarse, el Estado debe pagarle de 160.000 a 187.000 pesetas. La demencia es un pico de iceberg. Se trata de la enfermedad que ataca a la estructura más desarrollada del ser humano, a su inteligencia, su memoria, su aprendizaje... Pero detrás subyace un problema aún más grave: su inmensa carga social.

-¿Somos todos igual de vulnerables ante el Alzheimer?
-A pesar de lo que se ha dicho, nadie ha podido demostrar jamás que en el medio rural haya más Alzheimer que en el urbano, ni que en Burundi o en Sudáfrica la enfermedad prevalezca más que en Escandinavia. Tampoco se puede decir que la sufran más las mujeres o los hombres. Lógicamente, hay muchas más mujeres con demencia, porque son más longevas. Ahora estamos descubriendo que la mujer es mucho más fuerte que el hombre en casi todos los factores de la vida hasta llegar a cierta edad. Pero, cuando los hombres superan los 80 años, son superiores a las mujeres en capacidad física e intelectual y en resistencia a la enfermedad.

-Solemos identificar envejecimiento con enfermedad...
-Nunca se deben mezclar los dos conceptos. Aunque es muy difícil diferenciar lo que es la descriptiva del envejecimiento y la fenomenología del envejecimiento. Con la edad la piel se apergamina, los párpados caen, aparece grasa... ¿pero eso es consecuencia o causa del envejecimiento? Normalmente cuando se habla del envejecimiento se hace una descripción de los fenómenos que acompañan al envejecimiento pero no de los que lo provocan.

-Para eso están los científicos...
-La ciencia sólo tiene que dedicarse a entender por qué ocurren las cosas y a corregir los desvíos de la naturaleza.

-¿No es, entonces, objetivo de los científicos acabar con la vejez, hallar la píldora mágica de la juventud?
-Eso es una tontería monumental. Sólo propia de la ciencia- ficción. Los expertos en envejecimiento sabemos que lo único que podemos hacer es entender los principios que lo rigen y atenuar los efectos de algunas enfermedades asociadas a él, que no es poco.

Jorge Alcalde


Esta entrevista fue publicada en mayo de 1998, en el número 204 de MUY Interesante.

Etiquetas: alzheimersalud

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