Bulimia nerviosa y fallos de atención: la clave está en el cerebro

Se sabe que las personas con este trastorno rinden peor que las personas sanas pero... ¿por qué?

La bulimia nerviosa es un trastorno alimentario en el que la persona ingiere grandes cantidades de comida en lo que llamamos ‘atracones’, que van seguidos de un fuerte sentimiento de culpa que les lleva a provocarse el vómito o tomar laxantes con la intención de eliminar los alimentos ingeridos. En la base del trastorno, el miedo extremo a engordar, entre otras cosas.

Dentro de los síntomas de la bulimia nerviosa, se han descrito los fallos cognitivos, aunque no hay aún demasiado conocimiento sobre cómo funciona el cerebro de estos pacientes en relación a esas alteraciones en capacidades como la atención.  Varios estudios han encontrado que las personas con este trastorno rinden peor que las personas sanas en tareas atencionales pero ha sido una investigación reciente la que ha descrito con más detalle cómo funcionan las redes cerebrales que procesan la atención en estos pacientes. Para ello contaron con la colaboración de 20 participantes con bulimia nerviosa y 20 participantes sanos, que realizaron una tarea de atención mientras se tomaban imágenes de sus cerebros con resonancia magnética funcional.

Los resultados del estudio, publicados recientemente en la revista PLoS ONE (2016), arrojan luz sobre las tres redes de la atención descritas por Michael Posner: la red de alerta, la red de orientación de la atención y la red de atención ejecutiva (encargada de los procesos más complejos de atención).

Los autores encontraron una activación mayor en zonas parietales y occipitales, así como una menor deactivación de la red neuronal por defecto cuando se ejecutaban tareas de alerta. Este perfil, según los autores podría explicar la constante preocupación por la comida o por el cuerpo.

También hallaron que durante tareas de atención ejecutiva y de orientación de la atención se producía una menor activación del cíngulo anterior, de la unión temporo-parietal y de la zona parahipocámpica. En este caso, este resultado podría guardar relación con la mayor probabilidad de fallos atencionales y conductas impulsivas, o con una peor regulación emocional.

Desde luego estos datos son muy interesantes y abren otras cuestiones con respecto al tratamiento. ¿Sería posible mejorar los síntomas de la bulimia nerviosa si los pacientes llevaran a cabo un entrenamiento cognitivo centrado en la atención? Esperemos que pronto se realicen nuevos experimentos sobre esta posibilidad y así se encuentren nuevas formas de ayudar a los afectados.

Marisa Fernández Sánchez, Senior Neuropsychologist, Unobrain

Etiquetas: alimentacióncerebrocerebro humanoenfermedades

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