Ácidos grasos para prevenir la inflamación y el cáncer

Los científicos han hallado en las microalgas una importante fuente de ácidos grasos beneficiosos para la salud humana.

En los últimos años hemos oído hablar del efecto beneficioso de los ácidos grasos, sobre todo de los omega-3 que tomamos en la dieta. Sabemos que regulan los niveles de colesterol y triglicéridos, previenen la formación de coágulos en sangre, disminuyen la presión arterial en hipertensos y previenen ataques al corazón, infartos cerebrales y anginas de pecho. Sin embargo, es menos conocido su papel como anticancerígenos y anti-inflamatorios, por ello, en este artículo, nos centraremos en este importante papel.

Los ácidos grasos poli-insaturados son compuestos lipídicos o “grasas buenas” que se encuentran principalmente en vegetales como la lechuga, soja, espinacas, fresas, pepino, coles, almendras y nueces. También se encuentran en el pescado azul -atún, salmón, sardina, trucha- y en mariscos como el berberecho y mejillón. Además, en los últimos años, los científicos han hallado en las microalgas una importante fuente de ácidos grasos beneficiosos para la salud humana.

Las microalgas son organismos unicelulares fotosintéticos que podemos encontrar en el agua, tanto dulce como salada. Debido al medio en el que viven, han tenido que aprender a adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del medio que las rodea -cambios de luz, temperatura, competencia por el alimento- y, para ello, producen una serie de sustancias denominadas metabolitos, entre los que destacan los ácidos grasos. Entre ellos se encuentran una serie de ácidos grasos oxidados, denominados oxilipinas, que en las microalgas tienen la principal función de defensa contra depredadores. Además, los investigadores han demostrado el curioso papel de las oxilipinas vegetales y de microalgas como anticancerígenos y anti-inflamatorios en los tejidos animales mediante su consumo continuado.

La inflamación es un proceso estudiado desde hace siglos, pero tan solo hace algo más de una década que los investigadores, gracias a los avances de la tecnología, hemos empezado a entender cuáles son las moléculas que coordinan este proceso tan eficaz como fascinante. Las moléculas de las que hablamos son derivados de los ácidos grasos, principalmente omega-3, que tomamos en la dieta y que, una vez procesados, dan lugar a diferentes tipos de oxilipinas que se encargan tanto de iniciar como de resolver el proceso inflamatorio. Por otro lado, la biomasa de microalgas desechada por la industria del biodiesel o el cultivo en biorreactores de microalgas supone una fuente de multitud de moléculas beneficiosas y aptas para el consumo tanto animal como humano, donde destacan componentes anti-oxidantes, anti-cancerígenos y anti-inflamatorios como moléculas activas en el metabolismo del organismo consumidor.

En la actualidad, los productos de microalgas están tomando un importante papel como suplementos dietéticos por su alto contenido en proteínas y vitaminas. Todo esto, unido a la alta producción de ácidos grasos bio-activos, convierte a las microalgas en un perfecto nutracéutico: producto que aporta nutrientes en la dieta a la vez que tiene la capacidad de actuar como fármaco ayudando a controlar los procesos inflamatorios agudos, como ocurre en pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (colitis ulcerosa y enfermedad de Chron).

 

Francisco Javier Ávila Román pertenece al Grupo de Investigación en Farmacología Molecular y Aplicada. Universidad de Sevilla.  Artículo escrito en colaboración con la UCC+i de la Universidad de Sevilla. Imágenes cedidas por el Departamento de Biotecnología del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC).

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