Virus informáticos: la nueva arma del espionaje

James Bond es ahora un hacker pegado a un teclado. Janire Rámila nos cuenta en su reportaje "Así acechan los modernos servicios de inteligencia" (número 416 de Muy Interesante) algunos de los métodos de los espías de hoy.

Dentro de las nuevas tecnologías al servicio del espionaje, un arma que cada vez se ve con mayor preocupación es el diseño de virus informáticos para infectar sistemas ajenos o para robar información, ya sea de forma individual o masiva. Uno de los virus más peligrosos puestos en funcionamiento fue el gusano Stuxnet, que en 2010 logró afectar a las instalaciones nucleares de Irán.

Según el New York Times, sus creadores fueron Israel y Estados Unidos, pero ese punto no ha llegado a confirmarse oficialmente. Los iraníes pudieron neutralizarlo cuando ya se preparaba para atacar los sistemas que controlan sus centrales nucleares. De no haberlo logrado, el virus podría haber provocado que todas las centrales explosionaran sin remedio. Y lo mismo podría haber ocurrido en plantas químicas, fábricas de armamento…

Es el nuevo concepto de guerra del espionaje que ya predijera en 2010 Richard Clarke, el entonces asesor de seguridad en el Gobierno de George Bush. Para Clarke, tras un ataque informático a gran escala, “la sociedad se deteriorará rápidamente a medida que escasee la comida y se acabe el dinero, pero lo peor de todo es que, tras toda esa catástrofe, la identidad del atacante seguirá siendo un misterio”. Y es que, según explicó, una ciberguerra a escala planetaria apenas llegaría a los 15 minutos de duración, provocando, eso sí y como bien señala el catedrático de Periodismo en la Universidad Carlos III, Carlos Elías, el colapso de la civilización.

“Caerán los correos electrónicos, explotarán refinerías, colapsarán sistemas de control aéreo, descarrilarán trenes, se mezclarán datos financieros, fallará la red eléctrica, se descontrolará la órbita de los satélites. Una amenaza que solo puede ser contrarrestada con una tecnología superior”, añade Clarke. Es decir, una nueva escalada bélica al modo de la Guerra Fría.

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