Una innovación militar que salió mal en la I Guerra Mundial

En el frente oriental, un general ruso creía haber dado con un sistema infalible para asaltar las trincheras alemanas. El general Kuropatkin ordenó que se colocaran cientos de potentes focos en las líneas propias.

 

Según su plan, cuando llegase la oscuridad de la noche, los soldados rusos podrían atacar a los germanos protegidos por los focos, con los que pretendía deslumbrar al enemigo.


Pero el plan no salió exactamente como había previsto el general ruso. Para su sorpresa comprobó cómo sus hombres, aunque avanzaban teniendo detrás la cegadora luz de los focos, caían como moscas bajo los disparos de los soldados germanos, que no encontraban ninguna dificultad para abatirlos.

 

Esa noche murieron en total unos 8.000 soldados rusos. Más tarde, el incompetente general descubrió el motivo del fracaso: la luz no sólo no deslumbraba al enemigo, sino que marcaba con exactitud la silueta de los soldados rusos, con lo que apuntarles se convertía en un juego de niños para los tiradores alemanes.

 

Otras anécdotas y curiosidades de la I Guerra Mundial en el último monográfico de Muy Historia, dedicado a este conflicto, del que se cumplen cien años.

Etiquetas: Primera Guerra Mundialhistoria

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