¿Tiene sentido congelar el cuerpo después de morir?

Si consideramos los últimos avances en criopreservación de tejidos, quizá no sea una idea tan descabellada.

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La criónica es la técnica de conservar pacientes tras certificar oficialmente su fallecimiento, con la esperanza de que la tecnología del futuro permita revivirlos. La sangre se sustituye por un anticongelante –parecido al que le ponemos al radiador del coche– y el cuerpo se mantiene en nitrógeno líquido, a -196°C. La sustancia criopreservadora impide que se formen los microcristales de hielo que rompen las estructuras celulares. Es la llamada vitrificación, también empleada con los embriones, que se conservan durante años para ser implantados en los úteros de las madres cuando así lo requieran.

Ya en 2005, un equipo israelí consiguió reimplantar con éxito el ovario derecho de ocho ovejas después de dos semanas. El flujo sanguíneo se reanudó al instante, y al poco tiempo los animales produjeron óvulos con normalidad. El objetivo final de este tipo concreto de experimentos es salvaguardar la fertilidad de mujeres que, por ejemplo, reciben quimioterapia.

La criopreservación de tejido ovárico es una de las líneas de investigación de CryoBioTech. Para Ramón Risco, director de este grupo de científicos de la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de Sevilla, ampliarla a órganos más grandes, como el corazón y los riñones, permitiría a los médicos disponer de bancos de repuestos listos para trasplantar.

Pero antes de llegar a ese punto, tendrían que salvar un gran obstáculo: la toxicidad de los anticongelantes. "La mayor parte son alcoholes, y por lo tanto, nocivos en las concentraciones necesarias para vitrificar", afirma Risco. Y continúa: "Si sustituimos un alto porcentaje del órgano con estas sustancias, podemos llegar a intoxicarlo". La estrategia que siguen en CryoBioTech es “visualizar, mediante imágenes por tomografía, cómo se va cargando de anticongelante el órgano”. Así controlan la proporción exacta antes de que se eche a perder.

En caso de que la técnica avanzara tanto como para que una persona criopreservada pudiera resucitar en el futuro, la toxicidad podría tener graves consecuencias para su organismo, sobre todo en su encéfalo. ¿Cómo conservar las neuronas después de una descongelación? ¿Se mantendrían las sinapsis –o conexiones– entre ellas? De las 250 o 300 personas que, según los cálculos de Estrada, están flotando en tanques de nitrógeno líquido en empresas como Alcor y Cryonics Institute, algunas de ellas han preservado solo sus cabezas, lo que se conoce como neurosuspensión. Los defensores de esta práctica consideran que la identidad está contenida en el cerebro, y que bastará con proporcionar un nuevo cuerpo al órgano pensante.

 

Foto: tanques de criopreservación de la compañía Alcor.

 

Toda la información sobre este tema en el reportaje Consérvese bien frío, escrito por Anabel Herrera. Puedes leerlo en el número 426 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: biologíainvestigaciónsalud

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