Steven Weinberg: “Siempre habrá un misterio en el corazón de la ciencia”

"Empecé a leer libros de divulgación científica, aunque no comprendía muchas de las cosas que se explicaban en sus páginas".

Al empezar la entrevista, Steven Weinberg rememora su infancia. “Tenía un juego de química con tubos de ensayo, una lámpara de alcohol... Todo empaquetado en una caja preciosa. Me encantaba hacer cosas con él, probablemente no muy inteligentes”.

 

Ese juguete didáctico empujó al joven Weinberg, que nació en Nueva York en 1933, a preguntarse sobre el comportamiento de los compuestos químicos. “Después, con diez o doce años, empecé a leer libros de divulgación científica, aunque no comprendía muchas de las cosas que se explicaban en sus páginas”. Gracias a  aquellas lecturas, Weinberg averiguó que las respuestas a sus preguntas estaban encerradas en los átomos. “Fue algo así como descubrir un libro lleno de hechizos poderosos: no había nada más emocionante que aprender a usarlos”.

 

Han transcurrido siete décadas desde aquel adolescente inquieto al científico actual, una leyenda viva de la física. Weinberg recibió el Premio Nobel de Física en 1979 por sus contribuciones al modelo estándar; en especial, por su trabajo para unificar la fuerza débil y el electromagnetismo.

 

“Los científicos han tardado mucho en entender los átomos, a cuya comprensión solo se accede con teorías tan misteriosas como la mecánica cuántica”, reflexiona el nobel.

 

En su último libro, Explicar el mundo, propone un viaje al pasado para saber cómo pensaban los genios que, desde la Antigüedad griega, se preguntaron por los secretos de la Tierra y el universo. Gracias a esta obra comprenderemos mejor el alcance de los hallazgos de Copérnico, la extraña personalidad de Newton, el papel desconocido de muchos científicos árabes y la dolorosa separación entre religión, filosofía y ciencia.

 

–Explicar o describir el mundo. ¿Cuál es la diferencia?

–Es un tema de discusión filosófico. En el día a día lo distinguimos sin problemas. Si un avión se estrella, podemos describir el accidente: cuándo fue, dónde ocurrió... O explicarlo: una pieza no funcionó, el piloto se volvió loco... En la ciencia, por ejemplo, los antiguos astrónomos intentaban dilucidar el movimiento de los planetas y sus reglas para saber dónde estarían en el futuro, pero también lo interpretaban con teorías peregrinas, como la idea aristotélica de las esferas de cristal o el deseo divino. Cuando Newton mostró que bajo la influencia de la gravedad los desplazamientos coincidían con lo observado, ofreció una explicación que funcionaba.

 

–Hoy, algunos siguen argumentando que la ciencia revela el cómo, pero no el porqué de las cosas.

–Esto tiene un significado teológico: hay quien cree que no comprendes nada a menos que entiendas el propósito. En este sentido, las leyes de Newton no valdrían como explicación. Es una forma de pensar que no me gusta.

 

–¿Por qué?

–Por dos razones. En la vida diaria usamos el término explicar incluso cuando no existe tal propósito. ¿Qué produce un terremoto? Las placas tectónicas chocan y crean una tensión que se libera... No hay una finalidad última, pero los geólogos pueden aclararnos por qué los seísmos son más frecuentes en los bordes del océano Pacífico. Cuanto más estudiamos la física, la idea de que existen objetivos humanos o divinos se desvanece.

 

–¿Y por qué las leyes de la naturaleza son como son y no de otra manera?

–Esperamos fundamentar nuestros hallazgos actuales de la misma manera que las leyes de Kepler sobre el movimiento de los planetas fueron explicadas por Newton. Y las de Newton fueron a su vez completadas por Einstein con su teoría general de la relatividad. Pero siempre persistirá un misterio en el corazón de la ciencia. Lo mejor que podemos hacer es mostrar que las leyes de la naturaleza descubiertas hasta ahora son las únicas que permiten la existencia del cosmos tal y como lo observamos. Y añado esto último porque sabemos que hay alternativas científicamente consistentes. Por ejemplo, podríamos decir: “No hay nada en el universo excepto una sola partícula que no se moverá nunca y, por tanto, nada va a pasar”. Es una posibilidad lógica, pero muy pobre.

 

Puedes leer la entrevista completa, realizada por Luis Miguel Ariza, en el número 412 de Muy Interesante.

 

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

 

Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Interesante en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

 

Etiquetas: Einsteinciencia

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar