Shinya Yamanaka, el mago de la medicina regenerativa

Shinya Yamanaka (Osaka, 1962) recibió el Premio Nobel de Medicina en 2012 por sus estudios con células madre pluripotentes inducidas (iPS, según sus siglas en inglés).

Los académicos suecos reconocían así el inmenso valor de la tecnología de Yamanaka, que permite evitar el controvertido uso de los embriones humanos. ¿Sus ingredientes? Un cuarteto de genes que inducen a una célula adulta a regresar al estado embrionario, con el potencial de especializarse y formar parte de cualquier tejido del organismo. El avance, por lo tanto, cumple dos propósitos a la vez: salva el obstáculo ético y establece una técnica para surtir a la medicina regenerativa de células a la carta.

 

Con su equipo de investigadores, Yamanaka enfocó su atención en veinticuatro interruptores genéticos que podían convertir células adultas de ratón en iPS. Luego, en 2006, Yamanaka adelgazó esa lista a solo cuatro genes, y usó un retrovirus para insertarlos en animales de laboratorio. Los nombres de esos botones de apagado son poco interesantes –Oct3/4, Sox2, Klf4, y c-Myc–, pero tienen la habilidad de rebobinar la película del desarrollo celular. Un año después, Yamanaka demostró que también podía hacerse con células adultas cosechadas de la piel humana.

 

En seguida, otros expertos comenzaron a anunciar la reconversión de células maduras en comodines que después pasaban a formar parte del corazón, el cerebro, el páncreas... Este proceso se llama diferenciación, y en la naturaleza tiene lugar a través de una compleja mezcla de señales físicas y químicas. Los biotecnólogos han aprendido a copiar la receta en el laboratorio.

 

Las nuevas células madre iPS ya sirven para poner a prueba la seguridad y eficacia de diversos fármacos, así como para desarrollar modelos que permiten examinar cómo se manifiestan determinadas dolencias. Y puesto que algún día podrán trasplantarse al propio paciente del que se han extraído, esta vía también debería eliminar las reacciones inmunológicas que se desencadenan al implantar tejidos derivados de un embrión.

 

Pero no todo ha sido un camino de rosas. Según la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, uno de los cuatro interruptores genéticos usados por Yamanaka puede producir cáncer. Además, el retrovirus que los introduce en el organismo es capaz de invadir los cromosomas y sabotear la regulación de genes, con efectos también cancerígenos. Para complicar aún más las cosas, cabe la posibilidad de que las iPS conserven su memoria de células adultas. Yamanaka, que no se da por vencido, ha hallado nuevas formas de eliminar el uso de los virus y del gen que causa tumores en los animales de laboratorio.

 

“Antes necesitábamos piel, pero todo lo que nos hace falta ahora es un poquito de sangre”, explica.  Y las utilidades son abundantes. “En 2010, cuando fundamos el Centro de Investigación y Aplicaciones de iPS (CiRA) de la Universidad de Kioto, presentamos cuatro objetivos para 2020: establecer la tecnología básica y asegurar la propiedad intelectual asociada a ella; recolectar un repertorio de células iPS útiles para la medicina regenerativa; llevar a cabo estudios preclínicos y ensayos clínicos; y contribuir al desarrollo de medicamentos”.

 

Puedes leer la entrevista completa a Shinya Yamanaka, realizada por Ángela Posada-Swafford, en el número 413 de Muy Interesante.

 

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