¿Qué son los fantasmas de la evolución?

El aguacate es una fruta encantada. Los fantasmas pululan a su alrededor cada vez que añades su pulpa a una ensalada o te la embadurnas por la cara como mascarilla. Se trata de entes de más de cinco metros, con enormes garras o colmillos. Su presencia no es física, pero tampoco sobrenatural. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

 

Como el niño de la película El sexto sentido, el árbol del aguacate ve muertos. Son animales que llevan miles de años extinguidos, pero la planta no se ha enterado; por eso, sigue produciendo grandes y nutritivas frutas, con la esperanza de que se las traguen y dispersen así sus semillas. Evidentemente, esto también es una metáfora: el árbol ni puede ver ni prepara sus aguacates con un objetivo, pero la evolución lo adaptó a una fauna que ya no existe.

 

Le otorgó a esa fruta verde y grasa características que no tienen mucho sentido en su ambiente actual, pero que parecen pensadas para satisfacer a una bestia de amplias tragaderas y ávida de calorías. El aguacate no está solo: los espectros podrían rondar a la papaya, a la chirimoya y a otros frutos de origen americano. Fue el geocientífico Paul Martin (1928-2010) quien inventó la metáfora de las frutas encantadas.

 

En los años ochenta, él y su brillante colega Daniel Janzen, profesor de Biología aún en activo en la Universidad de Pensilvania, provocaron una pequeña revolución en la ecología, ciencia que no había tenido en cuenta a los animales extintos para explicar lo que ocurre en los bosques y selvas actuales.

 

Aunque la idea de conectar ambos mundos partió de Janzen, a este no le hacía tanta gracia hablar de fantasmas; prefería hacer hincapié en esas plantas de frutos desmedidos que seguían vivas tras haber perdido a sus socios dispersadores. Las llamó anacronismos, pues su biología no parecía tener mucho sentido en esta época. Concretamente, anacronismos evolutivos neotropicales, ya que la mayoría de los ejemplos se encontraba en los trópicos del Nuevo Mundo. Porque a diferencia de África, América comenzó a quedarse sin mamíferos de gran tamaño al final de la última era glacial, hace unos 13.000 años.

 

En el caso del aguacate, algunos de sus fantasmas fueron, con gran seguridad, los perezosos gigantes. Imaginemos algo vagamente parecido a un oso pero muy desgarbado, distorsionado y... enorme: no existe hoy en día nada parecido a los perezosos terrestres gigantes del Pleistoceno, hace entre unos 1,8 millones y 11.500 años.

 

Eran monstruos piernicortos de formidables brazos y garras, capaces de erguirse sobre pies y cola para alcanzar su comida en los árboles, ayudándose de una lengua prensil como la de las jirafas. Sus parientes vivos son los perezosos arborícolas, conocidos por su lentitud y torpeza en el suelo. Mil veces más que ellos pesaban los representantes del género Megatherium, los más famosos del grupo.

 

Los megaterios masticaban hojas y hierbas, pero también debían de tragarse sin saborear demasiado las grandes frutas que alcanzaran en las copas o recogieran del suelo. Al ser de digestión mucho más fácil que las hojas, no necesitan el trabajo previo de fuertes muelas. Otros perezosos candidatos a fantasmas evolutivos del aguacate son el gran Eremotherium, de hasta seis metros de largo y más de tres toneladas de peso, y el Mylodon, descubierto por Charles Darwin en los alrededores de Bahía Blanca (Argentina).

 

Más información sobre el tema en el artículo Los fantasmas de la evolución, en el número 407 de MUY INTERESANTE, escrito por Ernesto Carmena.

 

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

 

Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Interesante en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

 

 

Etiquetas: animalesevolución

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar