Predicciones fallidas: ¿por qué se equivocan (tanto) los expertos?

A lo largo de la historia, los expertos han pronosticado lo que nos espera y nosotros, simples mortales, los hemos escuchado con reverencia.

Empiezan a verse brotes verdes”; “es la guerra que terminará con todas las guerras”; “un conflicto con la Unión Soviética es tan cierto como nada en este mundo”... A lo largo de la historia, los expertos han pronosticado lo que nos espera y nosotros, simples mortales, los hemos escuchado con reverencia. El problema es que, si miramos atentamente, descubriremos que casi todos han fallado como una escopeta de feria. Ninguno de los acontecimientos más importantes de los últimos cien años, ya sean guerras, crisis o cambios radicales en la política de un país, han sido previstos por ningún experto-tertuliano.

 

La economía, por ejemplo, es un cenagal de arenas movedizas. Aun así, asesores bursátiles, agencias de calificación y demás expertos no se arredran y siguen lanzando sus pronósticos como quien arroja los dados en Las Vegas; a sabiendas de que, al igual que pasa con los videntes y sus augurios de Nochevieja, nadie lo va a comprobar doce meses más tarde.

 

Por ejemplo, la revista norteamericana Business Week publicó en diciembre de 2007 las apuestas de 54 prestigiosos analistas para el año entrante: todos estaban de acuerdo en que la economía estadounidense no entraría en recesión y que el 2008 iba a ser “estable, aunque poco espectacular”. De todos modos, lo más sorprendente no fue que no supieran por dónde soplaba el viento, sino que a finales de ese horrible año la revista volvió a preguntar a los mismos expertos sobre el  2009... ¡y al consejo de redacción de la revista ni siquiera se les ocurrió reflexionar sobre el fiasco anterior!

 

Las crisis siguen una sencilla regla: si un economista advierte de una, no sucederá, pero cuando hay consenso en que las cosas irán bien, agárrate a la silla. En 1987, el libro La Gran Depresión de 1990, del economista Ravi Batra, estuvo entre los libros más vendidos de Estados Unidos. Y superamos el desastre sin enterarnos. Ese mismo año, Jacques Attali, antiguo asesor del presidente francés François Mitterrand, publicaba Milenio, donde anunciaba grandes cambios para el año 2000. Según Attali, EE. UU. y la URSS irían perdiendo su estatus de superpotencia para ser reemplazadas por Europa y Japón, mientras que China y la India lo tendrían difícil para superar su situación de pobreza. Solo un milagro lograría poner en el tablero mundial a esos dos países. Sin comentarios.

 

Ni los Premios Nobel de Economía están a salvo del bochorno. En 1997, cuando los países del este asiático estaban asfixiados por una crisis tremenda, el columnista de The New York Times y Nobel en 2008 Paul Krugman avisaba: si no se ponían las pilas, se enfrentarían a un escenario desolador. ¿La solución de Krugman? Control estricto de la moneda. Nadie le hizo caso y Asia regresó al Olimpo económico en menos de dos años.

 

Y qué decir de Irving Fisher cuando, ante un grupo de inversores preocupados, afirmó el 17 de octubre de 1929 : “La Bolsa seguirá siendo un buen negocio; al menos, en los próximos meses”. Todos sabemos qué sucedió la semana siguiente. O el legendario John Maynard Keynes: “No va a haber consecuencias serias en Gran Bretaña por lo que ha sucedido en Wall Street”. Al poco tiempo, el Reino Unido se hundía en la Gran Depresión.

 

Más información sobre el tema en el artículo Predicciones fallidas, escrito por Miguel Ángel Sabadell. Puedes leerlo en el número 412 de Muy Interesante.

 

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

 

Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Interesante en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

 

Etiquetas: cienciacuriosidadeshistoria

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar