Opio y leche para soportar la castración

Los operaban de adolescentes para que su voz sonara sobrenatural, exquisita y potente. Los castrados fueron los divos de la ópera, pero sin anestesia.

En el tiempo de mayor esplendor de los castrati (castrados, en italiano), durante los siglos XVII y XVIII, en pleno apogeo de la música barroca, la operación que se les practicaba entre los ocho y doce años no difería mucho de la que se ejecutaba en siglos anteriores y también en el XIX. A falta de anestesia, el médico, el barbero o un especialista espontáneo les administraba opio, que a veces resultaba letal, como así ocurría con el estrangulamiento momentáneo de la arteria carótida para inducir la pérdida de conciencia. Luego eran introducidos en un barreño de leche o agua calientes para mitigar el dolor. Este protocolo se daba cuando había cierto cuidado, porque en situaciones más precarias se les emborrachaba y se procedía a la amputación sin más. El objetivo de amputarles los testículos era que su voz no se volviera más grave al superar la pubertad y que mantuvieran simepre ese timbre casi sobreantural, entre la exquisitez femenina y la potencia masculina, que gustaba en la época barroca.

El italiano Farinelli (en la imagen) fue el más famoso de los castrati. Su nombre real era Carlo Broschi (1705-1782), y desde niño asombró por la belleza de su voz. Fue castrado a los 12 años, cuando la muerte de su padre dejó a la familia sin recursos y decidieron someterle a la operación para convertirle en figura de la ópera. Triunfó en toda Europa y llegó a vivir en España durante más de 20 años.

Cuando la operación se preparaba mejor, había tres opciones a seguir: cortar directamente los testículos, aplastarlos hasta producir necrosis o cortar los conductos que desembocan en ellos. De cualquier forma, el dolor posterior era espantoso y se alargaba semanas. La operación anulaba la producción de hormonas masculinas (testosterona) y de espermatozoides. Se frenaban así desarrollos como la aparición del vello y, sobre todo, de la laringe, que mantenía el tono vocal propio del niño, ampliado por la caja torácica que sí continuaba su crecimiento normal. De ahí la espectacularidad de sus voces dulces y, a la vez, muy potentes.

 

Más información en el reportaje La apoteosis de los castrati. Superestrellas de la música barroca, escrito por Miguel Mañueco. Puedes leerlo en el número 419 de Muy Interesante.

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

 Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Interesante en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

 

Etiquetas: adolescenciaanécdotas históricas

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar