Nieve de color sandía

En 1818, durante una expedición inglesa que tenía como misión la búsqueda del mítico paso del Noroeste –en el Ártico canadiense–, el capitán John Ross avistó trazas de color carmesí en la nieve de unos blancos acantilados en el cabo York, en la costa noroeste de Groenlandia. Las describió en su diario como “manchas de sangre”.

 

Varias décadas antes, en 1778, el geólogo suizo Horace Bénédict de Saussure se encontró con la nieve rosa, y llegó a la conclusión de que se debía a un hongo.

 

No estuvo del todo desencaminado, ya que algunas décadas más tarde se relacionó una pigmentación tan peculiar con la presencia del alga verde microscópica Chlamydomonas nivalis.

 

Con la llegada de la primavera, las colonias de estas algas, capaces de prosperar en las regiones polares, empiezan a expandirse con rapidez. Además de la verde clorofila, contienen un pigmento rojizo en su envoltura gelatinosa que las protege de la peligrosa radiación ultravioleta.

 

Esta es la razón de que la nieve aparezca teñida de rosa. Una de las zonas del mundo donde puede contemplarse todos los años son las cumbres de la Sierra Nevada californiana. Allí y en otras zonas montañosas de Estados Unidos, se refieren a ella como watermelon snow, ‘nieve de sandía’.

 

Más rarezas del tiempo en el reportajeLas mayores extravagancias del clima, escrito por José Miguel Viñas. Puedes leerlo en el número 400 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: curiosidadeshistoria

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