Negacionistas del cambio climático: ¿qué pasa con los ríos y el metano de Siberia?

La inmensa y fría región oriental de Rusia es uno de los escenarios que los negacionistas ponen de ejemplo para rebajar la importancia del cambio climático.

Siberia, la inmensa y gélida región oriental de Rusia, con sus 13,1 millones de km2 (veintiséis veces España), reclama la atención de quienes estudian el cambio climático por varias razones. Se trata de uno de los principales escenarios en los que se cruzan los negacionistas y los adaptacionistas: admitido que existe una alteración en el clima –sea de origen humano o natural– que conlleva un paulatino ascenso de las temperaturas en el planeta, hay que entenderlo como un cambio a mejor del que conviene aprovecharse.

 

Pero David Vieites, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, quien, junto con otros expertos de la Universidad de Vigo y la Universidad de California en Berkeley, ha participado en varios estudios sobre la adaptación de diversas especies de fauna a la subida de los termómetros, considera que defender esa adaptación como positiva cuando afecta a personas es “egoísta e inhumano”.

 

Así como en Europa y en otros países desarrollados pensamos en reconvertir nuestra agricultura –se habla de plantar vides en Inglaterra– gracias a que hace más calor, en otras partes del mundo se mueren de hambre por una acuciante sequía o a consecuencia de la crecida del mar, que anega tierras y casas.

 

La Organización Mundial de la Salud es uno de los organismos que alza la voz sobre los efectos perversos del calentamiento global para las personas. Sin embargo, los adaptacionistas miran para otro lado y se fijan en los estudios que pronostican que las zonas más habitadas y fértiles se trasladarán a latitudes septentrionales de Canadá y Rusia, particularmente a Siberia. Este vasto territorio podría dejar de ser una planicie yerma para convertirse en una zona productiva gracias al ascenso de las temperaturas, a un promedio de 3 ºC desde 1960.

 

Además, esto podría alargar los periodos de navegación por sus inmensos ríos, habitualmente congelados durante varios meses. No obstante, que ni siquiera en Siberia se salvan del lado negativo del cambio climático, ya que la liberación del metano atrapado bajo la capa helada del permafrost se puede convertir en una bomba de relojería.

 

De hecho, en 2014 se detectaron varios cráteres que, según el arqueólogo del Centro Científico de Estudios Árticos en Salekhard Andrei Plekhanov, están provocados por ese gas liberado por el creciente deshielo. Esta información la dio a conocer la revista Nature, que constataba que las concentraciones de metano en el aire superaban el 9,6 %, cuando lo habitual es el 0,000179 %, y se asocian con veranos anormalmente cálidos en 2012 y 2013.  

 

Más información en el reportaje Aquí no pasa nada. Negacionistas: la actividad humana no afecta al clima, escrito por Javier Rico. Puedes leerlo en el número 416 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: cambio climáticofuturonaturaleza

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